¿Tiene lugar en tu Lugar de trabajo?

Del libro: Apurado y Sin Tiempo
Autor: Pablo Córdoba
Colección: Parate y Pensá
“La verdad es que a mí también me gustaría amar a Dios y ser una persona más espiritual; pero no puedo. Trabajo todo el día. No tengo tiempo para pasar por la Iglesia a rezar. Termino el día agotado”. Estas suelen ser algunas de las excusas que usamos para decirle a Dios que no, que no nos moleste. “¡Por ahora no! No tengo tiempo para rezar…” –le decimos con nuestra mirada indiferente.
Para amar a Dios no se requiere de tiempo extra. No es necesario recitar oraciones de memoria ni pasar el día en la Iglesia. Cualquier trabajo honrado puede transformarse en oración. Trabajar con amor es orar. Estudiar a conciencia y a fondo es rezar. Toda actividad humana, que ha sido realizada pensando en los demás, se convierte en oración y por consiguiente, nos acerca más a Dios.
Tu lugar de trabajo, donde están tus compañeros, tus intereses y problemas, puede ser el lugar de encuentro cotidiano con ese Dios que te ama infinitamente y te espera.
En el medio del mundo, en la calle, en la oficina, en el taller, en la escuela, en el hospital, en el campo… en medio de las cosas materiales es allí donde podemos encontrarnos con nuestro Padre. Bastará con que tengas a mano un crucifijo, una imagen, que te recuerde a Cristo, para que con solo mirarla hagas oración.
“Dios les llama a servirle en y desde las tareas civiles, materiales, seculares de la vida humana: en un laboratorio, en el quirófano de un hospital, en el cuartel, en la cátedra universitaria, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia y en todo el inmenso panorama del trabajo, Dios nos espera cada día. Hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de ustedes descubrir… No hay otro camino: o sabemos encontrar en nuestra vida ordinaria al Señor, o no lo encontraremos nunca”. Escribió un gran hombre para abrirnos la mente.
¿No arde tu corazón al saber que Dios te está esperando en el lugar de trabajo, en la oficina, en el aula, en el mostrador, en tu casa…?
¿No te ilusiona pensar que, poniendo un poco de amor en tus tareas, podrás descubrir ese algo divino, escondido en los pequeños detalles de la tarea laboral? Para amar a Dios no hace falta tiempo extra. Tu actividad laboral puede convertirse en oración, en lugar sagrado, donde tu corazón se encuentre con Dios.
Del libro: Apurado y Sin Tiempo
Autor: Pablo Córdoba
Colección: Parate y Pensá
Quiero conocer más sobre este libro
Ver artículo completo.
Hay un comentario, te invito a opinar
Me dicen que me debo aceptar como homosexual. ¿Tú que dices?
Pregunta: David
Responde: Pablo Córdoba.
Aquí el dilema es que algunos no podemos aceptarnos como homosexuales. Otros deciden vivir plenamente su homosexualidad, pero que ocurre con los que queremos cambiar, con los que no deseamos ser homosexuales.
Yo fui víctima de constantes abusos desde mi niñez y prácticamente me resultó normal la homosexualidad. Y durante muchos años continué con lo mismo, teniendo sexo con hombres, ya con mi consentimiento. Pero me he dado cuenta que no es lo mio, mi gran anhelo es tener una familia y vivir en paz.
Tampoco critico a los que se siente bien así, inclusive tengo amigos gays. Pero yo no me acepto como soy, porque no soy feliz.
Visite un psicólogo y me dijo que lo único que podía hacer es que me acepte como soy, pero por sobre todas las cosas no lo acepto.
Y si necesito ayuda de personas que lo hayan superado, aunque muchos dicen que es imposible.
¿Tú qué me puedes decir? ¿Qué me aconsejas? ¿A tí qué te parece?
Ver artículo completo.Pablo Córdoba, Responde:
Estimado David:
Dices que te han aconsejado que lo mejor es “aceptar” la homosexualidad y continuar ejerciéndola, pero TÚ AFIRMAS que NO LA QUIERES ACEPTAR.
