¿Cómo se llama tu Ángel Custodio?

Autor: Pablo Córdoba

–Estoy a tu disposición –me dijo mi ángel de la guarda. A la espera de que me pidas favores, para hacerlos de inmediato, siempre que sea lo que más te convenga.
–Bueno, muchas gracias. La verdad que tu presencia me tranquiliza. Está bueno. Pero quiero que todo esto se termine y que volvamos pronto a casa. Me siento solo y tengo miedo.
–Tranquilo que ya pasó el peligro. Aquí no hay a quién temerle. Además, no hay motivos para sentir soledad. Estás muy bien acompañado. Ya verás que no eres la única persona en este universo.
–¿De qué me estás hablando? Acabemos con la broma y volvamos, por favor. Como broma estuvo divertido. Ya fue suficiente. Quiero comprobar de una vez por todas que fue una pesadilla. ¡Quiero que termine todo esto! ¡Quiero irme a mi casa! –grité alarmado.
No me contestó. No entendía nada. ¿Cómo que me quedara tranquilo porque había pasado el peligro…?
No sé cuánto tiempo pasé pensando en lo que me había dicho el joven alado. Quién sabe si fue un día, un mes o un año entero. Había perdido la noción del tiempo. “Aquí no hay noción de nada, ni de tiempo ni de espacio –pensé”.

Tanto tú como yo tenemos un ángel de la guarda. Un compañero, que es mucho más inteligente que nosotros, que tiene la misión de protegernos; pero que no tiene nombre. Tendrás que dárselo. Elige tú el que quieras.
Recuerda que si bien puede leer lo que estás pensando, siempre es mejor que le hables con la boca.
Trátalo con toda confianza, como se trata a un amigo del alma. Cuéntale tus cosas, tus problemas y preocupaciones… lo que tengas ganas.
“¿Cómo sabré que me escucha?” –te preguntarás. Ya verás que, durante el día, él te irá haciendo pequeños favores. Suelen ser cosas sencillas: te despertará; te traerá buenos recuerdos y aquellas palabras que te falten en el examen…
Es un amigo incondicional que, Dios ha puesto para que te ayude en tus tareas diarias, pero fundamentalmente, para que no pierdas en tu camino de regreso al Reino.

Si deseas conoce más, puedes hacerlo consiguiendo el libro: “Mi Amigo con Alas, Para conocer sobre el ángel de la Guarda, de donde fue tomado este fragmento. Clic aquí

 

Ver artículo completo.


Hay 7 comentarios, te invito a opinar

Un ángel irá delante tuyo…

Autor: Pablo Córdoba

–Muchas gracias –me dijo amablemente, mi ángel de la guarda. Ya ves que siendo espíritu puedo tomar forma de materia, y ser, tal como tú quieres que sea. Pero no te confundas; no tengo cuerpo. A pesar de mi apariencia corporal sigo siendo un ser espiritual. En algunas ocasiones nos hacemos perceptibles a sus sentidos, para que ustedes puedan percibir nuestra presencia. Pero por lo general permanecemos ocultos.
“Yo no salía del asombro. Pensaba que aquella horrible pesadilla se estaba tornando un sueño de hadas. Pero no era un sueño. Allí estaba Manuel, tenía vida propia. Caminaba, volaba, sonreía, me miraba.
–Entonces es cierto: eres un ángel. Si hasta tienes alas –agregué seriamente. Y… ¿cómo debo…?
–¿Cómo debes tratarme? Así, como lo venís haciendo: con naturalidad. No te olvides de que soy tu amigo.
Para comunicarte conmigo es suficiente la palabra. Necesito que me hables usando los labios, aunque pueda leer tus pensamientos.
Lo más importante es que me trates como a un amigo del alma. Sin miedo ni formalidades, si soy ese amigo que siempre quisiste tener. El que no te pide nada a cambio, y está siempre dispuesto a ayudarte, a hacerte pequeños favores. Puedo despertarte a la mañana; ayudarte a encontrar lo extraviado; destrabar la llave; o llevar mensajes… entre tantas otras cosas.

Por momentos te cansa escuchar lo que dice el Catecismo de la Iglesia. No eres muy “católico” que digamos y preferís saber qué dice directamente Dios en la Biblia. Está muy bien. Veamos:
“Yo enviaré uno de mis ángeles delante de ti, para que te guíe y te proteja en el camino, hasta que llegues al lugar que he preparado para ti. Pórtate bien con él y hazle caso. No te resistas a él, porque no perdonará tus rebeliones, y porque lleva mi nombre. Pero si escuchas atentamente su voz y haces todo lo que yo te diga, seré enemigo de tus enemigos y adversario de tus adversarios. Mi ángel irá delante de ti…”, te dice Dios en el libro del Éxodo, en el capítulo 23, 20-24. ¿Qué me decís ahora?
Entonces, aprovecha esta oportunidad para comenzar a tratar a tu custodio. No esperes verlo; ni grandes manifestaciones luminosas, tendrás que buscarlo en los pequeños favores de la vida diaria.

Si quieres conocer el libro de donde fue extraído este texto, has cick aquí

 

Ver artículo completo.


Te invito a dejar tu opinión

¿Te gustaría zambullirte en un lago de ternura?

 

Autor: Pablo Córdoba

“Mis sentidos pidieron a gritos que alzara la frente para dejar descansar mis ojos en su mirada.
Esto fue lo que sucedió: por un instante vi la eternidad. Todo lo creado posó ante mi atónita mirada. Ángeles, demonios, hombres y mujeres. Vi el Universo y la muchedumbre alborotada.
Esto duró sólo un instante, (o quizás toda una vida). Aún hay cosas que no comprendo. Lo cierto es que, al comprobar que sus ojos estaban humedecidos, me conmoví hasta lo irresistible. Mi alma y mi corazón desbordaron y se fundieron en su ternura.
Jamás había experimentado algo semejante. Pensé que mi corazón estallaría en mil pedazos. Era tanto el amor, tanta la ternura, que creí que moriría de amor.
No sé qué pasó conmigo. No sé si dejé de existir; si desaparecí, o nací de nuevo… No sé. Sólo recuerdo que me entregué plenamente. Me fundí en su amor, como un niño se zambulle en un lago de ternura.

Pocas veces uno se siente de esa manera. Pocas veces se palpa tan de cerca su presencia. Pero si alguna vez lo has vivido, tal vez sea este el momento de tener un gesto de agradecimiento.
Y si nunca te sentiste de esa manera, te propongo que le pidas con el corazón que no te prive de su presencia. Pídele ese favor a tu ángel custodio y te lo concederá.
Te preguntarás: ¿dónde ocurren estos encuentros? ¿Será en el corazón donde uno se encuentra con Dios?
Sí, es en el corazón humano donde a diario ocurren estos milagros: en el corazón del hijo arrepentido que pide perdón y vuelve; del enfermo que es reconfortado; del joven que hace cima y toma decisiones correctas.
¿Pero qué hay que hacer?
Comienza por poner en manos de Dios todas tus miserias y tus faltas. Aunque te sientas desnudo, también te sentirás más liviano. Alza tu mirada cansada y busca los ojos del Señor; ya verás que, al encontrarse con ellos, tus ojos encontrarán consuelo.
¿Cuándo?
Ahora mismo. Cierra el libro, cierra los ojos… abrí tu corazón, entrégale al Padre tu alma… Pronto sentirás los pasos que se acercan; y al Dios de la ternura que te llama por tu nombre.

Si deseas conocer el libro de donde fue tomado este párrafo, has clic aquí

Ver artículo completo.


Hay un comentario, te invito a opinar

Sigue mirando »