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Pablo Córdoba, tu amigo escritor.
Pablo Córdoba, tu amigo escritor.

Posts etiquetados con ‘jovenes’

 

Querido amigo:

No eres el único que no usa preservativo, por la sencilla razón de que no tiene relaciones sexuales, por que aún no estás casado. Sí y ¿qué? ¿Cuál es el problema?

Yo también me casé sin antes haber tenido relaciones con mi novia y tampoco uso preservativo en mi matrimonio ¿y qué? ¿Cuál es el problema?

¡Vamos!, no te desanimes que no eres un “bicho” raro, sino un ser maravilloso que tiene dominio de sí mismo y que muy pronto encontrará el amor de su vida y podrá vivir el verdadero amor y no necesitas del preservativo para ello.

Un fuerte abrazo,

Pablo Córdoba
Tu amigo escritor

 

Me llamo Almudena y acabo de terminar bachillerato. La historia de mi vida es bastante similar a la de otras chicas de mi edad, pero aún así me doy cuenta de que he tenido mucha suerte, o dicho de otra manera, que Dios me quiere mucho.

Mi (por ahora corta) vida es muy normal, soy la mayor de ocho hermanos y junto con mis padres, ambos médicos, vivimos en Madrid. He de admitir que sí que tenemos algo especial. Mi hermano Felipe, de nueve años, tiene síndrome de Down, así que podría decir que vivimos con un ángel, de ojos achinados y sonrisa permanente.

He ido siempre al mismo colegio, al que debo todo lo que sé desde el punto de vista académico pero también mi formación como persona; tengo mis amigas, con las que hago distintos planes y salgo los fines de semana; sueño con ser una buena periodista y poder aportar mi granito de arena para cambiar este mundo que en algunos aspectos parece que está al revés.

Conocí el Opus Dei un viernes cualquiera… Una amiga me invitó a un Club juvenil donde compaginaban actividades divertidas con una formación humana y espiritual, de la que se ocupa gente del Opus Dei.

Recuerdo que me lo pasé tan bien que volví desde ese día cada viernes con algunas de mis compañeras y fue allí donde conocí a varias de mis mejores amigas de otros colegios y otros ambientes. Pasó el tiempo y el Club Roca fue convirtiéndose en una parte importante de mi vida donde entre estudio, juegos y risas, fui aprendiendo a conocer y querer a Dios, a luchar por ser mejor y a disfrutar de las cosas pequeñas que no dejan de ser extraordinarias.

En los campamento de verano, también ayudábamos a niños, discapacitados, ancianos… experiencias también inolvidables de cómo se puede hacer que los demás lo pasen bien y disfruten, y recibiendo además la satisfacción de hacer algo que realmente vale la pena.

Un poco más mayor, me fui fijando en las mayores y como quería seguir formándome para ser buena cristiana, empecé a ir a charlas junto con varias amigas y también asistía a un rato de oración los sábados. Estos momentos eran –y son– imprescindibles en mi semana para reflexionar y volver a empezar. Además, también descubrí la importancia del estudio y la motivación de estudiar bien para luego poder prestar un servicio mejor a la sociedad.

No sé si he sabido transmitir bien lo que explicaba al principio. Mi vida no se sale de lo común, pero en ella hay Alguien –Dios– que le da un sentido distinto, otra forma de afrontar mi realidad valorando y comprendiendo que cada minuto de mi día es una oportunidad para ganarse el cielo.

Si tú también lo quieres econtrar, visita este link y bájate el libro GRATIS.

Pablo Córdoba
Tu amigo escritor.

Y tú, ¿adónde irías si esta noche mueres?

 

Después de morir cada alma recibe su destino eterno. Quienes están en condiciones de entrar en el Cielo lo hacen inmediatamente. Y, quienes necesitan una purificación, ya que nada impuro puede acceder a él, van al Purgatorio.

Esas almas, mientras aguardan el encuentro definitivo con Dios, los ángeles, los santos y sus seres queridos, se purifican. Una vez purificadas pueden entrar al Paraíso eterno. Donde todo es bello y armonioso.

Ahora bien, ¿qué ocurre con quienes no desean estar con Dios, con quienes lo rechazaron en vida y lo repudian también en la posteridad? ¿Los que no están arrepentidos ni dispuestos a adorar a Dios?

Para ellos existe el infierno. Un estado donde reina la maldad, por que la ausencia de Dios es absoluta. Donde no hay esperanzas, por que no existe la posibilidad del perdón.

¿Y tú? ¿Dónde irías si esta noche murieses? ¿Estás en condiciones de ver el rostro de Dios y de entrar al Cielo o necesitas purificarte durante un tiempo antes de entrar en su Gloria?

