Un profesional de éxito, frustrado

Autor: Pablo Córdoba
Categoría: Matrimonios en Crisis

Fuimos compañeros de la escuela primaria y, pese al tiempo transcurrido se mantiene una cariñosa amistad. Nos encontramos en la puerta de la entidad financiera. Hoy es el gerente de una de la áreas del banco.

-Llevo un tiempo separado de mi esposa -me dijo cuando le pregunté por su familia. Mis hijos están con ella. Los veo poco. “He cambiado calidad por cantidad”.

Yo no salía del asombro. Un hombre que lo tenía todo: esposa, hijos sanos, una bonita casa y un auto moderno… y ahora no tenía nada.

-No es por justificarme pero, a los profesionales de tiempo completo nos pasa lo mismo: nos quedamos sin familia.

-¿Pero estás loco? ¡Serás un profesional frustrado! -le dije con tono de preocupación.

-No puedo hacer otra cosa. Mi esposa se deprimió. Luego me pidió que me fuera de casa. Asegura que no me quiere más… ¿Qué más puedo hacer?

-Puedes recuperar tu esposa, tu matrimonio, tus hijos… tu familia.

-Hice todo lo que pude. Hice terapia. Bajé quince kilos… pero ya estoy mejor. rento un apartamento y llevo los niños a la escuela. ¡Estoy mejor!

-Yo ayudo a otros esposo en situación similar a recuperar sus matrimonios. ¡Es posible! ¡Esas situaciones tienen solución! ¡Muchos lo han logrado!

-Es tarde -me dijo en tono de sentencia. Estoy por iniciar los trámites de divorcio…

-¿Por qué?

-Por que debo cambiar el automóvil -fue su respuesta-. Ante la que yo me quedé sin palabras… ¿Romper el matrimonio, para vender el coche?

Tengo la esperanza de que mi amigo visite mi página y se encuentre con tu testimonio, con tus palabras de aliento, con tu compromiso de oración. Por eso subo este post con mucha esperanza y mucha ilusión y te invito a opinar.

Pablo Córdoba.

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El hombre que se quedó sin tiempo

Autor: Pablo Córdoba
Categoría: Matrimonios en Crisis

Era un buen hombre. Serio, responsable y con ideales. Estaba casado, tenía dos hijos. Era ejecutivo en una importante empresa internacional, donde había ingresado como pasante.

Por su cargo no cumplía horario dentro de la empresa, pero por sus obligaciones solía estar siempre a primera hora y nunca llegaba a casa antes de la cena.

Después del trabajo seguían las actividades. Los lunes entrenaba en un gimnasio cerca de su casa. Los martes cursaba un postgrado en la Universidad de la ciudad.

Los jueves tenía una cita sagrada: se reunía a con sus amigos a comer, tomar unos vinos y conversar de manera distendida. Los viernes, solía volver a casa “temprano”.

No tenía tiempo para asistir a las reuniones de su hijos del colegio, mucho menos para llevarlos al médico o al dentista. Le resultaba imposible acompañarlos a un cumpleaños o ayudarle con las tareas.

El joven entusiasta que trece años atrás había dicho Sí en el Altar por que quería formar una familia, amar a su esposa, tener hijos y ser feliz… Se había convertido en el hombre que se quedó sin tiempo.

Sin tiempo para la esposa, para los hijos… para la familia. Un buen díatambién se quedó sin trabajo.

Cuando quiso regresar a casa y encontrar consuelo descubrió que, además de quedarse sin tiempo, se había quedado sin esposa, sin hijos y sin familia.

Pablo Córdoba.

P.D. Si tienes alguna sugerencia para hacerle al hombre que se quedó sin tiempo, puedes dejarla en comentarios.

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La viuda que no era viuda

Autor: Pablo Córdoba
Charla: Convivencia Matrimonios Fasta.

Un día un hombre fue convocado a la guerra y tuvo que abandonar su esposa y sus tres hijos por varios años.

Los primeros meses fueron muy duros para la mujer que debió hacerse carg o sola de los hijos, pero poco a poco se fue adaptando y acostumbrando a la ausencia.

La mujer descubrió que no era tan complicado hacer reparar el automóvil y los artefactos del hogar a medida que se iban descomponiendo.

Ya no tenía con quien platicar sobre la crianza de los niños y sobre las dificultades en la escuela y en su trabajo, por eso acudió a sus amigas.

Pidió ayuda a su madre y esta se la brindó gustosamente. Se hicieron muy amigas: juntas organizaban las fiestas de cumpleaños y demás eventos familiares. Entre la madre y las amigas, ya no le quedaba tiempo de echar de menos a su esposo

Un buen día el esposo regresó de la guerra.

La mujer acostumbrada a resolver todos los asuntos sola, ya no recurría a su esposo como antes. Esté comenzó a pasar cada vez más tiempo en el sillón y más horas frente al televisor.

Entonces ella actuaba como si el esposo hubiera muerto en la guerra, cuando en realidad estaba viendo televisión.

Las cuestiones más complicadas los seguía resolviendo con su psicólogo y, las cuestiones domésticas con la madre. Todo siguió como antes.

Te cuento esto con la intensión de ayudarte a pensar en TU MATRIMONIO.

Si eres esposa, no te comportes como la viuda que no era viuda. Si eres el esposo, recuerda antes de encender el televisor, que vuelves del trabajo, no de la guerra.


Pablo Córdoba
- Orientador Personal

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