¿Qué te detiene?

Autor: Pablo Córdoba

–Me cuesta creer en una institución en la que no hay democracia. ¿Por qué al Papa y a los Obispos no los elegimos entre todos? Seguro que debe haber tantos intereses y tanto dinero en juego…
–Eres libre de creer o dejar de creer en lo que quieras. Ya te expliqué que la
Iglesia no es del Papa ni de los curas. La Iglesia no es de los hombres; sino, de Dios. Y las autoridades de la Iglesia no pueden cambiar los aspectos divino de la institución. No tienen poder sobre ellos.

Y esto es así, sencillamente por que así lo quiso Cristo cuando fundó la Iglesia. Él determino
que hubiera una única autoridad suprema. Una sola persona que, después de estudiar y de asesorarse convenientemente, hablara en nombre de Él y con su misma autoridad. O sea: que lo representara y que gobernase en nombre suyo. ¿Te das cuenta por qué la Iglesia no puede ser democrática?
–No. No me doy cuenta -dije aún aferrado a mis ideas.
–Quien ejerce la autoridad, sea Papa u Obispo, no la ejerce en nombre del pueblo o de los fieles; sino en nombre de Jesucristo. La autoridad no representa al pueblo, sino a Cristo. Es Cristo quien la debe elegir y no el pueblo.
Esta es una de las diferencia que posee la Iglesia con el resto de las organizaciones terrenales. Es una sociedad de orden sobrenatural. Pero eso no es lo que importa… Lo importante es que Cristo la hizo para que el amor invisible de Dios se haga visible en ella. Por eso instituyó los Sacramentos.

–No me la hagas complicada -le dije ya abatido.
–Los Sacramentos son signos visibles. Ceremonias, que el hombre puede ver, oir, fotografiar, palpar con sus sentido. Signos en los que Dios se hace presente y toma parte en la vida de las personas. El Bautismo, la Confesión, la Eucaristía, la Confirmación, la Unción de los enfermos, el Orden Sacerdotal y el Matrimonio; son medios concretos que los hombres de cualquier condición tienen a mano, para estar cerca de Dios. Son los medios que cotidianamente utiliza el Señor de la historia para meterse en el corazón de los que ama.

¿Para qué hizo Cristo la Iglesia? ¿De quién es la Iglesia? ¿A quién representan el Papa, los obispos y los curas? ¿Por qué se administran los Sacramentos en nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo?
¿Cuáles son los siete Sacramentos? ¿Cuáles has recibido? ¿Tienes todos los que te corresponden o te estás privando de alguno? ¿Los aprovechas a fondo? ¿Qué impide que utilices estos medios divinos? ¿Qué te detiene?

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¿Por qué no te puede elegir a ti?

Autor: Pablo Córdoba

–Los administradores de la Iglesia son todos hombres. –me dijo la Fidelidad, luego continuó:
Pero ninguno de ellos es el dueño. Todos actúan en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La Iglesia es de Dios, que es el otro lado divino de esta organización terrenal. La Iglesia es el medio por el cual Dios puede llegar al hombre. Y lo que realmente importa es que Cristo así lo quiso.
–Puedo llegar a creer en Cristo, sin embargo, ¿por qué tengo que creer en lo que dice el Papa, los Obispos y los curas?
–Me parecía que era eso lo que te molestaba. ¡Cómo les cuesta aceptar ayuda a los seres humanos! …son tan orgullosos. El Papa, los Obispos y los Sacerdotes han recibido de Jesucristo “la misión de enseñar el Evangelio a todas las personas”, con el fin de que todos conozcan la fe y puedan entrar al Cielo. No se trata de un autoritarismo trasnochado y caprichoso; sino de un servicio que se ejerce en nombre de Cristo; con Él como máxima autoridad.
Sus explicaciones eran coherentes, convincentes, claras… pero yo no estaba dispuesto a reconocer mi debilidad y dejar al descubierto mi ceguera, así que le dije molesto:

