Dios no duerme siesta

Autor: Pablo Córdoba


Dios No es indiferente ante tus problemas y dolencias.
No es un anciano que pasea por los jardines eternos, sino un padre que interviene para que sus hijos se fortalezcan en la adversidad.

Vivimos convencidos de que es un dios lejano y que su paternidad es simbólica. Cuando en realidad es Dios y Padre al mismo tiempo; y, estando a tu lado, también está en el Cielo.

Debemos tratarlo como un niño que, de noche, le pide a su padre que deje la luz prendida; que busca su mano cuando ladran los perros. ¿Qué te hace pensar que es capaz de negarte su luz y consuelo?

Haz el intento: dile que tienes miedo. Reconoce tu debilidad y recuérdale que solo no puedes hacerlo …y verás, que sin ruidos de palabras, encenderá la luz de tu alma, acercará su mano y te dará Su consuelo.

Dios no es un relojero que hizo andar el Mundo y se acostó a dormir la siesta. ¡Ése no es el Dios que por amor hizo el Universo y que envió su Hijo a la Tierra!

Necesito palabras que me ayuden a sentirme mejor

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Una mamá protestona

Una mamá joven entró a su casa protestando:

–No pude ver nada. ¡Siempre lo mismo! Pedí permiso en el trabajo para ir al acto de mi hija y no pude verla actuar.

Llegué cinco minutos tarde y no vi nada. Además, nunca falta una mamá “fotógrafa” que parada en el pasillo tapa a los demás.

–¿Pero la nena te vio? –preguntó la abuela desde la cocina.

–Sí. Se puso muy contenta de verme –respondió la madre, más tranquila.

–Eso es lo importante. Lo importante es que ella te vea a vos. Su felicidad es lo que importa –le dijo la nona a modo de lección.

En esos momentos entró Carina de sala de cuatro disfrazada y le dio un beso a su abuela que la recibió con un dulce abrazo.

–Lo importante es que ella esté feliz –se dijo la mamá en voz baja.

Había aprendido la lección.
Emocionada se abrazó a las dos mientras una lágrima de felicidad corría por su mejilla.

Pablo Córdoba

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¿Por qué se llama así mi colegio?

La familia tenía un lugar especial en la Escuela. Inclusive se la celebraba con un gran almuerzo a la canasta.

Los abuelos iban a contar cuentos y los padres participaban de una hora de juegos para celebrar su día con sus hijos en la escuela.

Las madres se encargaban de organizar la quermés anual, de adornar la capilla y de organizar la fiesta para el día del maestro.

Después de todo, no hacían más que cumplir con el estatuto del colegio y honrar su nombre: “Sagrada Familia”.

Pero murió el rector y el joven director al poco tiempo convocó a una reunión de padres y les consultó qué deseaban cambiar de la institución.

Entonces, una mujer joven recientemente separada de su marido, propuso no celebrar más el día del padre para evitar que su hija sufriera.

Otra que prefería atender su negocio pidió sacar la quermés para que su hijo dejara de reclamarle mayor participación.

No faltó un papá evangélico que pidió se suspendieran las Misas, por que eso era discriminatorio para sus hijos.

Y, una mamá pidió que los niños no corrieran más el patio, para que su hija paralítica no sufriera al verlos correr…

Yo, que no puedo cerrar el consultorio ni por un instante, propongo que prohíban a los padres ir a buscar a sus hijos… De ese modo los míos…

Sabiendo que siempre al comienzo se ofrece resistencia a los cambios, el director ordenó implementar los cambios de inmediato.

Los abuelos no volvieron a la escuela. Nadie corría en los recreos. La quermés no volvió a funcionar y transformaron la Capilla en una moderna sala de convenciones que nadie usaba.

Pasaron los años y, cuando un alumno preguntó por qué se llamaba así su colegio, ningún adulto supo que contestar.

Pablo Córdoba.

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