Ahora sabes donde buscarlo.
Autor: Pablo Córdoba
–Sigo sin entender por qué hizo eso -pregunté desconcertado.
–Cristo se enamoró de todos los hombres y no se quiso ir. Prefirió quedarse entre ustedes bajo la apariencia de un trocito de pan para que, teniéndolo entre tus manos y en tu boca, te atrevas a tratarlo, a convertirlo en tu alimento. De esa manera cualquiera puede llegar a hacerse una sola cosa con Él.
–¡Qué bárbaro! Un Dios que se mete dentro de una hostia y se deja comer –le confesé sorprendido.
–Y por amor se deja comer una y mil veces. En cada Misa vuelve a repetirse el milagro de la transubstanciación para que, en cada comunión, el hombre pueda verse fortalecido y divinizado con la hostia consagrada.
–¿Y eso qué es?
–Es una hostia en la que está Cristo presente. Un pedazo de pan sin levadura, que un sacerdote, en nombre de Cristo, la convierte en su Cuerpo y en su Sangre a través de las palabras de la consagración.
-Me cuesta creer que el sacerdote tenga tanto poder.
–No, no lo tiene –respondió la Fidelidad. Quien hace el milagro sigue siendo el Hijo de Dios, utilizando la voz y las manos del hombre que celebra la Misa.
–¿Eso significa que el milagro de la transus… se realiza en la Misa?
–Transubstanciación, con b en el medio… Se produce cuando el sacerdote eleva la hostia y el vino, y pronuncia las palabras que Cristo pronunció…
¿Querías encontrarlo? Allí está, en la Parroquia de tu barrio, en la Catedral de tu ciudad, en la Capilla del colegio, cerca de tu lugar de trabajo, repitiendo al alcance de tus ojos el milagro de la última cena. Está en ese sacerdote joven que tú conociste de niño, en ese viejo cansado y con mal aliento, en ese cura que también comete errores; pero que, cuando levanta la hostia para consagrarla, deja de ser él para decir: “Este es mi cuerpo y esta es mi sangre”. Usando la voz y las manos del sacerdote es el mismo Cristo quien realiza el milagro.
¿Querías encontrarlo? Ya sabés dónde está. Ve a buscarlo, que emocionado por tu presencia, se dejará encontrar. Pablo Córdoba.
Del ebook: Cristo quiere que lo beas (con b)
Colección: Parate y Pensá
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Sigamos con la “E”
Autor: Pablo Córdoba
–Es muy fácil de encontrarlo detrás de un pedacito de pan. ¿A cuál Papa se le ocurrió la idea? Me parece genial.
Ella sonrio y con tono amable me aclaró:
–A ninguno. No es otro “invento” de los curas. En la última cena, cuando la separación de los apóstoles parecía inevitable, Jesús hizo lo que ningún otro ser humano puede hacer: multiplicó su cuerpo en once pedazos de pan y se los entregó a sus discípulos. En su despedida no les dejó un símbolo ni un recuerdo; se entregó Él mismo. Él es el regalo, es el don y el donante. Se ocultó en un pedazo de pan para poder quedarse entre ustedes y estar alcance de todos.
–¿El qué está en la Hostia es otro Cristo?
–No. Es el mismo Cristo. El que nació de María, el que hizo milagros, curó enfermos y predicó; el que fue flagelado, crucificado y el que murió en la Cruz. El mismo, de cuyo costado brotó agua y sangre y que ahora se esconde en la Hostia, para que sea fácil de encontrar.
¿A quién no le gustaría encontrarse íntimamente con el Señor? Al menos por curiosidad, ¿verdad?
Tal vez te hubiera gustado ser un contemporáneo de Jesús, caminar a su lado, haber sido uno de sus amigos, uno de sus confidentes, o el preferido, como lo fue Juan en su tiempo.
Ambos sabemos que eso no es posible. Pero, ¿sabías que si bien no puedes caminar a su lado; Él puede caminar al lado tuyo? ¿Sabías que puedes hablarle y que te escucha? Mirálo que te mira, sonreíle que te devolverá la sonrisa.
¿Sabías que hace años que te está esperando para abrazarte y arroparte entre sus brazos? Te espera, te mira, te sonríe, te habla, te ama… ¿Qué esperás para tratarlo, mirarlo y dejarte mirar?
¿Esperar hasta la noche? No. Ahora mismo. Respira hondo, cierra los ojos y búscalo con el corazón, que Él saldrá a tu encuentro, y se dejará encontrar.
Haz silencio, respira tranquilo, sonreíle y lo verás sonreír. Y no te sorprendas: si tu corazón emocionado manda sacar algunas lágrimas hacia fuera; dejálas salir, que Cristo evitará que caigan al suelo. Pablo Córdoba.
Del e-book: Cristo quiero que lo beas (con b)
Coleción: Parate y Pensá
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Comencemos por la “B”

–¿Me podés explicar un poco eso del BEAS?
–Empecemos por la “B” larga: Buscar a Cristo.
–¿Dónde?
–Ve a buscar a Jesús sacramentado.
–¿Qué quiere decir sacramentado?
–Quiere decir que Cristo, a pesar de ser Dios, se rebajó por amor hasta hacerse uno de ustedes. “Bajó y abrazó y se dejó abrazar…”, tal como lo decía la canción que recordaste con tu ángel de la guarda.
–¿La del comienzo?
–Sí. Ese Dios, que se hizo niño, que predicó, que venció a la muerte y resucitó, vuelve a encarnarse en la Eucaristía. A eso se le llama Jesús Sacramentado. Signo visible, sensible y permanente, puesto a tu disposición y a la de todos los seres humanos, para que puedan tratar al Hijo de Dios personalmente. Siendo Dios se hizo hombre y, habiendo resucitado, se escondió detrás de un pedacito de pan y de un poco de vino para que lo puedas tener entre tus manos, tus labios y tu corazón.
–¿Cómo puede ser posible?
–Por el milagro de la transubstanciación, que consiste en la conversión de las sustancias del pan y del vino en cuerpo y sangre de Cristo. Algo que sólo Dios, para el que todo es posible, puede hacer. La hostia, ese pedacito de pan, y el vino mantienen la misma apariencia y la misma forma, pero ya no son pan y vino; sino, cuerpo y sangre de Cristo.
–Comprendo. Es algo simbólico. Algo que representa a Cristo, como el Papa…
–No. No es simbólico ni lo representa. En la Eucaristía, bajo las apariencia del pan y el vino, está Cristo realmente presente con su Cuerpo y su Sangre, su Alma y su Divinidad. Verdadero hombre y verdadero Dios vivo, pero sacramentado. Escondido…
Deberás buscar al Cristo resucitado. No, a un hombre de carne y hueso. Cristo es el mismo: ayer, hoy y siempre… Sólo que cambió de estado y ahora está Sacramentado.
Creías que estaba en la imagen del Templo y que el Sagrario no había nada. Parece que está crucificado, pero en realidad está en Sagrario, sacramentado y vivo.
¿No te terminas de convencer? Andá hasta una Iglesia, buscá el Sagrario y arrodilláte ante el Cristo Sacramentado. Hablále con el corazón. Vas a ver que te contesta. Haz la prueba. Pablo Córdoba.
Del e-book: Cristo quiere que lo beas (con b)
Colección Parate y Pensá
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