–¿Quién es el sacerdote para meterse en la vida privada de uno?
–¿Meterse en tu vida privada? …El Sacerdote no está para incurrir en tus menudencias personales. No necesita meterse en tu intimidad. Está para formar tu conciencia. En esta labor, su consejo es una ayuda muy importante para reconocer lo que Dios te pide en las distintas circunstancias de la vida.
–¡¡Mirá si un sacerdote me va a venir a decir lo que tengo que hacer!!
–El consejo no elimina la responsabilidad personal. Siempre será la persona, desde su fuero íntimo, quien decidirá qué hacer. Nadie te quitará el derecho a no seguir su consejo.

“Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y el poder del infierno nada podrá contra ella”, dice Cristo en san Mateo 16, 17.
Si eligió a Pedro, que le falló tres veces, para administrar su Iglesia; ¿por qué no puede elegir a otro hombre, que también falla, para administrar el perdón de los pecados?
Si quiso que Pedro sea el primer Papa; ¿por qué no ha de elegirte a ti como sacerdote, como esposo o como religioso? ¿Por qué no puede elegirte para la santidad? ¿Por qué no?

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No me pidas que crea en la Iglesia

Autor: Pablo Córdoba

–¿Pedir perdón? ¿Te estás refiriendo a la confesión? ¡No, no, no! A mí no me pidas que me confiese con un cura. Creo en Dios, puedo llegar a creer en Cristo; pero no creo en la Iglesia -le dije algo molesto por su insinuación.

–Es incoherente lo que estás diciendo -me dijo en tono sereno. Si crees en Dios y en Jesucristo; ¿cómo haces para no creer en la Iglesia? No te entiendo. Dame una explicación.
–No sé. No tengo una explicación.
–La Iglesia es una institución fundada y organizada por Cristo. Él fue quien le comunicó a los apóstoles que iba a fundarla para enseñar a toda la gente el camino de la salvación.
Entre ambos se hizo un silencio.
–Si la hizo Cristo, que es tan poderoso y sabio como tú dices; ¿por qué no la hizo perfecta?
–Nadie sabe por qué la hizo de este modo. Ni siquiera se lo explicó a sus discípulos. Hasta el momento no se ha revelado el misterio íntimo de esta determinación de Dios.
–¿Al menos podemos saber para qué la hizo?
–Sí. Del mismo modo en que Dios se hizo hombre en Jesucristo y lo envió como intermediario visible entre Él y la humanidad; así también Cristo, antes de marcharse, quiso dejar una organización visible, formada por hombres y gobernada por éstos, para que sirviera de puente entre el Padre y sus hermanos.
–Estás diciendo que Cristo hizo la Iglesia, para…
–Para quedarse junto al hombre. Para poder estar codo a codo con nosotros, como puente de unión entre el Padre y sus hijos, a los que Cristo llama amigos.
–Me niego a creer en una institución llena de errores y defectos -insistí de modo caprichoso.
–Siempre han existido y seguirán existiendo errores en la Iglesia, ya que desde sus comienzos es administrada y dirigida por hombres… Pero eso no quiere decir…

Probablemente aún desconfías de la Iglesia y no sepas por qué. No importa.
Después de haber resucitado, Cristo reunió a los once discípulos. “Cuando vieron a Jesús, los discípulos se postraron ante Él, aunque algunos todavía desconfiaban. Entonces Jesús les dijo: Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos, en nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado” . Mateo 28, 16-20.
¿Puedes desconfiar de algún cura y, seguramente, tendrás motivos para hacerlo? ¿Pero desconfiar de la palabra de Cristo, es otra cosa? Admás… entre los discípulos también hubo algunos desconfiados, e igual Cristo los mandó a predicar su evangelio. Si en aquel tiempo, escogió a incrédulos… ¿qué te hace pensar que no te pida a tí lo mismo? Mira… si con el tiempo… tú también…


Del e-book: ¡Oler a Nuevo!
Colección: Parate y Pensá

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