Lo esencial es invisible
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Autor: Pablo Córdoba
Es tan inquietante el problema del desempleo que perdimos la capacidad de pensar en el trabajo por sí mismo. Pareciera que lo único significante es tener empleo. El trabajo propiamente dicho no parece un tema que nos interese, pese a que gastemos la vida trabajando.
Pasamos años preparándonos para obtener un título, pasamos meses buscando empleo o un puesto más visible en la empresa y de mayor valoración social, pasamos horas pensando en cómo ganar más dinero y nuevos clientes, o en cómo aumentar las ventas…
Sin dudas, el trabajo ocupa un lugar prioritario en nuestra vida. En la mayoría de los casos es el único medio de subsistencia y hace posible la manutención familiar. Pasamos gran parte de nuestro tiempo trabajando y, sin embargo, pocas veces pensamos en el modo en cómo trabajamos.
Generalmente lo valoramos como un medio para obtener beneficios económicos, lucimiento personal, consideración social, etcétera; creyendo que la felicidad está relacionada con factores y éxitos externos, especialmente de tipo económicos.
Es raro que nos pongamos a pensar en el trabajo como medio de realización y desarrollo personal. Con frecuencia terminamos trabajando en forma inhumana, de modo salvaje. Nos hemos olvidado de que el trabajo es la manera establecida por Dios para que el hombre sea dueño y señor del Universo. Para que descubra, perfeccione y utilice los recursos materiales en favor de su propia realización y en beneficio de la comunidad en la que está inserto.
El trabajo es además un servicio que debe servir para mejorar como personas a quien lo realiza y, a la vez, ayudar a mejorar otras personas. Es un camino hacia el perfeccionamiento de nuestra vocación humana… Un camino que el mismo Cristo desde el Evangelio nos invita a desandar, por que es camino de santidad.
¿No es acaso la tuya una manera inhumana de trabajar? ¿No te parece que es tiempo de cambiar? ¿Estarías dispuesto a sacrificar el lucimiento personal, el prestigio y los caprichos, para hacer que el trabajo te mejore como persona? Sólo así tu trabajo será un camino de realización personal. Un medio para que puedas alcanzar la plenitud humana. Tu camino de santidad, en otras palabras.
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El trabajo y el Amor

Autor: Pablo Córdoba
Cuando pensamos en nuestro trabajo, nos suele faltar iniciativa a la hora de encontrar los motivos para hacerlo mejor o para convertirlo en un servicio hacia los demás. Así perdemos la ocasión de desarrollar en el trabajo virtudes humanas como la honradez, la generosidad, la laboriosidad, el optimismo, la tenacidad…
¡Después nos quejamos de que en el mercado laboral no están dadas las condiciones para trabajar en modo digno y humano! Sin darnos cuenta de que es el hombre quien le otorga dignidad al trabajo, el cual se hace más humano cuanto mejor está acabado, con competencia técnica y profesional, con perfección humana y espíritu de servicio.
Toda labor se convierte, entonces, en ocasión de crecimiento personal, en vínculo de unión con los demás, en motivo de inserción social, en fuente de sustento familiar, en medio para el progreso de la comunidad. Trabajando de esta manera, el hombre puede vivir el gran privilegio de amar a los demás y trascender lo económico y mundano.
“El trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor”. Le devuelve al hombre el sentido de su existencia: amar a Dios y a los demás hombres. En este contexto, tu trabajo y el mío será tanto más digno, cuanto con más amor lo realicemos.
El amor, en lo más profundo de su naturaleza, implica un darse. Es salir de uno y darse al otro. El trabajo tiene que ver con el amor en la medida en que nos demos a los demás. Darse en el trabajo significa poner a disposición de los demás lo mejor que tenemos –dentro de nuestras limitaciones–, los mejores productos, el mejor servicio, la mejor atención. Significa pensar un poco más en los destinatarios, reflexionando ante todo en lo que ellos necesitan y esperan de nosotros.
¿No es acaso una manera de cumplir con el mandamiento del amor al prójimo? Entonces… Si fue Cristo quien lo dijo, ¿qué esperas para cambiar de actitud en tu trabajo?
Quizás hoy, en medio de tantas dificultades laborales, cueste entender al trabajo como un servicio dignificado por el amor, como un camino de salvación personal; pero no te dejes engañar: el trabajo tiene mucho que ver con el amor. ¡Mucho!
Quiero sentirme mejor en mi lugar de trabajo
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Y esto, ¿para qué me sirve?
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Autor: Pablo Córdoba
En la compañía, lo más importante eran las ventas. Había que vender, vender y vender.
Con tal objetivo, desde la casa central se capacitaba a los gerentes y team leaders en el dominio de las técnicas para manejar a los productores, asesores, o como quieran llamarles, en todo lo que sea ventas. El nombre era lo de menos, todos nos alistábamos como “vendedores contratados”.
La empresa prestaba servicios las veinticuatro horas del día y los siete días de la semana. No había domingos, feriados, ni día del trabajador. No éramos empleados; formábamos parte de la empresa sin pertenecer a ella, dependíamos de las ventas.
Era muy sencillo: al comienzo del período se establecían los objetivos de cada área. Todo se medía según resultados. El que no vendía ni producía lo planificado; no alcanzaba los objetivos y, tarde o temprano, quedaba en la calle.
Quedar en la calle es un modo de decir: ya para vender estábamos en la calle. Una vez despedido, el empleado dejaba de “pertenecer” a la prestigiosa compañía multinacional, se quedaba sin el pin y sin el logo, sin los cursos de capacitación en el exterior, sin las tarjeta personal, sin el viaje a las convenciones, sin la fiesta de fin de año… con el curriculum bajo el brazo y la carga social y familiar de ser un desocupado.
Si por alcanzar los objetivos de la empresa no estás alcanzando tus objetivos personales, tarde o temprano estarás en problemas.
Es imperante no perder el trabajo; pero hay otras cosas que estás perdiendo a cambio. ¿No es más preocupante haber perdido la fe, por ejemplo? ¿De qué te sirve comprar el mundo en cuotas, si a cambio te pierdes de vivir la verdadera felicidad?
“De que te sirve conquistar el mundo entero, si a cambio pierdes tu alma”, le decía Ignacio de Loyola a su amigo Francisco Javier, citando al Evangelio.
La situación económica y laboral del país es preocupante. El desempleo sigue creciendo y volver a la calle a buscar trabajo sería fatal. Pero es más tremendo que, en el atardecer de tu vida, te encuentres ante Dios con las manos vacías, desocupado de los problemas del prójimo y con la carpeta curricular de tu vida debajo del brazo.
Del libro: Apurado y Sin Tiempo
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