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Pablo Córdoba, tu amigo escritor.
Pablo Córdoba, tu amigo escritor.

Reflexión: Relación con Dios

por Pablo Córdoba

No tengo tiempo

 

“Trabajo todo el día. No tengo tiempo para hacer reflexiones en mi trabajo. Menos para ir a la Iglesia a rezar…” Suelen ser algunas de las excusas que utilizamos para decirle a Dios que no. No me molestes.

“No tengo tiempo” –le decimos con indiferencia–. Tiempo tenemos, lo que no tenemos es deseos de dedicárselo a Dios.

Para tener una vida espiritual no se requiere de tiempo extra. No es necesario recitar oraciones de memoria ni pasarse el día en el Templo.

Rezar es hablar con Dios de tus cosas: de tus preocupaciones y problemas. Sobre tus miedos, tus contradicciones; pero también de tus logros, tus alegrías, de tu día a día, en otras palabras.

En cualquier situación laboral puedes establecer diálogo con Dios. Toda tarea honesta, ofrecida a Él, puede transformarse en oración. Trabajar con amor es un modo muy eficaz de orar.

Tu lugar de trabajo, donde están tus compañeros, tus aspiraciones, tus intereses y problemas, puede ser el lugar de encuentro con ese Dios que te ama infinitamente y te espera.

Estando en la calle, la oficina, el taller, la escuela, el hospital o en el campo… En medio de las ocupaciones diarias podemos encontrarnos con Cristo y hablar con el Amor de los amores, a solas.

Esto es solo un trocito, de mi libro: “Cómo darle Sentido a tu Vida” No imaginas cuanto aprenderás cuando lo leas todo. ¡Aprovéchalo!

Mira lo que han comentado.

  1. Por Pablo Córdoba
    El 29 de noviembre de 2005 a las 10:20

    Estimada Rosa:

    Gracias por tus palabras. Está muy bien que digas Basta a lo que te lastima, a lo que te ofende y te mantiene oprimida.

    Debes comprender que la Iglesia somos todos y que está compuesta por hombres pecadores, como tú y como yo.

    Yo sé que duelen las ofensas cuando vienen de nuestros hermanos o superiores católicos, pero, ¿quién te aseguró que ellos no se equivocarían?

    Te animo a que seas muy paciente y caritativa con ellos. No te dejes lastimar, pero tampoco los juzges ni los condenes por sus errores. Para que no caigas tú en lo mismo.

    Acude a Cristo, acude a María. Refúgiate en ellos. Busca en el ejemplo de los santos y agradece al Cielo esta oportunidad para crecer en paciencia y templanza.

    Nada de violencia ni de enojos. Sacúdete las sandalias y sigue tu camino siempre dentro de la Madre Iglesia. Deja que sólo Dios juzgue. Esa no es tarea nuestra.

    Y por favor, arriba el autoestima que Dios acompañará un corazón decidido a seguirlo como el tuyo.

    Un abrazo en Cristo, Pablo Córdoba.

  2. Por Pablo Córdoba
    El 2 de diciembre de 2005 a las 10:52

    Querida Silvia:

    No son solo palabras bonitas. Son palabras del corazón. De un corazón que fue lastimado por gente de la Iglesia y de los medios de comunicación católicos. Sé de qué estás hablando.

    Y yo, como otros miembros de la Iglesia, también cometo injusticias y lastimo a mis hermanos. Cosas que están muy mal. Por eso te pido que los comprendas, que piensen que la mayoría actúa desde la ignoracia o enceguecidos por una pisca de “poder”. O bien, desde el error de pensar que en la Iglesia hay privilegios y feligreses de segunda categoría… Y tantas otras miserias humanas más.

    He caído en el error de actuar con intolerancia ante las situaciones de injusticia que me tocaron vivir: No te lo recomiendo. Te recomiendo la comprensión y mucha paciencia.

    Conozco de cerca la tentación de abandonar la Iglesia. Razones humanas no me faltan: Me sobran. Pero seríamos yo y mi familia los más perjudicados. No es la Iglesia la que necesita de nosotros, sino nosotros, quienes necesitamos de Ella. Por eso te digo que no cometas el error de alejarte, aunque tengas motivos sobrados para hacerlo. No hay como estar en Casa.

    También conozco de las reacciones impulsivas nacidas del orgullo herido. Muchas veces he actuado por orgullo y no por amor. Ese es otro error muy común en estos casos. No te lo aconsejo.

    ¿Que sería de Pío, de Pablo, de Teresa o de Ignacio si no se hubieran quedado y soportado todo lo que soportaron por amor de Cristo? Sencillamente no serían San Pío, Santa Teresa ni San Ignacio…

    Humildad es la virtud que nos hace falta para permanecer en la Iglesia, por amor a Cristo. Humildad para reconocer en el otro nuestros errores y caridad, para revertir estas situaciones con nuestra vida. La única manera de cambiar la Iglesia es cambiarnos a nosotros mismos. Y esto sólo puede hacerse desde dentro.

