Un nuevo concepto de amor
Autor: Pablo Córdoba
Después de despedirme de la Felicidad, y ya que ella había sacado el tema, se me ocurrió preguntar si era cierto que el Amor existía. A esa altura del partido tenía todo por ganar y poco por perder. Así que junté valor y comencé a gritar solicitando su presencia.
–Aquí estoy –me respondió una voz firme y varonil–. No es necesario que sigas gritando. Siempre pensaste que hablando fuerte los demás te entenderían mejor. No es la manera de comunicarse. Ahora guarda silencio y, al menos por esta vez, escúchame, por favor.
Después del papelón que había pasado frente a la Felicidad, predispuse el corazón y lo escuché.
–En primer lugar quiero decirte que, pese a que en el mundo moderno poco y nada se habla sobre mi existencia, el amor existe.
–No esperaba que apareciera. Todos dicen que cuando se lo busca, usted nunca aparece.
–La gente dice muchas tonterías sobre mi… Pero ahora no quiero que hablemos de eso. Demasiados dolores de cabeza tengo a causa de sus habladurías. Y, por favor, te pido que no me trates de usted.
–De acuerdo –respondí más distendido.
Es probable que después de varias decepciones amorosas estés convencido de que el amor no existe.
Tal vez sólo ha quedado un recuerdo adolescente de aquel sentimiento enamoradizo. Y ahora, el amor te resulta una pasión vinculada con el erotismo, una adrenalina emocional que aparece y desaparece como por arte de magia, sin explicación…
Quizás te parezca afeminado o infantil hablar del amor. Seguramente te resulte más fácil hablar de fútbol, de moda o de economía. Hay muchas personas que les causa vergüenza tocar este tema.
Si es así te pregunto, ¿no te parece que ya es tiempo de dejar de creer que el amor es una mezcla afectiva de sentimientos y adrenalina?
Te invito a abandonar esos conceptos y abrir tu mente y tu corazón a una definición más madura y verdadera. Por que el amor no es un sentimiento pasajero; sino una entrega que perdura a través del tiempo.
Del e-book: ¡Encontré lo que buscaba!
Coleción Parate y Pensá
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¿Será que yo nunca he amado?

Autor: Pablo Córdoba
–No hace falta que recuerdes lo que se comentan de mí -me dijo el Amor, en tono serio. Conozco perfectamente que en los tiempos modernos soy un sentimiento de poca importancia. Pero eso no es lo peor. Lo que más me duele y desagrada –agregó con una leve sonrisa– es ver que anden proclamando por ahí que “el amor ha muerto”. ¡Eso no es cierto!
–No te enojes con él –interrumpió mi ángel de la guarda–. Al pobre le ocurrió lo que a tantas otras personas que, por buscar la felicidad en forma exagerada, no te han tenido en cuenta.
–No sólo que no me han tenido en cuenta, sino que se han empecinado en concebirme como ese sentimentalismo romántico y hollywoodesco, que llaman enamoramiento. El amor, ni siquiera en sus facetas más románticas, se parece a lo que muestran esas películas taquilleras.
–No todos piensan de esa manera.
–Lo sé –me respondió–. También están quienes se conforman con repetir que amar es: “dar sin mirar a quién”. Sin embargo, el amor es mucho más que dar desinteresadamente: amar es “dar-se”. Es salirse de uno mismo por el bien de los otros; aunque esto duela.
Amar es hacer cosas buenas por los otros. Es buscar su bienestar ayudándoles a ser felices. Es entregarse; pero no “sin mirar a quién”, sino todo lo contrario. De forma personalizada, mirando a los ojos, para ver al otro, en toda su dignidad y grandeza.
Si eso es amar. La verdad es que yo no me tomo al amor en serio ya que, por lo general, estoy más pendiente de mi felicidad, que de la felicidad de los demás.
¿Cuál será la diferencia entre dar y darme? ¿Qué debe hacer uno, que convive con padres y hermanos, para darse? ¿Qué, el que está casado y tiene hijos? ¿Qué, el soltero?
Hacemos muchas cosas por los demás: les damos todo lo que podemos… pero sin mirar a los ojos. Entonces, debemos aceptar que no estamos amando como deberíamos hacerlo. ¿O será que nunca hemos amado?
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¿De qué estás hablando, Whily?

Autor: Pablo Córdoba
–No has escuchado lo que vengo diciendo. No tenemos tiempo para pensar en el amor. Nosotros queremos ser felices. ¿Eres ciego, o te haces? -le dije al Amor.
–Los ciegos son ustedes -me respondió.
–¿Por qué?
–No se dan cuenta de que el amor es el camino para alcanzar la perfección.
–No dije que los hombres busquemos la perfección. Buscamos la FELICIDAD. Queremos ser FELICES. No, perfectos. Eso de la perfección no nos importa para nada –le expliqué.
–Así que quieren ser felices pero no quieren ser perfectos -dijo soltando una corta carcajada.
No les interesa alcanzar la plenitud personal. Tampoco están dispuestos a amar fuera del contexto de esa sensiblería erótica… ¡Están liquidados! Lamento decirlo, pero no quiero que además digan que el Amor es mudo.
–No quiero seguir hablando de algo que no conozco qué significa.
–Perfeccionar quiere decir acabar algo completamente, dándole el mayor grado posible de bondad o excelencia. En el caso de las personas, hay que hablar de bondad.
Perfeccionarse significa hacerse bueno; y el único modo de hacerse bueno es amando. La persona se perfecciona en la medida en que hace el bien a los demás.
-¿Qué tiene que tiene que ver la perfección con el amor? Estábamos hablando del amor…
–Mucho -respondió pacientemente y sin quitar la sonrisa de su rostro.
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Amar es hacer el bien a los demás. Por otro lado podemos decir que, para perfeccionarse hay que hacer el bien a los demás. En este sentido: perfeccionarse y amar es una misma cosa. Del e-book: ¡Encontré lo que buscaba! |


