Recordé que debía hacer el cambio de aceite a mi coche. Llamé, solicité turno y a la hora acordada me presenté.
El aceite está en excelente estado –me dijo el empleado–. Una mala pasada de mi memoria. Pero, si no era por el aceite, ¿por qué motivo habré venido hasta acá? –me dije en voz baja–, una y otra vez.

Le pregunté si necesitaba algo de mí. Ante la sorpresa de la pregunta, me respondió que no. Regresé a casa y busqué ropa para su hija y un libro para su hermano que está hospitalizado.
Al día siguiente, apareció un ruido en el motor. Para esa misma tarde, el ruido se había tornado insoportable. Muy a pesar mío, debí volver al servicio técnico. Al menos ahora tenía un motivo.
Al verme ingresar, el dueño del taller, un hombre de gran estatura, me preguntó por qué había regresado. ¿No se habrá vuelto a confundir? –me preguntó entre carcajadas y en tono de risas.
He venido por Usted –le respondí con voz segura. ¿Tiene un lugar donde podamos conversar a solas? –su sorpresa fue más grande aún.
¿Conmigo? –Insistió con gesto de persona inocente.
–Sí, con Usted, pero a solas.
Pasamos a una oficina llena de papeles y bastante desordenada. Me senté en una silla algo destartalada y él, en un sillón en similar estado.
Sin que mediara ninguna introducción, fui directamente al grano y le pregunté, ¿cuánto tiempo hacía que no se confesaba?
Su rostro empalideció. Sus ojos se humedecieron. Por unos instantes ni siquiera pestañeó. Fue como si se hubiera detenido el universo. Para disimular llevó su mano a la cara, pero no pudo más y se largó a llorar como un niño.
Yo no sabía qué hacer en ese momento. Atiné a rezar un Avemaría en silencio. Cuando él dejó de llorar, con voz entrecortada me contó su historia y los motivos por los qué hacía más de cuarenta años que no se confesaba.
Regresamos a la zona de reparaciones, cómo si fuéramos amigos de toda una vida. Él estaba distendido, yo contento de haber encontrado el verdadero motivo de mi visita.
Sólo se había aflojado una tuerca y eso provocó la vibración y ruido –nos explicó el empleado que jamás imaginó siquiera de lo que habíamos hablado.
Pablo Córdoba

Pablo:
Leí tu libro sobre el dolor ¡Seguí Remando! Me lo regaló mi hermana. Me gustó muchísimo, pero sobre todo me hizo mucho bien. Yo había leído otros libros para personas con enfermedades, pero el tuyo es diferente. Bien concreto, directo y sobre todo lleno de consejos para poner en práctica. Gracias por tu trabajo.
Bueno, el motivo de mi mail es para pedirte un consejo u orientación. Resulta que, desde que tuve el accidente, estoy en sillas de ruedas. Fue muy duro, sobre todo al comienzo, pero ya estoy mucho mejor. Si se puede decir de alguna manera.
Uno de mis mayores dolores, de esta nueva situación, es que ya no puedo acompañar a mis hijos como antes. Tengo tres varones, doce, nueve y seis años. Ya no puedo andar en bicicletas, como antes, ni jugar a la pelota. A veces, me dan ganas de llora de impotencia.
¿Qué me podés decir, si es que tenés algo algo para decirme?
Muchas gracias, Jorge M.
Estimado Jorge:
Agradezco y valoro tus palabras de aliento sobre mi trabajo. Me hace mucho bien saber que como te ha ayudado a ti, está ayudando a muchas personas a descubrir brillos nuevos a pesar de los dolores.
Vayamos ahora a tu consulta.
Comprendo tu dolor, tu impotencia. Pero, como digo en el libro, el punto de partida es aceptar la nueva realidad y adaptarse a ella. Tu nueva situacion te impide realizar determinadas cosas que antes hacías con tus hijos, como andar en bicicleta o jugar a la pelota… ¿Y qué?
Hay muchas otras cosas, mucho más importantes que puedes hacer junto a tus hijos, como dialogar, reír, llorar, emocionarte, educarlos, enseñarles a vivir… en una palabra: AMARLOS.