    Por eso te pido que en tus oraciones pidas la virtud de la humildad también para mí, por que me hace mucha falta. Solo con la humildad de los grandes, piensa en Juan Pablo II, podremos hacer una Iglesia más humana y abierta para todos.

    Un abrazo fraterno, Pablo Córdoba.

  3. Por rosymar
    El 9 de diciembre de 2005 a las 14:09

    Hola, silvia espero que estes un poco mejor, me llamo mucho la atencion las inquietudes y problemas que planteas, dejame decirte que por experiencia propia, yo pensaba igual que tu con respecto a estar metidos en la iglesia, dandose golpes de pecho, como santos, y salir despues hablando pestes de todo el mundo, hiriendo sin medir a quien, y era algo que me dolia mucho, pero he aprendido algo , esas personas asi como yo tambien estamos en la iglesia no por santa, porque si fuese asi no tendria necesidad de estar en ella, si no por pecadora, cuando una persona busca la iglesia, es proque necesita de dios, porque necesita cambiar cosas de sus vida que la matan, (hipocresia, ingratitud, envidias, entre otras) y no cambian de la noche a la mañana es un proceso lento, por eso no debemos juzgar a esos santos cristianos del domingo como los llamas, yo he caido en eso tambien, y me he dado cuenta que asisto a la iglesia no por ellos sino por dios, y por el, seguire asistiendo duelale a quien le duela, porque no me alejare de el porque ellos asi lo queiran, quien me puede alejar de el es el mismo señor, y se que eso nunca lo hara, no te dejes influenciar por lo que te esta pasando, se que puede ser muy doloroso e incomodo para ti, pero ofrese ese dolor e incomodida a dios y sera mejor, pidele a dios mucha humildad, y no le pidas que cambie a las otras persona, no, pidele que te cambie a ti, a veces pensamos que los otros son los que estan equivocados, y estan actuando mal, y no vemos que los que debemos aceptar y cambiar somo nosotros mismo, cuando tu puedas vivir con eso que te mata en ese momento podras ser feliz, porque esa sera tu cruz, y cuando aprendas y puedas cargarla y no huir de ella ni tratar de cambiarla en ese momento seras una persona completamente feliz.
    espero puedan servirte mis palabras, que no son de una persona muy sabia ni nada de eso, es simplemente una mujer que muy humildemente te da su opinion basada en su experiencia personal.
    que la paz del señor este siempre contigo.

  4. Por silvia Rosa Gonzalez
    El 24 de julio de 2006 a las 21:23

    QUERIDO PABLO:
    Sabes una cosa?, he reflexionado y tienes razón, es el orgullo herido, te agradezco porque no me daba cuenta!!!.
    Además soy desagradecida, que eso es muy feo, porque cuando me dicen algo que no me gusta, allí salto, bueno, por lo visto, tengo mucho que limar todavía.MUCHAS GRACIAS, por abrirme el panorama.
    Trataré de ser humilde, agradecida, muy agradecida con todos los miembros de la Iglesia, y comprender que ellos también son seres humanos que tienen sus cruces , sus estados de ánimo, y no son perfectos, como tampoco tú y yo.
    Y que a veces tienen razón, si, soy orgullosa, aunque lo niegue o me cueste aceptarlo.
    Estoy leyendo un libro de Madre Teresa, y para entender a los pobres, se hizo pobre, sin nada, ponerse en su lugar, que mujer maravillosa.
    Un abrazo en Cristo Jesús.
    Silvia.

  5. Por silvia Rosa Gonzalez
    El 14 de agosto de 2006 a las 22:48

    ESTIMADO PABLO:
    He vuelto a Misa, y sabes una cosa??. sin Misa, aunque sea el domingo no puedo vivir, si estuviera más cerca de asa hiría más seguido, sobre todo la EUCARISTÍA, no puedo entender que Dios se dé en un pedacito de pan.
    Lo que hace mucho que no lo tenía, me vino como un temblor, dentro mío, de agradecimiento,

  6. Por silvia Rosa Gonzalez
    El 24 de octubre de 2006 a las 22:15

    QUERIDO PABLO:
    Sabes, dónde creo que me encuentro con Dios?, primero al verlo en la Eucaristía, cuando la veo me da como un temblor y me dan ganas de llorar, pero de emoción, ¿cómo es que tengo a Dios allí tan cerquita??, ofreciéndose??, ¡¡qué maravilla!! qué milagro. Y después cuando me encierro en mi habitación, allí pienso, rezo, es como si estuviera con ËL, va creo que de hecho está.
    En Padre Hurtado aprendimos tanto a amar la Eucaristía, que ahora sería imposible la vida sin ella.
    Se siente una paz.., he cambiado mucho, o me han hecho cambiar, antes era más violenta, peleadora,
    por ahí quería matar a medio mundo, la Eucaristía, me ha hecho más tranqui.
    Ahora estoy ayudando a mi hija con su hijito, creo que es por ahora mi misión.
    besos silvia.

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