Gracias, Juan Pablo
Como todos los días, por cuestiones laborales me contacto con Juan Carlos, vía Skype. Este sistema fantástico que permite comunicaciones de tipo telefónica pero a través de la computadora y por internet.
Uno, por lo general, habla con un micrófono y utiliza los parlantes del ordenado. Este amigo mío, trabaja en su casa, entonces, nuestras comunicaciones a veces, son escuchadas por su hijo de 10 años.
Ayer, este chiquilín, que algunas veces, escuchó nuestra comunicación, le preguntó a su papá por mi edad.
¿Qué extraño? -se dijo el padre. A lo que respondió con otra pregunta:
-¿Por qué me lo preguntas?
-Es que quiero saber, por que Pablo Córdoba, dice malas palabras.
Cuando Juan Carlos me lo comentó. Confieso que sentí mucha vergüenza. ¡Muchísima!
Yo no era consiente del daño que estaba causando a un niño, con mis malas palabras que, aunque son pocas, le llamaron mucho la atención a un niño.
Estoy en deuda con este niño a quien, sin saberlo, ofendí con mi vocabulario inadecuado. Le pedí disculpas a su papá y buscaré una oportunidad para disculparme con el pequeño
Un niño de sólo 10 años, me ha dado una GRAN LECCIÓN.
¿Cuántas veces uno hace cosas equivocadas sin reparar que, aunque para los ojos de los adultos son pequeñas, ante las almas puras como las de un niño, son grandotas?
Parece un detalle menor, pero no lo es. Debemos estar atentos… ¡Muy atentos! cuando actuamos delante de estos pequeños, por que es como si estuviéramos actuando delante del Señor…
Gracias, Juanpi, por tu lección. Dejo por escrito mi compromiso de erradicar esas malas palabras de mi vocabulario y la promesa de hacerte algún regalo en agradecimiento.
Pablo Córdoba.
Comentarios
Deja tu comentario



