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Pablo Córdoba, tu amigo escritor.
Pablo Córdoba, tu amigo escritor.

 
 

Querido amigo:

Deseo compartir contigo un track de mi último trabajo, protagonizado por Sebastián Llapur.

Dura 4 minutos pero su menseje pude ayudarte toda tu vida.

¡Que lo difrutes!

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Me gustaría conocer tu opinión, ¿me dejas un comentario?
 
 

 
 
 
 
Querido amigo:

Esta suele ser una situación bastante recurrente en estos tiempos en que a nuestros hijos adoloescentes les cuesta mucho ESTUDIAR y conseguir BUENAS CALIFICACIONES.

Si eres un padre o una madre que tiene esta preocupación. Si ya has intentado por varios medios revertirla, pero no has conseguido resultados favorables… TE INVITO A ESCUCHAR con mucha atención este audio, que te será de gran provecho y mucha utilidad.

Su duración aproximada es de veinte minutos cada Parte.

Como siempre todos tus comentarios y opiniones para mejorarlo, son bienvenidas.

Primera Parte: duracion 21 minutos
 

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Segunda Parte: duración 21 minutos

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Pablo Córdoba

 
 
 

 

El amor y la fe derrotan la separación
Alfonso y Betti cuentan la historia de una separación que se ha resuelto con una renovación de las promesas matrimoniales y de un amor todavía más grande

Por Antonio Gaspari

CIUDAD DEL VATICANO, 28 de mayo de 2013 (Zenit.org) – Durante la Vigilia de Pentecostés el 18 de mayo, antes del encuentro del papa Francisco con los movimientos, las nuevas comunidades, las asociaciones y las agregaciones laicales en peregrinación a la tumba del apóstol Pedro, hubo diversos testimonios.

Publicamos el de Alfonso y Betti Riccucci, una pareja que vive su espiritualidad en la Renovación Carismática Católica.

Betti: Alfonso y yo nos conocimos en 1983 y después de tres años de noviazgo decidimos casarnos. Único motivo: estábamos enamorados. La boda la celebramos en la iglesia, exclusivamente por el “lugar” y a ninguno de los dos se le ocurrió invitar a Jesús y a su Madre.

Ni siquiera el curso prematrimonial desarraigó nuestra convicción de que la elección de un matrimonio por la iglesia no tenía nada que ver con la fe.

Pronto llegó el feliz nacimiento de dos espléndidos hijos, un niño y una niña. Mientras tanto comenzaron los primeros síntomas de un gran inconveniente que estaba a punto de caer sobre nosotros, al que no sabíamos dar un nombre.

Eran agujeros en el alma que pueden ser rellenados sólo con el amor de Dios pero que cada uno de nosotros intenta llenar con otras cosas: el trabajo, el deporte, los encuentros con los amigos, el cuidado excesivo del cuerpo para combatir los signos del tiempo.

Yo me convencí de que la única solución a nuestro mal era tener más niños, pero con tan solo treinta años me encontré con un diagnóstico médico irreversible, no podía tener más hijos. Esto acentuó crisis posteriores. En enero del 2009 mi marido se fue de casa, después de haber escuchado una frase terrible por mi parte “ya no te quiero”.

En los meses de separación vivimos en ciudades diferentes y nos hicimos mucho daño en “palabras y obras”: ninguno podía perdonar al otro por todo el no amor recibido en 23 años.

Alfonso: Recuerdo la desilusión, el sufrimiento de esos días. El deseo de que mi vida acabase cuanto antes. Había perdido todo lo que más quería y no tenía ninguna esperanza de encontrar la paz.

Tuve la gracia de encontrarme con algunos amigos que habían decidido poner sus vidas en las manos de Jesús. Me acompañaron al encuentro con ese Dios que yo creía lejano, pero que sin embargo se estaba haciendo cercano.

Aprendí a perdonar y a rezar por mi familia perdida. Confié a la Virgen a Betti y a los niños y encontré la paz en la amistad con Jesús. Descubrí, aún en el sufrimiento, la fuerza y la belleza de la vida.

Betti: En octubre de ese mismo año nos encontramos en los tribunales para la sentencia definitiva. Mi marido, discutiendo con su abogado, dijo que no quería quedarse con nada, que me daría cada mes lo que yo pidiera, ofreciéndose a ayudarme en cualquier otra necesitad.

