por Pablo Córdoba

Autor: Pablo Córdoba
–Ahora entiendo –hice una breve pausa y luego le propuse al Amor:
…Si yo te lo pido; ¿me harÃas un favor personal?: serÃas capaz de presentarte personalmente, explicándole que vas de parte mÃa, tomar su mano y decirle al oÃdo con la voz que del viento cuánto la quiero…
–No –me respondió el Amor en forma tajante–. No puedo creer que, después de todo lo dicho, me hagas esa propuesta. Únicamente a ti se te ocurre pensar que serÃa capaz de hacer semejante barbaridad. ¿En qué cabeza cabe un pensamiento tan audaz? ¿Cómo crees que aceptarÃa tomar tu lugar, nada más y nada menos que, para decirle que la amas?
–No es para que te enojes tanto.
–Motivos no me faltan… Ahora ven, acércate un poco. Te contaré un secreto para que entiendas por qué soy incapaz de hacer lo que me estás pidiendo. –y con la voz con la que canta el viento, recitó:
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No ha de existir
para el buen caballero
acto heroico más sincero
que aquél que surja del anhelo
de escribir su nombre
en el corazón de la que ama
Nadie puede ocupar tu lugar para decirle a esa persona especial que la amas. Deja a un lado tus excusas y no busques intermediarios. Tendrás que decÃrselo personalmente: escribirle una carta, enviarle un e-mail, hacer un llamado telefónico… regalarle flores…
Una vez allÃ, bastará un gesto, una sonrisa, una mirada para escribir tu nombre en el corazón de los que amas.
Te invito a que esta noche busques un crucifijo o una imagen de Cristo y que pongas tus ojos en su mirada. Luego los cierras, respira despacio y deja que en la intimidad Él pueda decirte que te ama.
Del e-book: ¡Caminante hay Camino!
Colección: Parate y Pensá
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