6 Reflexiones Cortas - Una Semana Santa Distinta

“¿Te ha sucedido alguna vez que, al sentarte a la mesa, has caído en la cuenta de que es Noche Buena o Domingo de Resurrección?”

A mí sí me ocurrió y me arrepiento de haberlo permitido.

Motivos, razones, excusas… Cientos.

Que el trabajo, que los chicos, la casa, los compromisos, las ventas, que esto, que lo otro… Lo cierto es que Cristo, clavado en la Cruz y yo, comparando precios de los conejos y huevos de chocolate, en el supermercado.

Él, camino al Calvario, por tus pecados y por los míos… Y yo… camino a un fin de semana largo, aprovechando el feriado de Semana Santa. Eso sí, en familia y el domingo, al medio día… a Misa. ¡Nunca falto a Misa de Resurrección!

No estoy en contra de los conejos de chocolates, ni de los huevos de pascua. Mucho menos de los momentos agradables junto a la familia, pero… ¿No te gustaría pasar una Semana Santa, distinta?

Ir más allá. ¡Darle un matiz diferente! ¡Un brillo nuevo!

Una Semana Santa donde tu corazón cansado pueda descansar. Donde puedas dialogar con Cristo. Puedas contarle de tus cosas, tus preocupaciones, tus problemas…

Mi nombre es Pablo Córdoba. Soy escritor. He preparado estás 6 Reflexiones para que puedas vivir una Semana Santa Distinta.

6 Reflexiones Cortas que podrás compartirlas con tu esposo/a, con tus hijos… Con tus amigos de la Parroquia, del grupo de oración, el grupo juvenil, tus alumnos… Con quien creas que está necesitado paz en su corazón.

Todo está preparado, para que las recibas, completamente gratis, en tu casilla de correos. Las leas en tu ordenador, las imprimas y las lleves a donde vayas.
No sea que en esta Semana Santa, te pierdas algo importante, por estar buscando precios en las góndolas, como me ocurrió a mí.

Suscríbete ahora, y recibe gratis las 6 Reflexiones Cortas para que puedas vivir esa Semana Santa distinta que, tu corazón está añorando.

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Basta de quejas, ¡marioneta!

Hay situaciones en la vida que son inevitables y otras que no se pueden modificar. Entonces, ¿para qué continuar con las quejas?:

“Si no me hubiera accidentado… Si tuviera empleo… Si fuese sano… Si no estuviera en silla de ruedas…” ¡Basta de vueltas! ¡Cansas a todos con tus quejas!

Si quieres puedes conocer el libro al que pertenece esta reflexión ¡Seguí Remando! Hasta superar el Dolor

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Llamar las cosas por su nombre

Autor: Pablo Córdoba

–El hombre tiende naturalmente a vivir en matrimonio, a tener hijos y a formar una familia –dijo el bienaventurado con una sonrisa.
–Esto será para los católicos. Somos muchos los que preferimos… usted ya sabe, preferimos vivir…
–No, no, no. No es una cuestión exclusiva de los católicos ni de las personas que pertenecen a ciertas religiones. Es una cuestión estrictamente propia de la condición humana. De todo ser humano.
–Discúlpeme. Tengo poca fe y no entiendo lo que está diciendo –le dije para justificarme.
–Piénsalo que, de a poco, lo irás entendiendo porque ésta no es una cuestión de fe, sino de racionalidad. Al menos al comienzo. El hombre naturalmente tiende a unirse en matrimonio con una persona del otro sexo porque está hecho para vivir de ese modo. Así como los caballos fueron creados para vivir en manada, el hombre fue creado para vivir en matrimonio.
–Sé lo que quiere decirme. Pero hoy se vive de otra manera.
–No te confundas. Siempre existió el concubinato –me respondió y a continuación me explicó que concubinas son aquellas personas que viven “como si fueran un matrimonio”, sin estar casados. Fingen ser esposos, pero no lo son porque no se casaron.
–Ahora se les dice uniones de hecho o convivencia. Pero sigue siendo concubinato –explicó mi ángel custodio al bienaventurado.

Con cuanta facilidad cambiamos el nombre de las cosas y terminamos auto engañados. Convencidos de que estamos comiendo liebre, cuando en realidad estamos comiendo gato. Así llamamos autoestima a la soberbia; carácter fuerte, al capricho; amor propio, al egoísmo; prudencia, a la cobardía; a la mediocridad, humildad; y al concubinato, matrimonio.
No te dejes engañar. Ni te auto engañes cambiando el nombre de las cosas; por más que se parezcan, no es lo mismo estar casado que convivir en pareja.
No vengas a decir ahora que es una cuestión de fe o un invento de la Iglesia; porque es algo propio de tu naturaleza humana. Es la tendencia natural que sentimos todos los seres humanos, porque hemos sido creados para vivir de ese modo y no de otro.

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