¿Qué le digo a mi hermana?
Responde: Pablo Córdoba – Orientador Personal
Pablo:
Te felicito por tu página. La consulto seguido y siempre encuentro algo valioso para mi alma. ¡Gracias!
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Quiero hacerte esta consulta:
Mi hermana estaba embarazada de su primer hijo. Tenía seis meses de embarazo, cuando detectaron una malformación que llevó al bebe a la muerte. Mi hermana y su marido están destrozados y muy enojados con Dios. Lo culpan de lo sucedido y se sienten muy defraudados.
Yo no sé que decirles. ¿Podrías orientarme y ayudarme con unas palabras de aliento para ellos?
María Esther.
Ver artículo completo.Estimada María Esther:
Comprendo tu dolor y la inmensa tristeza de tu hermana y su esposo. Lo primero a tener presente es que Dios no los ha castigado, ni ha deseado, ni a provocado la muerte de su hijo.
La naturaleza tiene sus leyes y las cumple, en muchos casos, dañando a los seres humanos. De no ser así, en poco tiempo, el mundo dejaría de ser tal como lo conocemos.
No fue Dios quien introdujo las enfermedades ni la muerte en el mundo, sino el demonio. Luego los hombres nos encargamos de difundirlo por el mundo. Junto al demonio somos los culpables de las desgracias de los seres humanos. No Dios que es todo amor y bondad.
Gran parte de la tristeza que tienen en estos momentos es debido a que sus sueños se han derrumbado. Tenían sus espectativas, sus ilusiones, sus sueños con este hijo, pero la enfermedad, se los arrancó.
Saber que esos sueños buenos y legítimos no se cumplirán les causa tristeza, desolación y desesperanza. Esto es en gran medida el origen y la causa de tantos interrogantes sin respuestas.
Para superar esta situación tan dolorosa, hay una sola clave: la aceptación y la confianza. Aceptar que las cosas no saldrán como las habían planeado y confiar en que hay un SUEÑO MAYOR que algún día se cumplirá.
Aceptar y Confiar son las dos claves para superar este tipo de tristezas. Pero hay algo mejor aún y se lo debes decir a ellos:
Dios es el padre de todas las creaturas, también el padre de nuestros hijos. Nosotros somos padres adoptivos. Elegidos por Dios para llevar a cabo una importantísima misión: llevarlos de regreso a su Hogar.
Esa es la misión que todo padre debe cumplir: devolver sus hijos a Dios. Ayudarlos a llegar al Cielo. Quien no la cumpla pasará grandes tristezas y; quien cumpla con su misión conocerá la verdadera alegría.
¿Hay dolor mayor para una madre que el de no encontrarse con su hijo en la Eternidad? ¿Puede existir mayor alegría a la de vivir junto a hijo la felicidad eterna?
Tu hermana y su marido han cumplido con su misión y podrán gozar junto a su hijo de la dicha que no se acaba. Aquellos sueños desvanecidos darán lugar a una NUEVA ESPERANZA, la esperanza del GRAN REENCUENTRO en el Cielo.
Hoy sienten una profunda tristeza y es natural que así sea; pero la esperanza y la paz irán ganando poco a poco sus corazones por que han cumplido con la misión que les encomendó el Padre Eterno.
Háblales de la alegría del reencuentro, de la paz y el gozo que vivirán en aquellos momentos. Diles que esa dicha perdurará por siempre y que nadie se la podrá quitar.
Cuando estén a solas con tu hermana, cuéntale que cuando el corazón de un niño deja de latir en el vientre de su madre, sigue latiendo en el corazón de María.
INVÍTALA a CONOCER esta ORACIÓN
Pablo Córdoba - Orientador Personal
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Me quiero separar
Consulta: hombre de 40 años con problemas conyugales
Responde: Pablo Córdoba - Orientador Personal
Hola Pablo, te escribo por que estoy desesperado. No aguanto más. LLevo varios años de casado y tengo dos hijos.
También tengo una hija fuera de mi matrimonio. Pero ese no es el problema. El problema es que mi esposa desde hace varios meses, se le ha dado por la juerga. Sale de noche y a veces regresa ebria.
Sí, parece mentira pero cuando los niños duermen se levanta y se va por allí, según ella con amigas. Igual yo descubrí unos mensajes de textos en su celular de otro hombre.
Todo empezó cuando le conté que había conocido a mi hija. En ese momento ella lo aceptó sin mayores problemas, por que comprobó que todo sucedió antes de que nos casáramos, cuando éramos novios.
Como verás, mi matrimonio ya está arruinado. No siento nada por ella. No deseo tener relaciones sexuales. Yo quiero preguntarte: ¿Cuál es el límite? ¿Hasta cuándo tengo que aguantar que vuelva a casa ebria? ¿Debo poner una fecha para separarme o ya puedo hacerlo?
Ver artículo completo.
RESPUESTA de Pablo CórdobaEstimado amigo, agradezco tu confianza. En lugar de decirte, hasta dónde tienes que aguantar quiero ayudarte a reflexionar para que tú descubras el límite y establezcas una fecha para marcharte.
La causa del problema
El punto de partida, la punta del ovillo, está en las dos traiciones que le cometiste a tu esposa. La primera tu infidelidad durante el noviazgo de la cual se engendró tu hija. La segunda el engaño de no haberle dicho a tiempo que tenías una hija.
Ambos hechos lastimaron de manera cruel a tu esposa. Tal vez como eres hombre, no comprendas cuanto dolor causan estos hechos en la psicología y emotividad de una mujer. ¡No lo imaginas!
