El barrilete llegó al Cielo

En homenaje a: Gabriel Moyano
Autor: Pablo Córdoba

Otra vez la noticia me tomó por sorpresa, en el supermercado, entre las preocupaciones de la ofertas y la comparación de precios. La misma amiga que dos años atrás me daba la noticia de que Grabriel, tenía Leucemia, me decía ahora que había tenido una fuerte recaída.

Al día siguiente llamé a su casa. Efectivamente estaba grave. Me comuniqué con su mamá, quien aguardaba en la Terapia Intensiva; mientras pedían por la radio donantes de sangre para cubrir las necesidades de su hijo que, ya no podía respirar por sí solo.

Yo era conocido de sus padres. Amigo del niño. Tenía motivos para presentarme en ayunas y dejarme pinchar, pero la sorpresa la tuve, cuando en la espera conocí a personas que habían dejado de trabajar y, sin conocer ni al niño ni a su familia, se presentaron para donar de su tiempo y de su sangre.

Pude dialogar con Mercedes, su mamá. Estaba tranquila. Me comentó que, antes de que el niño pierda el conocimiento. Ella le dijo: Si tienes posibilidad de elegir, elige tranquilo, donde tú creas que te sentirás mejor. No te preocupes por nosotros ni por tu hermano.

La mamá y el propio niño sabían que muchos que ingresaban a la Terapia no volvían… Sabían a donde ingresaban…

Aquella noche, Grabriel hizo su elección de Vida y nuestro querido barrilete llegó al Cielo. La decisión quedó reflejada en su sonrisa, en su rostro sereno… No participé de su velorio. No pude ver su cuerpo. Por eso lo recuerdo con el pelo corto, su alegre sonrisa y ese voz de niño con que agradecía cada momento de nuestro paseo…

Esa tarde que compartimos, me fue suficiente para saber que el niño, sabía cual sería el desenlace de tantos esfuerzos… Pero en ningún momento bajó los brazos. Mientras estuvo internado, participó de la escuela del hospital. Hizo sus tareas, las cuentas y pintó todo los dibujos que llenaban de colores su vida y su cuaderno.

No recuerdo ni siquiera un bosquejo de quejas. Hubo juegos de los que, por su enfermedad, no pudo participar… En ningún momento se quejó. Se limitó a disfrutar y acompañar con una sonrisa a los niños “sanos” que podían jugar sin limitaciones físicas.

Gabriel siempre supo que se acercaba su partida y, se fue preparando para el encuentro con María, su Mamá del Cielo… Y tuvo la delicadeza, de esperar y preparar a sus padres para la despedida.

Dos meses antes de que el médico diera a conocer el diagnóstico de Leucemia. Hizo a sus padres un dibujo y les dejó por escrito este mensaje: Para que me recuerden toda sus vidas y decirles que los quiero mucho. Su hijo Gabriel Moyano, que los quiere mucho.

La única palabra que encontré cuando hablé con su mamá fue GRACIAS. Gracias por haberme permitido conocer a su hijo. Gracias, Gabriel por tu sonrisa, por la dulzura de tu mirada, por la ternura de tus palabras y, en particular, por tu paciencia. Y en particular, por todas tus enseñanzas. En nuestra amistad yo fui el adulto, pero tú el maestro.

Agradezco también a todos aquellos que en su momento acompañaron a Gabriel y a su familia con sus oraciones, con sus recuerdo. Gracias le digo de todo corazón, por permitirme compartir con Ustedes mi dolor y mi tristeza.

Espero algún día, reencontrarme con este barrilete de amor, en el Cielo.

Pablo Córdoba.

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¿Qué tiene que ver el amor, con la felicidad?

