¿Vale la pena vivir de esta manera?

Autor: Pablo Córdoba

Hacía dos años que trabajaba en la compañía. Aún no me habían ascendido, el porcentaje de comisiones no era el que me habían prometido; pero no importaba: al menos ganaba un poco de dinero. Peor era la calle y la desocupación.

Me desempeñaba como productor de servicios en una multinacional, líder mundial, en no sé cuántos rubros, que daba ganancias por millones de dólares y que vaya a saber uno… en qué se gastaban. De todas maneras a mí eso no me importaba. No pensaba en esas cosas. Sabía que, si cumplía con las diez o doce horas de trabajo diarias, ganaba el dinero suficiente como para pagar las cuotas de la moto, la computadora, las vacaciones, el equipo de música; la ropa, las salidas, el celular, las tarjetas…

A fin de mes recibía un salario justo… Justo la cantidad de dinero que necesitaba para cubrir los gastos de una larga y feliz adolescencia. ¿Qué otra cosa podía esperar de mi trabajo? El trabajo sólo sirve para que uno se dé con la mayor cantidad de gustos posibles. Tampoco necesitaba de más dinero. Vivía en la casa de mis viejos, no pagaba impuestos, ni alquiler, ni gastos comunes. Tenía teléfono, agua caliente, televisión por cable y obra social.

Tampoco necesitaba ahorrar. ¿Guardar… yo? ¿Para qué? No estaba interesado en el matrimonio ni tampoco en comprometer mi dinero con algo que significara un beneficio para los demás. Trabajaba para cubrir mis gastos personales y nada más… ¿O eso no es, acaso, ganarse el pan con el sudor de la frente?

¿Vale la pena gastar la vida de esa manera? ¿Tiene sentido trabajar todo el día para pagar eternas cuotas de un poco de confort y comodidad?
¿No será que ese trabajo que comenzó siendo full time se haya convertido en full life y ahora, lejos de trabajar para vivir, estás viviendo para trabajar?¿De qué sirve el celular; si para pagarlo cediste el tiempo de estar con tu familia y con tus amigos? ¿De qué te sirve, si has perdido el tiempo para comunicarte con Dios?
Entiendo que vivas de esta manera, creyendo que vas a ser feliz; pero no te dejes engañar… La felicidad no está en el confort, en la comodidad, ni en el aparentar una felicidad que en realidad no existe.

Del libro: Apurado y Sin Tiempo

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La telaaraña de los por qué

Autor: Pablo Córdoba

¿Quién no se ha visto enredado en las telarañas de los POR QUÉ?: “Por qué no soy como todos, por qué a mí, por qué esto, por qué lo otro…”

Cuando rompas estas marañas, podrás ver los PARA QUÉ de los acontecimientos. De esa manera tu dolor encontrará sentido. Tus días descubrirán nuevos motivos para seguir viviendo; y tu espíritu las fuerzas suficientes para asumir dolores nuevos.

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Llamar las cosas por su nombre

Autor: Pablo Córdoba

–El hombre tiende naturalmente a vivir en matrimonio, a tener hijos y a formar una familia –dijo el bienaventurado con una sonrisa.
–Esto será para los católicos. Somos muchos los que preferimos… usted ya sabe, preferimos vivir…
–No, no, no. No es una cuestión exclusiva de los católicos ni de las personas que pertenecen a ciertas religiones. Es una cuestión estrictamente propia de la condición humana. De todo ser humano.
–Discúlpeme. Tengo poca fe y no entiendo lo que está diciendo –le dije para justificarme.
–Piénsalo que, de a poco, lo irás entendiendo porque ésta no es una cuestión de fe, sino de racionalidad. Al menos al comienzo. El hombre naturalmente tiende a unirse en matrimonio con una persona del otro sexo porque está hecho para vivir de ese modo. Así como los caballos fueron creados para vivir en manada, el hombre fue creado para vivir en matrimonio.
–Sé lo que quiere decirme. Pero hoy se vive de otra manera.
–No te confundas. Siempre existió el concubinato –me respondió y a continuación me explicó que concubinas son aquellas personas que viven “como si fueran un matrimonio”, sin estar casados. Fingen ser esposos, pero no lo son porque no se casaron.
–Ahora se les dice uniones de hecho o convivencia. Pero sigue siendo concubinato –explicó mi ángel custodio al bienaventurado.

Con cuanta facilidad cambiamos el nombre de las cosas y terminamos auto engañados. Convencidos de que estamos comiendo liebre, cuando en realidad estamos comiendo gato. Así llamamos autoestima a la soberbia; carácter fuerte, al capricho; amor propio, al egoísmo; prudencia, a la cobardía; a la mediocridad, humildad; y al concubinato, matrimonio.
No te dejes engañar. Ni te auto engañes cambiando el nombre de las cosas; por más que se parezcan, no es lo mismo estar casado que convivir en pareja.
No vengas a decir ahora que es una cuestión de fe o un invento de la Iglesia; porque es algo propio de tu naturaleza humana. Es la tendencia natural que sentimos todos los seres humanos, porque hemos sido creados para vivir de ese modo y no de otro.

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