Pensé que era una estrategia para reconquistarme. Salí del tribunal, él me saludó y se fue sin pedir nada a cambio.

“Entonces es amor” pensé, “porque el amor es así, gratis”.

Lo paré y le invité a tomar un café para conocer a ese hombre que me parecía ver por primera vez. Entendí que estaba enamorado de Jesús y que Jesús le había dado la vida de nuevo.

Yo estaba sin palabras. Mientras tanto, yo también había comenzado un camino de fe. Después de haber hablado y habernos descubierto como personas nuevas decidimos recurrir a la atención de una sabia persona del movimiento al que hoy pertenecemos. Él nos ayudó a hacer luz sobre nosotros mismos y nos recordó que el matrimonio no es sólo una promesa que se hacen los novios delante de Dios, sino es Dios mismo que promete conceder la gracia de amar como Él.

Volvimos a casa juntos y desde esa misma noche nuestro matrimonio volvió a vivir: hoy no dejamos de dar gracias a Jesús. Al que le debemos toda nuestra gratitud, nuestro amor, nuestra vida.

El 14 de septiembre del 2011 presentación de la Santa Cruz, celebramos lo 25 años de matrimonio con una ceremonia litúrgica en la que los invitados de honor eran precisamente Jesús y María.

 
 
“¿Te ha sucedido alguna vez que, al sentarte a la mesa, has caído en la cuenta de que es Noche Buena o Domingo de Resurrección?”

A mí sí me ocurrió y me arrepiento de haberlo permitido.

Motivos, razones, excusas… Cientos.

Que el trabajo, que los chicos, la casa, los compromisos, las ventas, que esto, que lo otro… Lo cierto es que Cristo, clavado en la Cruz y yo, comparando precios de los conejos y huevos de chocolate, en el supermercado.

Él, camino al Calvario, por tus pecados y por los míos… Y yo… camino a un fin de semana largo, aprovechando el feriado de Semana Santa. Eso sí, en familia y el domingo, al medio día… a Misa. ¡Nunca falto a Misa de Resurrección!

No estoy en contra de los conejos de chocolates, ni de los huevos de pascua. Mucho menos de los momentos agradables junto a la familia, pero… ¿No te gustaría pasar una Semana Santa, distinta?

Ir más allá. ¡Darle un matiz diferente! ¡Un brillo nuevo!

Una Semana Santa donde tu corazón cansado pueda descansar. Donde puedas dialogar con Cristo. Puedas contarle de tus cosas, tus preocupaciones, tus problemas…

Mi nombre es Pablo Córdoba. Soy escritor. He preparado estás 6 Reflexiones para que puedas vivir una Semana Santa Distinta.

6 Reflexiones Cortas que podrás compartirlas con tu esposo/a, con tus hijos… Con tus amigos de la Parroquia, del grupo de oración, el grupo juvenil, tus alumnos… Con quien creas que está necesitado paz en su corazón.

Si quieres recibirlas de manera gratuita en tu casilla de correo, solo tienes que dejar tus datos aquí y seguir las simples instrucciones.

No sea que en esta Semana Santa, te pierdas algo importante, por estar buscando precios en las góndolas, como me ocurrió a mí.

Tu amigo escritor.

 
 
 

 
 

Actualmente estoy ayudando a mejorar problemas de comunicación a varios matrimonios. Pensando en ellos y buscando una manera gráfica de ayudarles, he preparado esta corta historia. Espero te guste, te ayude y te anime a ser mejor.

Por el modo de golpear, no podría ser otra persona. Pero, ¿qué lo traería de visita un domingo a la hora del almuerzo? Algo andaría mal –pensó mientras fue en la búsqueda de las llaves.

“Se saludaron con un tímido abrazo. Nunca habían sido muy confidentes, pero desde el nacimiento de los nietos, la relación entre ellos había mejorado bastante.

–¿A qué se debe el honor? –le dijo con una corta carcajada que denotaba preocupación y alegría al mismo tiempo.

–¡Está loca! Ya me tiene harto con eso de que no la escucho –dijo el visitante con el brío de quien goza de buena salud después de los cuarenta. El mismo que, ocho años atrás, había prometido amor eterno.