No te habías detenido a pensar que pasaría contigo. ¿Te gustaría hacerlo o tienes miedo? Si quieres profundizar sobre estos asuntos, te invito a leer mi libro-digital: “Cómo Encontrarse con Dios”. No te lo pierdas.

 

Pablo Córdoba
Tu amigo escritor

Lo siguiente es un estracto del
libro-digital: “Cómo resolver tus problemas de pareja”

¿Es lo mismo casarse que irse a convivir juntos?

-En mi tiempo se llamaba concubinato. De todos modos es lo mismo: un hombre y una mujer que
conviven maritalmente sin estar casados. Sin el vínculo matrimonial que los comprometa de por vida y en forma exclusiva. Sencillamente por que ellos así lo han decidido.

–Para eso son libres -refuté con tono molesto.

Él continuó con su explicación diciendo:

–Muchos lo hacen porque están en desacuerdo con la forma. Rechazan la intervención en su pareja tanto de la Iglesia como del Estado, porque la consideran un asunto estrictamente privado.

–Y lo es -respondí algo ofuscado.

–Otros deciden no casarse por que no quieren quedar “atados”. Saben que si no hay vínculo tampoco hay derechos ni obligaciones. Y ante un compromiso en serio prefieren la convivencia. Generalmente…. eh…

–Las uniones de hecho –acoté.

–…no se presentan con un cierto proyecto de vida. Aunque en la mayoría de los casos nunca descartan que algún día “formalizarán”. Cuestión que ocurre pocas veces, porque desde un comienzo convierten al concubinato en un fin en sí mismo y le dan un plazo de finalización temporal y prolongable.

–En la mayoría de los casos –interrumpí–, la convivencia está justificada.

–Por excusas: “queremos que lo nuestro sea amor puro, que no se pierda el enamoramiento”. “Queremos proteger al amor del formalismo” “Defenderlo del compromiso que lo ahogan y le quitan espontaneidad”, y tantas otras cosas que dicen, quienes se dicen defensores del amor y del matrimonio, tomando esta decisión anti matrimonial.

–Me parece que está exagerando un poco. Si en el fondo es lo mismo: dos personas que se aman y forman un matrimonio… –le dije para convencerlo de aquello que yo estaba convencido: que es lo mismo convivir en pareja que vivir en matrimonio.

Para reflexionar:

¿Tú también estás convencido de que la formalidad quita espontaneidad; que lo importante es el contenido, no el envase; que lo único que vale es lo que uno siente; que da lo mismo juntarse que casarse; y que el compromiso anula el sentimiento?

¿Tú también estás convencido de que el vínculo que une al hombre con su perro, a la viuda con su gata, a los homosexuales y a las ***, es tan sólido como el vínculo entre los esposos?

¿Tú también estás convencido de que el matrimonio debe desaparecer?

 

Lee el comentario de César. Vale la pena.

Cuando no esté más a tu lado

Me estaba quitando la campera en el momento que veo entrar a mi madre en el comedor. Yo estaba pensando en mis asuntos, alcé la vista y la salude. Traía un plato de comida.

Ha pasado mucho tiempo. No recuerdo si ese plato era de frijoles o de lentejas. Eso no importa ahora. Tampoco importó en ese momento.

Hasta el día de hoy, tengo presente su rostro, mientras permaneció al frente mío y en silencio. ¿Cómo olvidar su sonrisa? ¿Cómo olvidarme del cariño que me ofrecía? Ninguna otra persona volvería a mirarme de esa manera.

Ella deseaba que me acercara a darle un beso. Un relámpago duró la espera. Comprendió que no la besaría. Sin mudar la sonrisa de sus labios, dejó el plato sobre la mesa.

No le devolví la sonrisa. No le dirigí siquiera una mirada. Antes de que me ofreciera “eso” que supuestamente sería mi cena, le dije que ya había comido.

Ha pasado el tiempo… No recuerdo si aquella noche, antes de dormir, me despedí de ella. O si al menos al alejarme murmuré un “adiós”. No lo recuerdo. Sí recuerdo, en cambio, sus ojos cansados, que me dijeron: “Hasta mañana”.

Algún día no estará mas a tu lado. De su afecto… sólo quedarán dulces recuerdos. Entonces, cuando no recuerdes si aquel plato era de frijoles o de lentejas, recordarás su sonrisa y tu alma se llenará de lágrimas de agradecimiento.

¡Será triste que, en ese momento, quieras darle un beso y no puedas! Pero más lamentable será, si ahora que puedes besarla… no lo haces.

Esta reflexión es parte de libro digital: “Como darle Sentido a tu Vida” que le podrías regalar a tus hijos. Averigua aquí cómo obtenerlo.

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