Yo te digo en primer lugar que ante todo, tú eres LIBRES y si deseas dejar de ejercer la homosexualidad, pues ADELANTE HAZLO CON TODA LIBERTAD: DEJA LA HOMOSEXUALIDAD.
Por otra parte te han dicho que lo mejores que te aceptes tal como eres. Yo te digo lo mismo, pero antes, veamos realmente cómo eres, ¿quién eres?
Tú eres un varón, un hombre. Así lo expresa tu cuerpo, tu voz, tus genitales, tu manera de entender el mundo, de comunicarte, de amar… de vivir en definitivas.
Un hombre que sufre por su comportamiento sexual. Un varón con un problema, que tiene un comportamiento sexual (la homosexualidad) que no es acorde a lo que eres: un hombre.En síntesis eres un hombre que tiene un conflicto en su comportamiento sexual.
Eres un hombre con una dificultad; y es verdad que Dios te acepta y te ama así.
Pero ante sus ojos hay algo que brilla más que todo lo que yo te he dicho: TU QUIERES CAMBIAR.
Quieres adaptar tu comportamiento sexual a tu condición de hombre para cumplir tu SUEÑO: tener una familia y vivir en paz, como tú dices.
Y Dios está dispuesto a ayudarte en ese cambio. Esta es la gran noticia. El principio de toda esperanza y la certeza de que podrás dejar tu comportamiento homosexual.
Por último, pides ayuda. Pues en este sitio hay muchas personas que te pueden ayudar, yo personalmente te sugiero que lo contactes a Maverik, él conoce tu problema y puede acompañarte, y que no dejes de visitar www.esposiblelaesperanza.com
Visita este sitio y cuanto antes comienza a hacer tu SUEÑO REALIDAD.
Te estaré acompañando con mi oración, Pablo Córdoba.
Hay 2 comentarios, te invito a opinar
El deportista y las hamburguesas
Pregunta: Federico
Responde: Pablo Córdoba
Soy muy creyente pero soy bisexual, este es el único aspecto de mi vida que va en contra de mis principios cristianos y he tenido relaciones homosexuales, muy pocas veces pero han influenciado para que me sigan atrayendo los hombres… Pero quiero dejar de hacerlo porque yo quiero tener una familia con esposa e hijos en mi futuro… ¿Que hago?
Pablo Córdoba, responde:
Estimado Federico:
Yo no te diré que tienes que hacer o dejar de hacer. Prefiero ayudarte a pensar para que tú encuentres tus respuestas, tomes tus decisiones y te pongas en condiciones de alcanzar tus sueño: “quiero tener una familia con esposa e hijos en mi futuro…”
Imagina que tienes un amigo a quien tú quieres mucho. Conoces su sueño: “ser un gran deportista, alcanzar medallas”. Tu amigo tiene grandes condiciones para alcanzar su sueño.
Dios le a provisto de todo lo que necesita para hacerlo. Posee los principios necesarios para lograrlo y está ya en la carrera deportista. Pero hay un “único aspecto de su vida que va en contra de sus principios” y amenaza con acabar con su carrera deportiva y su sueño.
Él esporádicamente se sale de su dieta y sede a la tentación de comer hamburguesas, papa fritas y coca-cola. Como a muchos otros jóvenes de su edad le gusta la comida rápida. Sabe que le hace mal, nota cuanto afecta su cuerpo y entorpece su carrera… pero igual sede a la tentación…
Te cuenta a ti, su problema. Dice que luego de sus “comilonas” se arrepiente, se siente muy mal, que quiere dejar de hacerlo… pero en realidad no está muy decidido: No sabe que hacer.
Tú y él saben que de continuar frecuentando los amigos con los que se sienta a comer… terminará perdiendo estado… sus marcas seguirán bajando y pronto quedará afuera de su sueño…
Una vez que no tenga motivos para cuidarse, pues se abandonará al placer de la comida y su sueño se habrá sido un lindo recuerdo. Algo que estuvo entre sus manos y que se dejo arrebatar.
Bueno, están a solas tú y tu amigo. Tus palabras y sus sueños, ¿qué le dirías?
Por mi parte si quieres aceptar un consejo, visita este link
Saludos a tu amigo deportista, Pablo Córdoba.
Ver artículo completo.
Hay un comentario, te invito a opinar

