Tengo mis hijas aún pequeñas y en invierno, por un motivo o por otro, debemos frecuentar seguido el hospital de la zona. Siempre dejo del auto en la misma ubicación y saludo a Romero. El cuidador de autos de esa calle.
Un hombre ya grande, robusto que goza de buena salud. Una persona sencilla, sin estudios ni posibilidad que se ha criado en la calle. La cosa es que del saludo pasamos a conversar de vez en cuando.
Comencé prestándole algunos libros de lectura sencilla para luego pasar a “Mi Cristo Roto” “Apurado y Sin Tiempo” y uno sobre las almas del purgatorio.
En uno de los últimos último encuentro le pregunté sobre qué tema deseaba leer. Le di algunas propuesta, pero ninguna logró convencerlo.
Sabe que, don Pablo, me dijo en tono sencillo. Quisiera algún librito de esos que sirven para aprender a rezar el Rosario.
Una persona sin formación religiosa, sin vida de piedad y sin embargo… su corazón quiere saber de Dios. Su corazón ya cansado de latir por amores de poca monta, pide latir por el Amor de los Amores.
Así que, en nuestro siguiente encuentro, le lleve un libro que le sirviera para aprender a rezar el Rosario. Muy agradecido, lo tomó en sus manos y llamó a su compañero de jornada para mostrarle el regalo.
No te cuento esto para que me tomes de ejemplo, por que sé que no lo soy. Te lo cuento para estés atento, porque algo está pasando. Hay una movida espiritual importante. Alguien está moviendo los corazones de todos.
Es la Virgen la que se está acercando a sus hijos. Ella está moviendo los corazones y nos invita a que seamos parte de esta movida espiritual.
Te cuento esto, por que sé que tú también tienes otras historias de vida diaria para compartir. Te lo cuento con la intensión de animarte a estar atentos, por que algo está pasando… y sería muy lindo que te sumes y te conviertas en protagonista.
Llegue mi cariño hasta tu corazón, Pablo Córdoba.



Quiero compartir algo que me pasó hace un par de años. La jefa de secretarias de mi trabajo me llamó urgente, lo cual acudí inmediatamente, cuando entro a su escritorio me solicita que cierre la puerta y con vos de cansada me solicita que le escuche uno de sus problemas. Mientras la escuchaba, me di cuenta que en toda su oficina no había ninguna estampita de la Virgen ni de Cristo. Se lo comento y me fui.
Cuando llego a mi oficina me doy cuenta que yo tampoco tenia nada y me dije en todo fuerte y firme, “LLEGO A CASA Y BUSCO UNA ESTAMPITA DE LA VIRGEN PARA MI OFICINA”.
Una vez en casa, mientras dejaba mi cartera vino gateando mi hijo mas chico de 4 años (discapacitado) con una estampita de la Virgen de Guadalupe, diciendo ¡¡mamé esto es para vos !!!yo asombrada le pregunto de donde la sacó y el contesta.. vení que te muestro de un libro, cuando veo el libro de donde mi hijo había arrancado con toda prolijidad la estampita ¡¡¡ERA LA BIBLIA !!!! el resto de la historia, se las dejo para que cada uno saque sus propias conclusiones.
pd: Llevé contenta a mi oficina aquella estampita y decidí que seria la Virgen viajera, que yo la regalaria a quien la necesitara y así fue, pasando de mano en mano, creo que actualmente mi estampita está en Catamarca. Gaby
Gracias, Gaby por tu comentario.
¿Te animas a compartir tu historia? No necesariamente debe ser grandilocuente.
Puede ser tan sencilla como la mía, como la de Gaby. Lo importante es que nos ayude a descubrir la presencia de María en nuestras vidas cotidianas.
Pablo Córdoba.