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Pablo Córdoba, tu amigo escritor.
Pablo Córdoba, tu amigo escritor.

 

Es común escuchar a madres y a esposas quejarse de que nadie les ayuda en las tareas del hogar. Dicen que tienen que hacerlo todo solas, que están casadas de pedir ayuda y no ser escuchadas.

¿Qué sucede? ¿Por qué se quejan? ¿Acaso, no les corresponde a ellas hacerse cargo de los quehaceres domésticos por una cuestión de sexo o una especie de mandato divino o ley no escrita?

¿Queda el esposo liberado de esas tareas ya que trabaja fuera de casa?

Y los hijos qué, ¿no pueden ayudar?

He preparado el método cadenas de virtudes, precisamente para ayudarte a encontrar respuestas a estos interrogantes, pero sobre todo para que consigas que todos, incluido tu marido, colaboren y realicen las tareas del hogar.

Digo para que consigas, porque será la mujer la que debe ejercer el poder de persuadir, pero sobre todo de influir, sobre su esposo y sus hijos para conseguir y aquí viene la segunda idea: que entre todos realicen las tareas del hogar. ¡Todos!

¿Por qué no dije, conseguir que hijos y marido le ayuden en las tareas del hogar? Porque no se trata de que le ayuden a la mujer, sino que asuman la responsabilidad primaria de hacer las tareas y no de colaborar, como si no fuera también su responsabilidad.

A ver si me explico mejor. No se trata de ayudarle a la mujer, para que en definitivas, ella haga, sino de hacer, lo que a cada uno le corresponde hacer. A veces será colaborar y otras veces será hacer solo y bajo mi responsabilidad.

Un ejemplo

Tal vez con un ejemplo se entienda mejor, al hijo varón de diez años, a veces le tocará ayudar a mamá a preparar la comida y otras, será él y sólo él y bajo su responsabilidad tender su cama.

Suena muy bonito, pero no me ha dado resultado -podrá decirme alguna que ya lo ha intentado. “Mi marido dice que él viene agotado del trabajo y que no está dispuesto a seguir trabajando en casa”. Solo quiere ver televisión y descansar tranquilo. “Mis hijos, ya no me llevan el apunte. Yo doy las órdenes… y es como si nada, pareciera que les hablara a la pared”.

Más de una vez he escuchado comentarios como estos. Aunque parezca increíble es lo que está ocurriendo hoy en día en muchas de las familias, por la sencilla razón de que no están bien organizadas y que nadie manda en ellas.

Se escuchan gritos, amenazas, promesas… pero no hay autoridad, no hay actitud de servicio, ni educación en virtudes, no hay solidaridad, falta diálogo, porque -y esto lo digo con tristeza- no hay amor.

Para los hijos, en particular si son adolescentes, la familia son una especie de hotel y lo que es peor aún, muchas madres se comportan como si fueran las sirvientas en esos hoteles y algunos maridos, como los dueños.

La familia es una institución, una organización humana, muy distinta de lo que es un hotel o cualquier otra empresa. Por eso, cuando es regida como si fuera un hotel. No funciona, se hace disfuncional.

La familia, como toda institución humana, debe estar organizada adecuadamente para que pueda cumplir sus objetivos. Y, para estar organizada debe haber una jerarquía. Es decir alguien que la organice y que mande, que ejerza la autoridad. No como “el que impone” sino como el que sirve.

El dueño de un hotel, persigue objetivos económicos y en post de estos objetivos debe organizar su negocio. Hacer que funcione correctamente, que el cliente se sienta a gusto y vuelva. ¿Somos los padres acaso gerentes de hoteles? ¿Son nuestros hijos clientes a los que debemos manetener contentos, para que cuando sean mayores… “vuelvan”?

 

Cadenas de Virtudes

Un método para enseñar a hacer

Cadenas de Virtudes es un método sencillo pensado y diseñado para que los padres le enseñen a sus hijos a colaborar en casa.

Pero hay algo más interesante aún, algo que hace de este método una valiosa herramienta de formación para tus hijos. Porque a través de éste, les enseñarás a vivir algunas virtudes como: la generosidad, la laboriosidad, el amor a los padres, la alegría, el amor a uno mismo, la disciplina, la diligencia, la eficacia, obediencia, el orden, la perseverancia, la responsabilidad y la solidaridad, entre otras.

Bien aplicado es una manera efectiva de prepararlos para la vida.

Un modo práctico de enseñarles a amar. De prepararlos para la felicidad. Para que el día de mañana puedan ser felices.

