¿Quieres sentir su presencia?

Autor: Pablo Córdoba

“Pasó el tiempo y yo seguía sin entender lo dicho por aquel joven de voz firme y serena: “no estás sólo en este universo”. Sinceramente, me costaba creerle. Si no había visto a nadie hasta ese momento.
Pero Manuel, -mi ángel Custodio, estaba en lo cierto. Como en tantas ocasiones, sus palabras eran certeras. De pronto, mis oídos fueron sorprendidos por otra voz que en un tono dulce y apacible me llamaba por mi nombre. Era una voz serena y tierna que, a medida que se acercaba, aplacaba en mi alma la calma.
Deslumbrado comprobé que la voz venía de un tierno anciano, quien, con sonrisa de niño y mirada paternal llegó hasta mi encuentro.
Yo me sentía desnudo, inseguro, perplejo. Quería huir de aquel momento, pero no pude. Su persona me conmovió de los pies a la cabeza. Todo mi ser quedó maravillado.
Al poco tiempo, su ternura había invadido mi alma por completo, y despertó en ella una sonrisa. Ya no me sentía desnudo ni avergonzado. Tampoco sentía miedo.
Sus afables movimientos habían colmado el encuentro de serenidad. Allí reinaba la calma, y mi corazón estaba tranquilo.

Para tener un encuentro con Dios, bastará con que cierres los ojos y respires despacio. Será suficiente con que te dejes acariciar por su mirada, para que tu corazón quede en calma.
Como en tantas ocasiones, en estos momentos, el Señor sale a tu encuentro. Viene a verte. Quizás te tome por sorpresa y sientas el cuerpo desnudo y mucha vergüenza. Pero no te sientas mal por eso.
Has el intento: Cierra los ojos, respira despacio. Deja que Dios te acaricie, y sentirás la brisa fresca que emana de su ternura; el calor de su mirada y la paz que transmite su sonrisa…

 

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