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Pablo Córdoba, tu amigo escritor.
Pablo Córdoba, tu amigo escritor.

Posts etiquetados con ‘Cómo darle Sentido a tu Vida’

Cuando lo esencial es invisible

Es tan inquietante el problema del desempleo que perdimos la capacidad de pensar en el trabajo por sí mismo. Pareciera que lo único significante es tener trabajo.

La manera en que trabajamos no parece ser un tema de interés. Pese a que dedicamos gran parte de nuestra vida al trabajo, pocas veces pensamos en la manera en que trabajamos.

Piensa en el modo en que trabajas, ¿lo estás haciendo bien? ¿Lo puedes hacer mejor?

Generalmente lo valoramos como un medio para obtener dinero, lucimiento personal, consideración social… No le damos otro valor distinto del económico. ¿Y tú, que valor le das a tu trabajo?

Es raro que veamos a nuestro empleo, como el lugar donde podemos ser felices y al trabajo, como la actividad donde realizarnos como personas. ¡Todo lo contrario! Por momentos, parece un castigo.

Creemos que consiguiendo más dinero o prestigio seremos felices, entonces: trabajamos todo el día para lograrlo. Al finalizar el día nos damos cuenta de que hemos caído en la trampa de la infelicidad.

Si trabajas solo por el dinero, si encuentras excusas a la hora de hacerlo mejor, si no buscas la excelencia… Será necesario que cambies porque sólo quien da lo mejor de sí en su trabajo puede ser feliz.

Busca el modo de hacerlo bien, de principio al fin. Desconéctate de aquello que te distrae. No dejes crecer los inconvenientes y no entregues nada, sin antes haberlo revisado minuciosamente.

Convierte las dificultades en retos, las observaciones en sugerencias, los errores en oportunidades. No te olvides del buen humor. Ríete de ti mismo, de las chapuzadas, de tu orgullo y soberbia.

Procura hacer bien, lo que tengas que hacer. Planifica, revisa, corrige, pide ayuda… y te sentirás mejor en tu trabajo. ¿Te parece poco?

Si esta reflexión te sirve para tu edificación personal, si crees que puedes aprender más aún, te invito a leer mi libro-digital: Cómo darle Sentido a tu Vida.

¿Existirá el infierno?


¿Será verdad que existe el infierno o es un invento de la Iglesia para dominarnos a través del miedo? ¿Será cosa de niños o de otra época creer en su existencia? ¿A ti qué te parece?

Quienes desean vivir sin Dios en la Tierra, pueden hacerlo; pero, ¿dónde seguirán viviendo después de muertos? ¿Dónde van los que desean odiarlo eternamente? ¿Habrá un lugar reservado para ellos?

Sí, el infierno. Un estado donde la ausencia de Dios es absoluta, donde todo es terror y muerte. De no existir, éstas almas no tendrían donde vivir. Dentro de esta lógica, ¿no te parece lógica la existencia del infierno? ¿Verdad que sí?

Yo pensaba como tú, hasta que descubrí que no es un invento, cuando personalmente lo vi. Cuando escuché aquellos gritos y sentí el penetrante olor a muerto en todo mi cuerpo.

Influido por el decir de la gente y la televisión yo viví sin darle importancia a la existencia del fuego eterno. Yo fui uno de los que pensó que era un invento de la edad media y no lo tuve en cuenta.

Pero después descubrí que ya Cristo, estando en la tierra, habló con frecuencia del “fuego que no se apaga”, reservado a quienes al fin de sus vidas no quieren vivir junto a Dios.

“Estén preparados y vigilando, ya que no saben cuál será el momento. Estén despiertos, ya que no saben cuando regresará el dueño de casa. Puede ser al atardecer, o al canto de gallo o de madrugada. No sea que llegue de repente y los encuentre dormidos. Lo que les digo a ustedes, se lo digo a todos: estén despierto”, nos dice Jesús en Marcos 14, 33-35.

No te lo digo para asustarte, sino para que recapacites.

Si quieres saber cómo continúa esta historia, te inivito a leer mi libro: “Cómo darle Sentido a tu Vida”.

 

Del libro: Cómo darle Sentido a tu Vida
Saga: Descubre Cómo

“Trabajo todo el día. No tengo tiempo para hacer reflexiones en mi trabajo. Menos para ir a la Iglesia a rezar…” Suelen ser algunas de las excusas que utilizamos para decirle a Dios que no. No me molestes.

“No tengo tiempo” –le decimos con indiferencia–. Tiempo tenemos, lo que no tenemos es deseos de dedicárselo a Dios.

Para tener una vida espiritual no se requiere de tiempo extra. No es necesario recitar oraciones de memoria ni pasarse el día en el Templo.

Rezar es hablar con Dios de tus cosas: de tus preocupaciones y problemas. Sobre tus miedos, tus contradicciones; pero también de tus logros, tus alegrías, de tu día a día, en otras palabras.

En cualquier situación laboral puedes establecer diálogo con Dios. Toda tarea honesta, ofrecida a Él, puede transformarse en oración. Trabajar con amor es un modo muy eficaz de orar.

Tu lugar de trabajo, donde están tus compañeros, tus aspiraciones, tus intereses y problemas, puede ser el lugar de encuentro con ese Dios que te ama infinitamente y te espera.

Estando en la calle, la oficina, el taller, la escuela, el hospital o en el campo… En medio de las ocupaciones diarias podemos encontrarnos con Cristo y hablar con el Amor de los amores, a solas.

Con tener a mano un crucifijo, una imagen que te recuerde a Jesús, será suficiente para que, con solo mirarla, te comuniques con Él y puedas contarle de tus alegrías y problemas. Eso es rezar.

¿No late tu corazón al saber que te está esperando en la oficina, en el aula, en el mostrador o en tu casa? ¿No te ilusiona saber que podrías descubrir a ese Dios que está escondido en tu lugar de trabajo?

Tu actividad puede convertirse en oración. Tu lugar de trabajo en lugar sagrado, donde tu corazón se encuentre con el corazón de Dios. A partir de entonces, empezarás a vivir mejor. ¡Mucho mejor!

¿Por qué no pruebas? Busca una imagen de Cristo y en la intimidad de tu cuarto mírala a los ojos. Dile lo que piensas, que estás enojado con Él o con su Iglesia… lo que sientas. ¡Háblale con el corazón!

Llévala al trabajo. Lleva a Cristo contigo en el coche, en el autobús… y al llegar, guárdala en un cajón o déjala sobre tu escritorio. Durante el día, échale una mirada; y lo más importante: deja que Él te mire a los ojos. ¡Deja que le hable a tu corazón!

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