Está basado en la idea de la cadena, una serie de eslabones enlazados entre sí.

Fue pensado para conseguir que ellos participen en la vida familiar, aprendan a trabaja y hagan su aporte al bien de todos.

Si es bien aplicado, sirve para enseñarles el verdadero sentido de la vida: el servicio.

Prepararlos para esta vida y la Vida Eterna. Si piensas que exagero, te invito a conocerlo.

Introducción al método

Hay tres conceptos, básicos, simples sobre los que se asienta el método, las tareas, las multi-tareas y los encargos.

Las tareas

Todos sabemos que, para que una familia funcione es necesario que ser realicen en la casa un sin número de trabajos como: barrer, quitar la basura, recoger la correspondencia, poner la mesa, hacer la comida, lavar la ropa…

Trabajos cortos, algunos muy sencillos otos más complejos, que deben cumplirse en un tiempo y de una manera determinada y que, por realizarse en casa, les podremos llamar tareas del hogar.

Si observamos con detenimiento algunas de estas tareas, por ejemplo quitar la basura, nos damos cuenta que las tareas están conformadas por acciones.

La tarea es una cadena de acciones vinculadas entre sí, con un objetivo final. Veamos este ejemplo:

Me dirijo al tacho de la basura, veo si la bolsa está repleta, si es así, debo anularla, quitarla y llevarla al cesto ubicado fuera de la casa.

Hay tareas muy simples como levantar una taza y llevarla a la bacha para que sea lavada y otras de mayor complejidad como arreglar una canilla que gotea.

Hay dos claves para enseñarles a hacer las tareas del hogar correctamente:

* Primero, mostrarles que la tarea está formada por acciones diferenciadas, pero unidas y vinculadas.

* En segundo lugar, enseñarles cómo se debe realizar cada una de esas acciones para que la terea se cumpla eficientemente.

Tanto en niños como en adolescentes, algunas veces, será necesario enseñar lo básico, como lo obvio.

Veamos otro ejemplo y vayamos practicando:

Imaginemos cuales serán las acciones que debería realizar un hijo si queremos que aprenda a recoger la correspondencia que llega a casa.

Ahora, pensemos en las palabras con las que se las enseñaremos.

Pensemos, también, en las virtudes que pueda aprender con ese trabajo. Por ejemplo:

Si les enseñamos a no dejar la ropa tirada y a guardarla en el cesto de la ropa para lavar, les estaremos enseñando la virtud del orden.

No se trata de hacer por ellos, sino de enseñarles a hacer.

El trabajo de los padres en las tareas es “enseñarles a hacer” y “acompañarlos” en ese aprendizaje. No como supervisores, sino como verdaderos maestros de la vida.

Puede que al comienzo tengamos que hacerlas nosotros solos del principio al fin. Será, entonces, ese hacer una oportunidad para enseñarles con el ejemplo. Si sabemos motivarlos, lograremos que se vayan involucrando, paulatinamente. Igual permaneceremos a su lado, hasta que puedan hacerla con autonomía.

Desde luego que cada logro, cada esfuerzo debe ir acompañado de muestras de aprobación y de cariño. Los besos, los abrazos, las palabras de felicitaciones nunca deben faltar.

Lo normal, como sucede en todo proceso de aprendizaje, es que haya tareas que les cueste realizarlas, que las abandonen a medio hacer o sencillamente no quieran hacerlas. Con la mejor sonrisa hay que insistir. Con firmeza, pero con dulzura, dentro del límite de nuestras paciencia.

Recordemos que los padres, por ser la autoridad en la familia, tienen el poder de sancionar y premiar. Pero la educación no puede reducirse solo a eso. El diálogo y la persuasión son las mejores herramientas para conseguir influir positivamente sobre sus voluntades.

Una vez que hayan aprendido ha realizar bien algunas tareas y estás estén consolidadas, iremos pensando tareas complementarias.

Así nos introducimos en el concepto de las multi-tareas.

Las multi-tareas

Siguiendo la idea de las cadenas, diremos que las multi-tareas son una sucesión de tareas, realizadas por una misma persona.Quitar la basura y de regreso, juntar la correspondencia. Otros ejemplos: verificar si hay agua en la jarra de la heladera y luego, en las cubeteras del freezer. Lavar la vajilla y después, guardarla en su lugar. Tender la cama y barrer la habitación. Prepararse el desayuno, recoger la vajilla al terminarlo y para finalizar lavarla.

Al igual que en las tareas, en las multitareas, a los padres les corresponde, enseñar, alentar, acompañar, “dejar hacer” y “exigir” que hagan todo lo que pueden hacer por sí mismos.