Ya no puedes jugar a la pelota con ellos, pero sí le puedes enseñar a ser buenas personas, a vivir virtudes como la generosidad, la tenacidad, la templanza, todo desde tu silla de ruedas.
No podrás andar en bicicleta junto a ellos, pero podrás acompañarlos en su crecimiento personal, podrás hablarle de sexualidad, del amor, prepararlos para su adolescencia y juventud y, algo que les será muy útil: enseñarle con tu ejemplo a superar las situaciones difíciles de la vida.
Te aseguro que con el tiempo valorarán mucho más todas estás cosas que como padre, puedes y debes hacer por tus hijos.
Como dice el libro: Solemos ver aquello que no podemos hacer, y perdemos de vista las infinitas posibilidades que nos aguardan a al vuelta de la esquina.
Envía de mi parte un fuerte abrazo para tus hijos, Pablo Córdoba.
Hola. Tengo una duda que me tiene muy mortificado. Ruego contestes lo más pronto posible para ya no estar con esta duda en mi mente.
Hace unos días tuve relaciones con mi novia, las tuvimos sin protección pero usamos el método de la pastilla del día siguiente.
A los 2 días ella tuvo un desecho de color entre cafecito, en lugar de su regla y, ahora ha tenido 6 días de retraso. No siente síntomas de que sienta que valla a tener su regla.
Estoy un poco asustado si sobre podría estar embarazada, por favor ruego me ayudes con esa duda que tengo me despido esperando alguna respuesta pronta y muchas gracias.
RESPUESTA
Estimado Amigo:
Comprendo tu preocupación y tu angustia por saber si tu novia puede estar embarazada o no.
Esa duda te la quitará el resultado de un test de embarazo que podrás adquirir en cualquier farmacia de tu ciudad y a un costo accesible. En pocos minutos sabrás si tu novia está embarazada o no.
Recuerda leer bien las instrucciones para no cometer errores.
Ahora, si me lo permites te hablaré de lo que acontece después del acto sexual para que puedas comprender dos cosas: Primero cómo se inicia la vida humana y, cómo funciona la pastilla del día siguiente.
Cuando alcanzaste tu orgasmo (el momento de mayor placer) eyaculaste. Depositaste tus espermatozoides dentro del cuerpo de tu novia.
Cada espermatozoide (tienen la apariencia de un renacuajos) contiene parte del código genético que se necesita para dar origen a una nueva persona.
Tus espermatozoides iniciaron un viaje nadando en búsqueda del óvulo. El óvulo (tienen la apariencia de un globito) es la célula que contiene la otra parte del código genético que se necesita para procrear un ser humano.
Los óvulos se desprenden de a uno por mes y viven aproximadamente un día. Si no son fecundados en ese lapso, mueren, sin que se produzca embarazo alguno.
Los espermatozoides pueden llegar a vivir hasta tres días en el cuerpo de la mujer, dependiendo de varios factores.
Si, dentro de eso tres días tus espermatozoides no se encontraron con el óvulo, murieron sin fecundarlo y tu novia no quedó embarazada.
Si, en ese lapso un espermatozoide lo alcanzó y lo fecundó, la vida de tu hijo se puso en marcha. Si esto sucedió tu novia quedó embarazada.
El momento en que él óvulo de la mujer y uno de los espermatozoides se unen para dar origen a una nueva vida se denomina concepción.
La concepción puede originarse a partir de las diez horas y los dos días siguientes de haberse realizado el acto sexual.
A partir de entonces ya se puede saber si será varón o mujer, el color de sus ojos, de sus cabellos, si se parecerá al padre o a la madre en el futuro.
Si se produjo la concepción, inmediatamente el cerebro de tu novia dio la orden de suspender la menstruación (la regla).
La menstruación es el sangrado que aparece cuando el endometrio es despendido. El endometrio es el “nido” sanguíneo que alojará al hijo en sus primeros días de vida.
Si la mujer no está embarazada, no hay necesidad de endometrio (nido), entonces el cerebro da la orden de desprenderlo; para volver a formarlo al mes siguiente. Esto ocurre todos los meses.
A partir de la concepción el niño emprenderá un viaje de siete días hasta llegar al útero, más precisamente al endometrio (nido). Allí vivirá durante nueve meses hasta el momento de nacer.