–Debe ser verdad –le respondió el padre, mientras lo invitaba a pasar a la cocina para compartir un plato de sopa.

–Dice que no le prestó atención, que no valoro sus esfuerzos. Repite siempre el mismo versito:”me prestas las orejas, pero no me escuchas”

–¿Y tú la miras a los ojos unos instantes cuando te habla o sigues mirando televisión como si nada? –le dijo con una cómplice sonrisa, mientras encendió la hornalla y puso a calentar la sopa.

–Pareciera que no se da cuenta que vuelvo cansado; que salgo a las siete de la mañana y que no regreso hasta la cena. Te juro que no le falta nada ni a ella ni a los niños.

–¿Y no se te ha ocurrido pensar que ella también llega a la noche cansada? –le interrumpió, llevando una mano hasta el hombro de su hijo. ¿Nunca te has preguntado cómo se siente? –le dijo después de tomar asiento.

–Pero Papá… Si tiene todo lo que necesita…

–¿Te parece? –insistió el sexagenario, al tiempo que sirvió una cucharón de sopa y buscó en el cajón de los cubiertos una cuchara.

–Yo sé que eres un hombre trabajador, hijo mío. Y un buen padre para tus hijos, pero me parece que como esposo…
“El hijo se quedó en silencio. Jamás hubiera imaginado que, aquel hombre que había sido frío y distante con su esposa, le fuera a dar una respuesta como esa. Su padre continuó diciendo:

–Yo también creí que con aquel “te quiero” que le dije de novios y el “sí” que le di en la Iglesia era suficiente, que con traer dinero alcanzaba… Pero no.

“La sopa se estaba enfriando, aún sin ser probada. Cuantos momentos hermosos había vivido en aquella cocina que ya no olía a tostadas con manteca ni a pollo al horno con papas. Todo lucía tan diferente, tan triste, tan abandonado…

–Son los mismos reproches que me hacía tu madre. Pero no los supe ver. Raras vez la miraba. No me di cuenta de que mis faltas de cariño le habían resecado sus manos envejecidas y no el detergente, como ella decía.

No supe reconocer en cada mesa bien servida el amor a la familia -dijo con nostalgia. Ahora comprendo que, aquellas flores que solía poner sobre la mesa del comedor, eran por los aniversarios. Ahora que nadie riega las plantas ni me prepara el flan con caramelo para el día de mi cumpleaños… Ahora -dijo con los ojos mojados.

“Se levantó y sin que su hijo le alcanzara a ver los ojos humedecidos fue hasta la habitación. El hijo se quedó mirando la sala del comedor. La misma que ahora, su padre atravesaba para regresar con un cofre entre las manos.

Lo dejó sobre la mesa y con la euforia propia de quien va a revelar un secreto, lo abrió con cuidado. Con mano temblorosa sacó una bolsita de terciopelo azul atada con un tiento oscuro. Desató el nudo y sacó de adentro una joya que parecía haber permanecido dormida en el tiempo.

–Era de tu madre. Se lo compré con el premio que recibí al jubilarme –dijo con el tono del guerrero que siente orgullo de sus hazañas.

–Creo no habérselo visto puesto –le respondió embelesado, como si estuviera viendo en la reliquia, la dulce sonrisa de su madre enferma.

–No tuvo tiempo. Por eso nunca se lo viste puesto. A mí me gustaría… –le estaba diciendo cuando un nudo en la garganta lo dejó en silencio.

El hijo interpretó que se lo quería entregar como regalo para su esposa. Vio en el gesto, la excusa perfecta para sanar la crisis por la que pasaba su matrimonio… Entonces, para evitarle el transe vergonzoso de hablar emocionado, le preguntó si quería que se lo regalara a su esposa.

–No. –sentenció el padre mirándole a los ojos. No quiero que cometas el mismo error que yo cometí durante mucho tiempo. Tu esposa no necesita de un reloj nuevo. Solo necesita un poco más de tu tiempo.

Pablo Córdoba.
 
 
P.D. Si quieres, puedo ayudarte a mejorar el diálogo en tu matrimonio y ayudarles a solucionar sus problemas. Pincha aquí y conoce mi Servicio de Consejería on-line.

 
 
 
 

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