Según las posibilidades y las edades de cada hijo, se irán agregando o quitando multi-tareas.

La “flexibilidad” y el “espíritu deportivo” son esenciales para que este método funcione bien.

Siempre teniendo en cuenta que la importancia del método no radica en lo que hacen ni en cómo lo hacen, en lo que aprenden: las virtudes.


Motivación adecuada

Las palabras de aliento y de motivación son otro requisito para su buen funcionamiento, especialmente, con los adolescentes.

Debemos siempre educar en positivo, atentos a sus necesidades y de manera especial a sus talentos y capacidades para potenciarlos.

Educarles es ayudarles a crecer y se crece, sólo sacando lo mejor de uno mismo. Lo que los expertos llaman el perfeccionamiento.

Es fundamental que con palabras cordiales, los alentemos y los motivemos a vencer la tendencia a la comodidad, el egoísmo o la falta de ganas, tan propia de la adolescencia.

Tanto en niños como en adolescentes, decirles que uno los ama, no solo con palabras, sino también con hechos, genera los mejores resultados.El diálogo y el amor serán siempre la mejor fuente de motivación.

Con el fin de ayudarles en su perfeccionamiento se los puede premiar o castigar. Pero jamás desacreditarlos ni ofenderlos con apelativos ofensivos.

Así como las tareas se irán encadenando, debemos hacer lo mismo con las virtudes.

A la del orden, se le puede sumar la celeridad, es decir la capacidad de hacer las cosas sin demoras innecesarias. La de la eficacia para que aprendan ha hacerlas de la mejor manera posible. O la virtud del amor a los padres, para que, través de ella, descubrirán que nos están alivianándo nuestras tareas y haciéndonos la vidas más agradable.

Cuando ya estén habituados a las multi-tareas, se los puede iniciar, el la fase final del método.

Los encargos

Los encargos son una tarea o multi-tareas que tienen uno o dos responsables, pero además, tienen una particularidad: su realización benefician a todos.

Si hay un encargo, debe haber un encargado. Alguien que se haga cargo del encargo, si se me permite el juego de palabras.

Su beneficio es doble:

Perfeccionan y preparan para la vida al que los realiza; y favorecen y benefician a todos.

Los encargos deberán ser mayores, según las posibilidades y las edades de cada miembro…

Hacerse cargo de una zona de la casa, del jardín, de la limpieza del coche, colaborar en la elaboración de los alimentos, poner y levantar la mesa, lavar los platos, limpiar el comedor… Armar el listado de las compras, ayudar a realizarlas, bajar las bolsas del auto, ordenar lo comprado, son ejemplos de encargos.

No son un juego, sino un deber, una obligación. Una manera concreta de aportar al bien común familiar.

No pueden ser utilizados como castigo. Se los puede ir rotando o adaptando. Pero siempre deben tener uno o más responsables.

Su finalidad educativa es enseñar a nuestros hijos a servir, sirviendo.

Al igual que en las etapas anteriores, en esta también hay que mirarlos a los ojos y darles las gracias.

Felicitarlos, animarlos, con una nota, un abrazo, una carta, con paseo con exclusividad o en familia.

Celebrar los logros con detalles, algún regalo sorpresa, pero no quedarnos solo en los presentes materiales.

Son mucho más efectivos los espirituales, aquellos que quedarán por siempre en el corazón.

En síntesis:

La familia es el ámbito donde se educan nuestros hijos. Allí se los prepara para la vida.

Los padres, somos los responsables de esa maravillosa tarea.

Las tareas, las multi-tareas y los encargos, están para enseñarles a servir.

Es decir, a amar, dando lo mejor de sí para que quien esté más próximo, pueda vivir mejor.

Siendo la felicidad una consecuencia del amor, cuando ellos sirvan, la recibirán como recompensa.

Así, habrán aprendido en la familia, a ser felices.

¿Conoces, una herencia mayor para dejarles?

Habrán ganado en la valoración de sí mismo y en el aprecio de los demás.

Pero además, sentirán el gozo de la tarea bien realizada, del deber cumplido y la satisfacción de saberse capaces y responsables.

De este modo comenzarán a gozar ya en la tierra un anticipo de lo que será la Felicidad Eterna.

De continuar el camino del amor y del servicio, les será más sencillo, llegar al Cielo. Fin superior y misión más altruista, a que nos invita Dios a cumplir a los padres, por la sencilla razón, de haberles dado la vida.

 
 
Pablo Córdoba

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