Cuando una mujer, recibe semejantes traiciones, por lo general da por finalizado el matrimonio. En mucho de los casos aparece el rencor, la sed de venganza y por último las infidelidades. Algunas veces abandona sus tareas como madre y ama del hogar.
El origen de todo está en tus pecados: infidelidad y engaño. Como reacción, ella dolida, se emborracha y es infiel. Como consecuencia de su comportamiento tú sufres desprecio y la amargura de sus infidelidades.
Las consecuenciasLas consecuencias de aquel pecado de juventud (infidelidad) y de haber negado la existencia de tu hija (engaño), afloran en tu matrimonio llenándolo de desdicha y aflicción. Eso es todo.
Si me preguntas cuando cesará esta pesadilla conyugal. Yo te respondo:
La soluciónDependerá en gran medida de la capacidad de perdón de tu esposa. Y de tu capacidad para ayudarle, con hechos de amor, a sanar sus dolencias. Solo cuando ella te perdone y sus heridas hayan dejado de sangrar tu matrimonio volverá a la serenidad. Antes no.
Te recuerdo:Salvo casos de violencia, donde tu vida corra peligro, deberás permanecer a su lado, por que el matrimonio no tiene fecha de vencimiento ni caduca en caso de infidelidad.
Nadie te obligó a contraer matrimonio. Fuiste tú quien, en libertad, se comprometió serle fiel, a amarla y respetarla, tanto en la prosperidad como en la adversidad, durante todo los días de tu vida.
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No dejarse vencer por ellas
Autor: Pablo Córdoba
Fuente: www.pablocordoba.com
“Hoy fue uno de esos días difíciles que amanecen con dificultades y problemas… Uno de esos días que uno quisiera saltear del almanaque.
Los problemas comenzaron a primera hora. A media mañana se sumó un conflicto comercial. El sistema de audio dejó de funcionar y para rematar: no conseguía el accesorio de la computadora.
Me di una última oportunidad e ingresé a un comercio, donde tal vez, podrían tener lo que buscaba.
Abrí la puerta, ingresé. El vendedor se acercó en su silla de ruedas, para preguntarme que necesitaba. Efectivamente tenía el repuesto.
Estreché su mano y le dije: ¡Lo felicito!
Se acomodó en su silla, mientras me preguntaba, por qué con una amplia sonrisa.
-Por todo lo que ha logrado… Lo reconozco por su silla de rueda, le dije apresuradamente. Fui cliente suyo, cuando apenas comenzó con su comercio…
-Hace más de diez años, me dijo con orgullo.
-No he tenido un buen día. En rigor de verdad, por problemas sin trascendencia, de poca monta. Asuntos cotidianos de la vida laboral… Pero que, por momentos, lo hacen a un pensar, en que todo es imposible.
“El repuesto quedó a un costado. Parecía no tener importancia… Se hizo un corto silencio.
-Acompáñeme. Quiero mostrarle algo -me dijo.
“Pasamos por un pasillo y llegamos a su oficina privada.
-Mire la fotografía del centro… La más importante de todas…
-Es Usted. Más jóven… En la puerta de su negocio -comenté, sorprendido.
-Fue el día en que inauguré. Estaba en sillas de ruedas y… para muchos era imposible que yo estuviera por comenzar un negocio en estas circunstancias… Y lo comencé.
Pero sabe una cosa… Nada, pero nada de lo que he logrado, hubiera sido posible sino hubiera confiado en Dios.
Sus palabras fueron como un baldazo de agua fría.
-Mire. Me dijo en tono amistoso. Aquí hay dos secretos:
El primero, “confiar en la Providencia”.
“Yo no salía del asombro. Pensé que me hablaría del orgullo, del amor propio, del tezón… De cualquier cosa, menos de Dios. ¿Estamos hablando de un negocio, no de asuntos religiosos?
-El segundo secreto es: “No dejarse vencer por las circunstancias”.
Entender que son pasajeras, que las cosas no siempre salen como uno las planea… Siempre ocurren imprevistos. Siempre hay dificultades… Problemas y más problemas. Circunstancias adversas.
La clave está en no dejarse vencer por ellas. Hay que ir más allá. Ver más allá del problema. Dejar de pensar en él, como si fuera lo más importante del día… Y volver a nuestra primer foto.
Lo hago cada vez que estoy frente a una situación adversa. Regreso a esta foto. Alguna vez me he quedado más de una hora… Otras veces he llorado como un niño, frente a ella.
Veo lo poco que tenía. Veo aquello que parecía un imposible y que hoy es una realidad. Veo todo lo que he logrado, con la ayuda de Dios… Y vuelvo a decir: ¡Confío en Tí, Señor! ¡En Tí confío!
Pongo las circunstancias en su lugar… y no me dejo vencer por ellas. Si no es hoy, las venceré mañana… Pero las venceré al fin y seguiré avanzando.
“Regresamos al salón. Tomé el repuesto y le dije:
-Vine por un repuesto de informática y me voy con un gran consejo de vida. No se imagina Usted, cuanto se lo agradezco.
La suya es una imposibilidad física. No tiene piernas, pero yo, muchas veces tengo una imposibilidad mayor:
“NO TENGO CONFIANZA EN DIOS y me dejo vencer por las CIRCUNSTANCIAS”.
Estreché otra vez su mano. Y de todo corazón, le di las GRACIAS.
P/D: Comento esto, para que, cuando tengas un mal día, recuerdes tu foto. Esa foto del comienzo y como hace este “gran titan de la vida: Confíes en Dios y no te dejes vencer por las circunstancias.
Dedicado de manera personal a Pablo Carreño, al Flaco Stochero y al Chupa Canavesio.
Pablo Córdoba.
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