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Pablo Córdoba, tu amigo escritor.
Pablo Córdoba, tu amigo escritor.

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Para Salir de Uno Mismo

por Pablo Córdoba | 10 Comentario

Es un Mensaje de Esperanzas. Un manojo de palabras entremezcladas con una bella melodía.

Un audio donde lo importante no son mis palabras sino lo que ellas puedan despertar en tu interior.

Un grato momento de reflexión.

Espero pronto estés invitando a tus amigos a compartir este Mensaje de Esperanza.

Ayer fue uno de esos días difíciles. Esos en los que uno cree que nada tiene sentido… que Dios no lo escucha y que se a olvidado de las preocupaciones de uno… ¡Tuve la clara sensación de que todos mis esfuerzos… no valían de nada!

¿Qué debía hacer? ¿Seguir escribiendo, publicando, difundiendo los mensajes o sería el momento de abandonar y pensar en otras cosas? ¿Me había quedado realmente sólo? ¿Dios se había desentendido de este proyecto? ¡Ya nadie lo tenía en cuenta!

Encontré una mail… que no había leído. Lo abrí y di con un testimonio de una persona que, pasando por un momento similar al mío, le había pedido a la Virgen una prueba… Una señal del Cielo, un guiño de ojos que, le hiciera saber que María la acompañaba. ¡Que no estaba sola!

No terminó de hacer su pedido, cuando vio la señal. La persona que la acompañaba, también la vio y sorprendida le comentó lo que estaba viendo…

-Es la señal que acabo de pedir a la Virgen. -Le dijo a modo de explicación.

Yo detuve por unos segundos la lectura del relato. Cerré los ojos y pedí una señal. Algo que me dijera que: No estaba solo… Que mi esfuerzo valía la pena… Que tenían sentido…

Terminé de leer el testimonio y regresé a mi trabajo.

Por la noche me dirigía con mi familia a visitar un familiar. Como si alguien guiara mi mano, encendí la radio del coche. Mis hijas que venían haciendo barullo, se quedaron en silencio:

En ese preciso momento una voz femenina decía:maria-fernanda.jpg

“Ahora vamos a compartir un cuento, de nuestro amigo, Pablo Córdoba, de su libro: ¡Sigue Remando!

Nos miramos con mi esposa sorprendidos y a la vez emocionados. Seguimos la lectura del cuento, en la voz de María Fernanda, que al finalizar leyó:

“El invierno guarda en su corazón las semillas de la primavera.
Si, en tu vida no hay inviernos, tampoco habrá flores nuevas”.

Después vino un tema musical.

Sentí un dulce calor recorrer todo mi cuerpo, como si fuera una caricia del Cielo. Un detalle de amor de María.

-Esta es la señal. -Le comenté emocionado a mi esposa. Y le conté lo que había vivido, horas atrás, en los momentos de desasosiego.

Llegamos a destino. Mis hijas volvieron al barullo. Mi esposa a su silencio, mientras yo, con los ojos humedecidos, daba gracias a mi Madre del Cielo, por este detalle de amor con el que me decía: ¡Sigue Remando! No bajes los brazos que estoy contigo… ¡Sigue Remando!

P/D: No cuento esto por vanidad. Ni para que vayas a pensar que soy un elegido. Lo cuento porque te puede pasar lo mismo. ¿Quién no necesita de un gesto, una caricia, una palabra de aliento?

Lo cuento, para que renueves tu confianza en María que, aunque no parezca, está cuidando de ti y de tus proyectos.

Si lo necesitas, pídele una señal, pero ojalá que no sea necesaria. Ojalá que tu fe sea mayor a la mía y, que tus fuerzas no decaigan para que puedas ¡Seguir Remando!

Un gran cariño a María Fernanda Maurutto y a todos los oyentes de “La Otra Orilla” el programa de la nochecita, de Radio María – Argentina.

Pablo Córdoba

Gracias, Juan Pablo

por Pablo Córdoba | No hay comentarios

Como todos los días, por cuestiones laborales me contacto con Juan Carlos, vía Skype. Este sistema fantástico que permite comunicaciones de tipo telefónica pero a través de la computadora y por internet.

Uno, por lo general, habla con un micrófono y utiliza los parlantes del ordenado. Este amigo mío, trabaja en su casa, entonces, nuestras comunicaciones a veces, son escuchadas por su hijo de 10 años.

Ayer, este chiquilín, que algunas veces, escuchó nuestra comunicación, le preguntó a su papá por mi edad.

¿Qué extraño? -se dijo el padre. A lo que respondió con otra pregunta:

-¿Por qué me lo preguntas?

-Es que quiero saber, por que Pablo Córdoba, dice malas palabras.

Cuando Juan Carlos me lo comentó. Confieso que sentí mucha vergüenza. ¡Muchísima!

Yo no era consiente del daño que estaba causando a un niño, con mis malas palabras que, aunque son pocas, le llamaron mucho la atención a un niño.

Estoy en deuda con este niño a quien, sin saberlo, ofendí con mi vocabulario inadecuado. Le pedí disculpas a su papá y buscaré una oportunidad para disculparme con el pequeño

Un niño de sólo 10 años, me ha dado una GRAN LECCIÓN.

¿Cuántas veces uno hace cosas equivocadas sin reparar que, aunque para los ojos de los adultos son pequeñas, ante las almas puras como las de un niño, son grandotas?