Ahora bien. Tú me dices qué a los dos días de tener tu relación sexual con tu novia, ella tomó la pastilla del día siguiente.
Basándome en el funcionamiento de la pastilla del día después, te diré que puede haber sucedido, en el supuesto caso de que ella, ya estaba embarazada.
Primero, la pastilla se encargó de entorpecer el viaje de tu hijo hacia el útero para ganar tiempo.
Segundo: aprovechando la demora, producida adrede, rompió el endometrio (nido) de tu novia produciendo un sangrado, para qué, cuando tu hijo intente anidar: no pueda hacerlo.
Como tu hijo no puede anidar en el endometrio de su madre, se verá obligado a salir del cuerpo de tu novia y morir.
Digo todo esto, sin ánimo de asustarte. Lo hago con la única intensión de explicarte de manera sencilla como funciona la pastilla del día después y, para que tomes conciencia de lo que estás haciendo.
Como digo en todo los casos: eres libre de creerme o no, de seguir utilizando este método o no. La decisión está en tus manos. Yo sólo cumplo en responder a tu consulta.
Nadie podrá decirte con exactitud qué pasó. Si hubo embarazo o no. Si mataron a su hijo o no. Yo tampoco. Pero sí te puedo asegurar, por que así lo afirman sus fabricantes, que la pastilla del día después es abortiva.
Espero haber evacuado tus dudas, Pablo Córdoba.
Pregunta:
Desde muy pequeño he sentido una atracción fuerte por la planta de los pies masculinos. No me gustan las mujeres, y a pesar que he estado en grupos cristianos, ha sido muy difícil para mí.
He caído mucho en masturbación y pornografía.
No sé qué hacer, estoy muy aburrido con todo esto.
Por favor ayuda.
Pablo Córdoba, responde:
Estimado amigo:
Veo aquí dos situación por resolver, por un lado tu atracción por personas de tu mismo sexo y, según me comentas, el vicio de la masturbación y la pornografía.
Pero también hay algo que es fundamental y muy positivo: estás cansado de todo esto, quieres cambiar y te animas a pedir ayuda.
Para resolver ambas situaciones, yo te recomiendo un mismo sitio web: www.esposiblelaesperanza.com
Allí encontrarás ayuda de especialistas y mucho material para entender y resolver ambas situaciones.
Entiendo el dolor de tu corazón y sé cuánto estás sufriendo, pero también conozco a muchos que han rotos las cadenas y encontraron esa paz que estás buscando.
Estos problemas tienen SOLUCIÓN. ¡Hay Salida! ¡Busca y déjate ayudar!
Solo me resta animarte a buscar ayuda y a dejarte ayudar.
Espero haberte ayudado con esta información, Pablo Córdoba.
Llegó el invierno y con él los días fríos. Subí a mi coche y salí a comprarme un par de zapatos de abrigo.
Ya en la zapatería me trajeron el calzado de mi numeración. Cuándo me lo sacaba con la uña rayé el calzado y quedó dañado. Por accidente llegué a la excusa perfecta para pedir un descuento.
¿No iba a dejar pasar una oportunidad de beneficiarme?
El comerciante accedió al 15 % de descuento por el supuesto fallo de fábricación, que en realidad yo había hecho adrede.
Llegué a casa y con un leve orgullo conté mi hazaña. Por aprovecharme de la oportunidad me había convertido en un corrupto.
Esta mañana regresé a la zapatería para reconocer mi error y devolver el dinero del descuento, que el comerciante recibió con gran sorpresa.
Digo esto, no para ponerme de ejemplo; sino para ayudar a la reflexión. ¿Debemos aprovechar todas las oportunidades?
Cuento esto para que, cuando tengas una oportunidad de sacar ventaja, de engañar, de beneficiarte injustamente… la dejes pasar.
No te dejes tentar por la ocasión. No cambies tus valores, aquello que aprendiste de tus padres… por un triste descuento.
Y, si ya lo has hecho: reconoce tu error y busca la manera de resarcir el daño. Esas son las verdaderas oportunidades que no debemos dejar pasar.
Pablo Córdoba
|
|