¿Deseas que tu hijo sea feliz?

Hijito de mi alma:

Durante mi embarazo me pregunté lo que más quiero para mi hijo. Su felicidad, fue la última respuesta. ¡Deseo que seas muy feliz, hijo mío!

Pedí papel y lápiz para decirte que:

¡Quiero que seas un niño feliz. Un joven alegre y, el día de mañana, un hombre bueno!

Yo aprendí que, la felicidad no está en las cosas materiales. Si bien son necesarias. No son suficientes. No alcanzan. Procura la prosperidad, pero no te quedes aferrado al dinero ni a lo material…

Busca oportunidades para hablar con Dios de tus asuntos. ¡Cuéntale tus problemas! ¡Háblale de tus ilusiones y de tus alegrías! Pídele que te ayude a realizar tus sueños. ¡Cuéntales tus penas! ¡Él siempre responde!

Procura estar al servicio de los demás. Piensa en ellos, antes de actuar. Al momento de saludar, de escuchar, de dar consejo… Presta atención a sus necesidades. Nunca olvides de dar las gracias a quienes te ayuden.

La felicidad está en el amar a los otros. Yo nunca dejé de amarte y, pesa mis dolores, me siento muy feliz. ¡Feliz de ser tu madre!

Abraza tu proyecto de vida. ¡No abandones nunca tus sueños! Debes aprender a perder el miedo al fracaso, al que dirán, al ridículo… A lo único que debes temer en esta vida, es a la posibilidad de no amar a nadie. ¡Huye del egoísmo!

Nunca dejes de hacer el bien, hijito. ¡Nunca!

Aférrate a la vida, como yo lo hago en estos momentos. No te dejes vencer por el desaliento. ¡Busca la manera de seguir adelante! Cueste lo que cueste, aunque sea con tu último aliento…

Si mis ojos no pueden verte… espero… guardes siempre este recuerdo contigo. Si algo me sucede en la operación, quiero que sepas que siempre estaré contigo: cuidándote, dándote mi cariño… Adiós, hijito mío.

Mamá Silvia

Esto dejó escrito una mamá que murió horas después de haber dado a luz a su primer y único hijo.

Aquella noche que la asistimos, con el Servicio Sacerdotal de Emergencia, no imaginé que sería el encargado de difundir este mensaje por el mundo, con la esperanza de que su hijo, algún día lo lea.

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Pablo Córdoba.


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Una señal del Cielo.

Ayer fue uno de esos días difíciles. Esos en los que uno cree que nada tiene sentido… que Dios no lo escucha y que se a olvidado de las preocupaciones de uno… ¡Tuve la clara sensación de que todos mis esfuerzos… no valían de nada!

¿Qué debía hacer? ¿Seguir escribiendo, publicando, difundiendo los mensajes o sería el momento de abandonar y pensar en otras cosas? ¿Me había quedado realmente sólo? ¿Dios se había desentendido de este proyecto? ¡Ya nadie lo tenía en cuenta!

Encontré una mail… que no había leído. Lo abrí y di con un testimonio de una persona que, pasando por un momento similar al mío, le había pedido a la Virgen una prueba… Una señal del Cielo, un guiño de ojos que, le hiciera saber que María la acompañaba. ¡Que no estaba sola!

No terminó de hacer su pedido, cuando vio la señal. La persona que la acompañaba, también la vio y sorprendida le comentó lo que estaba viendo…

-Es la señal que acabo de pedir a la Virgen. -Le dijo a modo de explicación.

Yo detuve por unos segundos la lectura del relato. Cerré los ojos y pedí una señal. Algo que me dijera que: No estaba solo… Que mi esfuerzo valía la pena… Que tenían sentido…

Terminé de leer el testimonio y regresé a mi trabajo.

Por la noche me dirigía con mi familia a visitar un familiar. Como si alguien guiara mi mano, encendí la radio del coche. Mis hijas que venían haciendo barullo, se quedaron en silencio:

En ese preciso momento una voz femenina decía:maria-fernanda.jpg

“Ahora vamos a compartir un cuento, de nuestro amigo, Pablo Córdoba, de su libro: ¡Sigue Remando!

Nos miramos con mi esposa sorprendidos y a la vez emocionados. Seguimos la lectura del cuento, en la voz de María Fernanda, que al finalizar leyó:

“El invierno guarda en su corazón las semillas de la primavera.
Si, en tu vida no hay inviernos, tampoco habrá flores nuevas”.

Después vino un tema musical.

Sentí un dulce calor recorrer todo mi cuerpo, como si fuera una caricia del Cielo. Un detalle de amor de María.

-Esta es la señal. -Le comenté emocionado a mi esposa. Y le conté lo que había vivido, horas atrás, en los momentos de desasosiego.

Llegamos a destino. Mis hijas volvieron al barullo. Mi esposa a su silencio, mientras yo, con los ojos humedecidos, daba gracias a mi Madre del Cielo, por este detalle de amor con el que me decía: ¡Sigue Remando! No bajes los brazos que estoy contigo… ¡Sigue Remando!

P/D: No cuento esto por vanidad. Ni para que vayas a pensar que soy un elegido. Lo cuento porque te puede pasar lo mismo. ¿Quién no necesita de un gesto, una caricia, una palabra de aliento?

Lo cuento, para que renueves tu confianza en María que, aunque no parezca, está cuidando de ti y de tus proyectos.

Si lo necesitas, pídele una señal, pero ojalá que no sea necesaria. Ojalá que tu fe sea mayor a la mía y, que tus fuerzas no decaigan para que puedas ¡Seguir Remando!

Un gran cariño a María Fernanda Maurutto y a todos los oyentes de “La Otra Orilla” el programa de la nochecita, de Radio María - Argentina.

Pablo Córdoba


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El secreto de la Sra. Wilde

Cuando viví en Alaska, conocí a una anciana, delgada de ojos celestes y pelo color nieve que, siempre tenía en su rostro una sonrisa. Una hermosa sonrisa.

Esta mujer vivía sola, en una casa pequeña, algo alejada de la ciudad.

A las limitaciones propias de su edad, había que sumarle las dificultades de la soledad y de un clima hostil.

Sus días eran monótonos, al parecer muy aburridos, pero sucedía todo lo contrario. Yo recuerdo a la Sra. Wilda como una mujer feliz. ¡Muy feliz!

En una de las lecciones del E-Curso: 5 Claves para ser Feliz, cuento cual es el secreto que mantenía siempre contenta a la Sra. Wilda.

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¡Te estaré esperando!


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