Autor: Pablo Córdoba

–¿Por qué el hombre se tiene que perfeccionar.
–En primer lugar –me respondió el Amor–, porque para eso fue creado.
–¡No me digas que no puede cometer errores! ¡Es imposible! –objeté.
–No. Es perfecto en cuanto a que está llamado a ser bueno. Fue creado para hacer el bien. En segundo término, pese a haber sido creado para la perfección, no fue creado de manera perfecta. Observándote, darás en la cuenta de que no eres perfecto –me dijo sonriendo.
–¡No te rías! Soy como soy.
Tengo mi carácter formado y no me interesa la perfección. Tampoco veo motivos para cambiar.
–No me burlo de tu condición humana. Me río por que dices que no tienes motivos para cambiar. En realidad… no necesitas motivos extraordinarios para hacerlo.
Es cometido de cada persona, terminar la obra que Dios dejó inconclusa, en ella.
–Eso quiere decir…
–…Que cada uno tiene que hacerse persona a sí mismo, que se tiene que perfeccionar hasta llegar a terminar la obra iniciada cuándo fue creado.
–¿Qué hay que hacer para perfeccionarse?
–Amar. Es el único modo que tienen el hombre para hacerse persona.
–No nos vayamos por las ramas. Estábamos hablando de la felicidad.
–No hemos cambiado el tema. Si quieres ser feliz; tienes que llegar a ser una persona buena.
–¿Buena? –dije asombrado.
–Sí. Por eso te aconsejo que no te preocupes tanto por ser feliz, como de ser buena persona. Inténtalo y encontrarás la felicidad que tanto buscas.

No es difícil darse cuenta de que no somos perfectos. Pero, paradójicamente, todos fuimos creados para alcanzar la perfección. Esto es lo mismo a decir que tú también estás llamado a la santidad; o sea, a perfeccionarte amando a los demás.
Es aquí donde las ambiciones de tu corazón, que late por ser feliz, se unen con el corazón de quien te creó para el amor. ¿Te das cuenta de la relación que existe entre felicidad y santidad?

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Primero fiel, luego feliz

Autor: Pablo Córdoba

–Aunque vivas en un mundo lleno de incertidumbre y de cambios, si quieres ser feliz; primero tendrás que ser fiel -me dijo la Fidelidad, en tono ameno.
–¿Fiel, yo? No. No nací para eso. Tampoco quiero vivir una vida heroica. Soy una persona común y corriente sin grandes virtudes… La fidelidad es…
–Es una virtud para todos. Para ser fiel no es necesario tener dinero, ni doble apellido, ni estudios especiales… Es la cualidad propia de quienes son constantes, de quienes perseveran en el cumplimiento de sus quehaceres y en la persecución de sus fines. La fidelidad es la fuerza que anima a quienes, pese a las dificultades y vicisitudes de la vida, son leales a sus sueños y aspiraciones.
–Es lo que te quería decir… Algo pasado de moda, cosa de otros tiempos… Las personas de ahora no tienen ideales, sueños, ni nada que se les parezca. Se vive el presente tal como se impone y se acabó el problema.
Las cosas se hacen como salen y, si no se hacen… se compran hechas. Hoy nadie es fiel a nada; no hay estabilidad. No se respeta la palabra, ni los compromisos. Ni siquiera los empleos son estables. Todos los matrimonios se separan, nadie se casa…
…Cuántos curas dejan las sotanas para irse con las mujeres de sus parroquias… Discúlpeme que te lo diga de una, pero la fidelidad está totalmente pasada de moda.
–Te estás equivocando. No está pasada de moda. Son muchas las personas que se esfuerzan por hacer con amor, de la mejor manera posible, sus tareas cotidianas.

Si quieres abandonar; estás a tiempo. Esto no es para cualquiera. Si no estás dispuesto a vivir la fidelidad; cierra el libro, deja tu historia personal y empieza a leer otra historia.
Esto no es para mediocres que permanecen de brazos cruzados, lamentando no poseer tal o cual virtud. Sino personas que están dispuestas a mejorarse a sí mismas, a ser perseverantes en sus quehaceres diarios y en la persecución de sus objetivos y metas.
¿O tú también piensas que la fidelidad está pasada de moda?

Pablo Córdoba.

 

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