¿Te gustaría zambullirte en un lago de ternura?

Autor: Pablo Córdoba
“Mis sentidos pidieron a gritos que alzara la frente para dejar descansar mis ojos en su mirada.
Esto fue lo que sucedió: por un instante vi la eternidad. Todo lo creado posó ante mi atónita mirada. Ángeles, demonios, hombres y mujeres. Vi el Universo y la muchedumbre alborotada.
Esto duró sólo un instante, (o quizás toda una vida). Aún hay cosas que no comprendo. Lo cierto es que, al comprobar que sus ojos estaban humedecidos, me conmoví hasta lo irresistible. Mi alma y mi corazón desbordaron y se fundieron en su ternura.
Jamás había experimentado algo semejante. Pensé que mi corazón estallaría en mil pedazos. Era tanto el amor, tanta la ternura, que creí que moriría de amor.
No sé qué pasó conmigo. No sé si dejé de existir; si desaparecí, o nací de nuevo… No sé. Sólo recuerdo que me entregué plenamente. Me fundí en su amor, como un niño se zambulle en un lago de ternura.
Pocas veces uno se siente de esa manera. Pocas veces se palpa tan de cerca su presencia. Pero si alguna vez lo has vivido, tal vez sea este el momento de tener un gesto de agradecimiento.
Y si nunca te sentiste de esa manera, te propongo que le pidas con el corazón que no te prive de su presencia. Pídele ese favor a tu ángel custodio y te lo concederá.
Te preguntarás: ¿dónde ocurren estos encuentros? ¿Será en el corazón donde uno se encuentra con Dios?
Sí, es en el corazón humano donde a diario ocurren estos milagros: en el corazón del hijo arrepentido que pide perdón y vuelve; del enfermo que es reconfortado; del joven que hace cima y toma decisiones correctas.
¿Pero qué hay que hacer?
Comienza por poner en manos de Dios todas tus miserias y tus faltas. Aunque te sientas desnudo, también te sentirás más liviano. Alza tu mirada cansada y busca los ojos del Señor; ya verás que, al encontrarse con ellos, tus ojos encontrarán consuelo.
¿Cuándo?
Ahora mismo. Cierra el libro, cierra los ojos… abrí tu corazón, entrégale al Padre tu alma… Pronto sentirás los pasos que se acercan; y al Dios de la ternura que te llama por tu nombre.
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me gusto pero falto un poco
grasias