Parece un detalle menor, pero no lo es. Debemos estar atentos… ¡Muy atentos! cuando actuamos delante de estos pequeños, por que es como si estuviéramos actuando delante del Señor…

Gracias, Juanpi, por tu lección. Dejo por escrito mi compromiso de erradicar esas malas palabras de mi vocabulario y la promesa de hacerte algún regalo en agradecimiento.

Pablo Córdoba.

El domingo de resurrección almorzaríamos en la casa de mis padres. Con mi esposa decidimos ir a Misa, en la que fue mi parroquia de soltero.

Efectivamente, celebraba el mismo Cura que años atrás me había encargado el Vía Crucis y, que yo me había molestado tanto con él.

Lo encontré más viejo. Las manos arrugadas y más lento en su andar.

La ceremonia fue transcurriendo, mientras yo, pensaba en ese hombre de tez morena y pelo blanco.

¿Quién hubiera encendido el Cirio Pascual? ¿Quién hubiera derramado el agua bendita sobre los fieles? ¿Quién hubiera hecho presente a Cristo en la Eucaristía? ¿Quién nos daría la bendición final?

Al finalizar la Misa, la mayoría nos reuniríamos en familia… Él no. Mi padre se reuniría con sus hijos y con sus nietos… Él no.

Se había privado del amor de una mujer. De todo lo que ello representa. De la alegría de ser papá, del cariño de los hijos, de los nietos. Su Sí a Dios, le había significado muchos no en su vida.

Con él me había confesado muchas veces. Asistió a mi abuela en su lecho de muerte, casó a uno de mis hermanos… Y yo, me había ofendido, por que no había utilizado el Vía Crucis que había preparado.

¿No era acaso un hecho insignificante comparado con los anteriores?

¿Quién me había traicionado el Cura, o mi soberbia? ¿Quién era mi enemigo, la Iglesia o mi orgullo? ¿Quién había faltado a la caridad?

Antes de finalizar, puso los brazos en el Altar, inclinó la cabeza y permaneció en silencio. ¿Qué palabras salieron de su corazón? ¿Qué le habrá dicho a Dios en esos momentos?…

Camino de regreso a casa, le dije a mi esposa. ¡Que ingratos somos con los Curas, que poco comprensivos… Nos enfurecemos por cualquier cosita… y no somos capaces de ver todo el bien que nos hacen.

-¿Y si algún día, lo invitamos a almorzar a casa? –me dijo mi esposa. Será un modo de decirle GRACIAS.

-¡Felices Pascuas! –le respondí con los ojos mojados.

Pablo Córdoba.


P/D: Conociste el comienzo. Deseaba compartir contigo el final de esta historia. Invitarte a que no repitas mi error.

Sé que hay muchos Curas que no merecen tu respeto, pero sé también que hay muchos que se merecen una invitación de agradecimiento. ¡Vaya a ellos este pequeño homenaje!

“Hola, Pablo. Hace más de un año que no tomamos contacto….Te compré los libros y tú me los enviaste a Chile. Te conté aquella vez que, deseaba conocer Argentina. ¿Sabes?, Estamos en Córdoba en este instante….ojalá te pudiéramos conocer. Estamos con mi familia en el Hotel…

Esto decía el mail que recibí hace unos días. No ubicaba bien a esta persona. De todos modos, llamé al Hotel y coordinamos un encuentro con toda su familia: Su esposa, sus tres hijos y su suegra. Pensé que solo me llevaría unos minutos…

¿Cómo es que viajaron tantos kilómetros para estar sólo por un día en mi ciudad? -les pregunté.
Resulta que, no estaba en nuestros planes venir, -me comentó la esposa. Pero aquí estamos por que creemos que Dios quiso que vengamos. Aún no sabemos para qué?

Yo me di cuenta que esto iba más allá de una curiosidad por conocernos, y que no regresaría a casa, tan pronto como tenía previsto.

Salimos a pasear por mi ciudad. Fuimos a cenar. Con lágrimas en los ojos la mamá me dijo: Priscila es nuestro mejor testimonio. A las pocas horas de nacer, ella contrajo una meningitis… Al tiempo se le declara epilepsia… Hace unos años, tuvo un infarto cerebral… y aquí la vez, sonriente y alegre.

Alcé la vista y ahora era la jóven la que enjuagaba sus lágrimas.

Efectivamente, Priscila no paraba de celebrar nuestro encuentro. Iba, venía, llenaba el ambiente de alegría. Ella no sería profesional como sus hermanos… Dios tiene otro plan para ella. Aún no sabemos qué, pero probablemente, estará vinculado con el canto.


Desde muy niña, ella utiliza su dulce voz para alabar a Dios, cantando Salmos y bonitas canciones religiosas. Ahora de joven, sueña con grabar un CD; pero, las posibilidades de su ciudad han trabado ese sueño durante años.

Fue cuando decidí llamar a Marcos. Mi amigo músico que tiene un estudio de grabación y le pedí cita para el día siguiente. Esa noche la joven no pudo dormir de la emoción. Al otro día, Marcos le abrió la puerta de su estudio y se puso a disposición.

En estos momentos una dulce voz está alabando al Cielo. Llenado el aire con su canto. Los padres ven cumplir el sueño de su hija y la abuela llora emocionada.

Entonces yo comprendí el motivo por el cual ellos viajaron hasta mi ciudad y doy gracias a Dios por haber sido parte de este sueño que ahra comparto con Ustedes.

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