No quiero dejar de ser homosexual

Autor: Diego

mmmm…. Me he topado por casualidad con esta pagina y me ha sorprendido mucho las cosas que aquí se cuentan, sobre todo lo de la homosexualidad.

Yo soy homosexual y me siento bien por ello. No lo veo ni bien ni mal, soy así como mucha gente en todo el mundo. Todos somos diferentes unos de otros y no hay un ideal!! Yo no se muy bien en que creer por que con la de mentiras que ha divulgado la iglesia, incluso matado por salirse con la suya me parece un motivo por el cual desconfiar un poco.

Si bien, no digo que no exista algo superior a nosotros por que de algo hemos tenido que salir ,pura casualidad o por una mano divina. Pues bien, según la religión católica donde existe un dios que ama y perdona a todos, que creó todo esto por nosotros y que nos adora yo pienso que ama tanto igual a un homosexual como a un heterosexual por que al fin y al cavo somos personas y dios ama a todos por igual no? Si dios quiere que seamos felices, como no va a ver bien que una persona se sienta mas! feliz con una persona de su mismo sexo q con el sexo contrario… si eso es lo que le hace feliz pues a delante con ello… dios nos ama no?
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¿Eres el dueño de tu vida?

Autor:Pablo Córdoba

…Escribir tu nombre en el corazón de quien amas será uno de los gozos más intensos del alma – añadió el Amor–. Uno de los deleites que te hacen sentir que aún vives; que vale la pena hacer feliz a los demás.

Arriesgar el corazón es propio de las personas bien nacidas, los tibios no se animan a dar-se, a jugar-se, por miedo a sincerar el alma o a no ser correspondidos. Pobres ingenuos que ni siquiera imaginan que han nacido para perder su vida en este esfuerzo. Para eso está el hombre en la Tierra: ¡para dejar su vida en ella!

Cada uno debería dejar su huella. Un vestigio que demuestre que la vida no ha sido un desperdicio. Triste sería que, después de muerto, la placa en el cementerio diga: “Pasó por la Tierra sin dejar nada. Comió montones de alimento, respiró el aire que consume un cardumen de peces en diez años, tomó cantidad de agua; pero no sirvió para nada.”

–Eso fue lo que le ocurrió a mi alma por tenerle miedo al dolor: quedó sin ser gastada, nueva, sin estrenar. Jamás me jugué por nadie ni por nada. En esto, el reproche de la Felicidad fue certero: nunca me preocupé por los demás. Ni por mis padres, ni por mis hermanos, ni por mis amigos… Y ni hablar de los pobres… Te diría que ni a mi novia amé en serio. Pensaba que aún no era el momento, que faltaba mucho para mi hora… Tal vez por eso nunca volví a ser feliz. No sé, ¡que sé yo de todo esto!

Si eres una de esas personas que no se animan a dar-se o a jugar-se por miedo de sincerar el corazón, o por temor a no ser correspondido. Te invito a que, a partir de ahora mismo, dejes de serlo.
Tal vez fuiste engañado, varias veces defraudado. Probablemente tengas un listado largo de fracasos amorosos. Si es así, te propongo un desafío nuevo: que te entregues al Amor de los Amores. Él no defraudar. Siempre serás correspondido. Dios no se muda. Sólo Dios basta.
No te olvides de que has nacido para gastar tu vida en ese intento. Para eso nacimos, para eso vivimos y por eso morimos…

Del e-book: ¡Caminante hay Camino!
Colección: Parate y Pensá

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¿Vale la pena vivir de esta manera?

Autor: Pablo Córdoba

Hacía dos años que trabajaba en la compañía. Aún no me habían ascendido, el porcentaje de comisiones no era el que me habían prometido; pero no importaba: al menos ganaba un poco de dinero. Peor era la calle y la desocupación.

Me desempeñaba como productor de servicios en una multinacional, líder mundial, en no sé cuántos rubros, que daba ganancias por millones de dólares y que vaya a saber uno… en qué se gastaban. De todas maneras a mí eso no me importaba. No pensaba en esas cosas. Sabía que, si cumplía con las diez o doce horas de trabajo diarias, ganaba el dinero suficiente como para pagar las cuotas de la moto, la computadora, las vacaciones, el equipo de música; la ropa, las salidas, el celular, las tarjetas…

A fin de mes recibía un salario justo… Justo la cantidad de dinero que necesitaba para cubrir los gastos de una larga y feliz adolescencia. ¿Qué otra cosa podía esperar de mi trabajo? El trabajo sólo sirve para que uno se dé con la mayor cantidad de gustos posibles. Tampoco necesitaba de más dinero. Vivía en la casa de mis viejos, no pagaba impuestos, ni alquiler, ni gastos comunes. Tenía teléfono, agua caliente, televisión por cable y obra social.

Tampoco necesitaba ahorrar. ¿Guardar… yo? ¿Para qué? No estaba interesado en el matrimonio ni tampoco en comprometer mi dinero con algo que significara un beneficio para los demás. Trabajaba para cubrir mis gastos personales y nada más… ¿O eso no es, acaso, ganarse el pan con el sudor de la frente?

¿Vale la pena gastar la vida de esa manera? ¿Tiene sentido trabajar todo el día para pagar eternas cuotas de un poco de confort y comodidad?
¿No será que ese trabajo que comenzó siendo full time se haya convertido en full life y ahora, lejos de trabajar para vivir, estás viviendo para trabajar?¿De qué sirve el celular; si para pagarlo cediste el tiempo de estar con tu familia y con tus amigos? ¿De qué te sirve, si has perdido el tiempo para comunicarte con Dios?
Entiendo que vivas de esta manera, creyendo que vas a ser feliz; pero no te dejes engañar… La felicidad no está en el confort, en la comodidad, ni en el aparentar una felicidad que en realidad no existe.

Del libro: Apurado y Sin Tiempo

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