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Pablo Córdoba, tu amigo escritor.
Pablo Córdoba, tu amigo escritor.

Posts etiquetados con ‘matrimonio’

 
 

Algunos matrimonios me han comentado en sus consultas que sienten una especie de bajón o desánimo, no sólo ante la vida, sino también en sus matrimonios. Algunos de ellos se lo atribuyen al hecho de que no han podido tener hijos. Pensé en ellos cuando leí este artículo donde se comentan algunas ideas del escritor Piero Ferruci.

Otros, han acudido a mí, con alguna de las partes ya convencida de que lo mejor para ambos y en especial para lo chicos, cuando existen, es acabar con ese matrimonio en crisis y probar con la separación, al menos por un tiempo -suele acotar el qeu lo propone.

Se los dejo porque lo veo claro, alentador y porque estoy seguro de que encontrarás en él alguna idea que te ayude a encontrar la solución a tus problemas,

A continuación el artículo.

El último libro de Piero Ferruci, “Nuestros maestros los niños” ya ha sido traducido a 11 idiomas. Allí él dice: “Ha hecho falta tiempo, pero al final me he dado cuenta: la relación con mis hijos pasa a través de la relación con mi mujer. No puedo tener con ellos una buena relación si mi relación con ella no es buena”.

La experiencia clínica de Ferruci le ha demostrado que “cada ser humano es el resultado de la relación entre dos individuos:su padre y su madre. Y esa relación sigue viviendo dentro de nosotros como una armonía bellísima o como una laceración dolorosa.

La relación entre nuestros progenitores -dice Ferruci- nos constituye en lo que somos. Y esto es verdad también en la época de la familia dormitorio, de los progenitores single, de la fecundación artificial, de la manipulación genética, de los vientres de alquiler, de los bancos de espematozoides… Un niño siente con todo su ser la relación entre sus progenitores, sea cual sea, la siente en sí mismo.

Si la relación está envenenada, el veneno circulará por su organismo. Si la atmósfera no es armoniosa, crecerá en la disonancia. Si está llena de ansias e inseguridades, también su futuro será incierto”.

La conclusión entonces parece clara: si quieres ser un buen padre, sé un gran marido. Si quieres ser una buena madre, sé una gran compañera para tu marido. Esto que parece simple, en la práctica no lo es. ¿Por qué? Ferruci responde en primera persona, con gran humildad:

A veces he olvidado esta realidad. He tenido demasiada confianza. Sabiendo que nuestra relación va bien, la he dejado allí”. Abandonada la relación a su propia suerte, pronto aparecen los disgustos, las recriminaciones. Cuando un matrimonio reacciona a tiempo y recupera lo bello de su amor, los primeros en darse cuenta son los hijos. Y cuenta su propia experiencia, después de una temporada en que, obsesionado por escribir sus libros, comenzó a levantarse a las 5 de la mañana y a pasar el día rabiando por el ruido y las interrupciones:

“Comencé a sentirme deprimido, algo no andaba bien. Al fin comprendí lo que sabía pero no quería admitir. El orden de mis prioridades estaba equivocado.

Decidí devolver a Vivien, mi mujer, un marido que no se cayera de sueño. Después ocurrió algo sutil y sorprendente. Mejoró la relación entre Emilio y Vivien. No es que fuese una relación mala, pero había algo que no me gustaba. A menudo Emilio era descortés con ella y hablaba conmigo como si Vivien no existiera, ignorándola como el machista más encallecido. Después lo he entendido: Emilio me mostraba cuál era mi actitud hacia Vivien… Era yo quien la transformaba en una sombra. Por fortuna me di cuenta a tiempo”.

¿Cómo mantener y mejorar constantemente la relación conyugal? Este autor italiano es un gran romántIco y cree que la fuente de amor para los esposos radica en el recuerdo de sus mejores momentos.

“Al contrario de lo que muchos piensan, yo creo que el hecho de enamorarse es el instante más auténtico de la relación entre dos personas; es cuando ellas ven que todas las posibilidades se abren ante ellas, cuando tocan la esencia y belleza del amor… Ante los ojos de mi mente desfilan nuestros momentos más luminosos: el primer paseo juntos, la decisión de casarnos una tarde de septiembre, Vivien que acude a recibirme al aeropuerto un día de lluvia, el concierto durante el embarazo de Emilio…

Todo eso es el origen, la fuente: el lugar en que todo va bien y es perfecto. Resulta positivo regresar de vez en cuando a los orígenes y beber de aquella fuente de agua pura”.


P.D.
Espero te ayude a comenzar a resolver tu situación y revertirla.

Pablo Córdoba
Tu amigo escritor

 

En reiteradas ocasiones he recibido diferente reclamos, en el que alguna de las partes (generalmente mujeres) me dice que está cansada que su suegra se intrometa en sus asuntos conyugales, otras se quejan que la madre sigue influyendo en demasía sobre el hijo. Todos los casados, tenemos de ambas partes, algo que decir o criticar de la familia política.

Este artículo, escrito por el reconocido especialista en temas de familia, Fernando Pascual,
siembra los principios básicos para entender lo que sería una relación sana y muestra los límites que todas las partes deberíamos respetar.

Espero saquen y buen provecho y sirva de respuesta a quienes están buscando solución a este tipo de problemas. Con el cariño de simpre, Pablo Córdoba.


A continuación el artículo completo:

“Desde antes de la boda, y con modalidades más concretas después de la misma, un hombre y una mujer que se casan establecen puentes de relación con las familias de él y de ella.

El esposo conoce a la familia de la esposa, la esposa a la familia del esposo. Los respectivos padres empiezan a tratar al yerno o a la nuera con mayor intensidad, al mismo tiempo que modifican muchas veces el modo de relacionarse con el propio hijo. Todo sería relativamente sencillo si cada uno ocupa su lugar y no supera sus límites.

Los suegros son buenos suegros cuando respetan la opción matrimonial del hijo o de la hija, aunque en no pocas ocasiones sientan cierta prevención hacia la otra parte. Quizá porque pensaron que su hijo o hija escogieron mal, o que se precipitaron, o que el yerno o la nuera no tienen las cualidades que los suegros desearían, etcétera. Otras veces no hay prevenciones o disconformidades, pero en la vida concreta se producen interferencias más o menos problemáticas desde la familia política hacia la nueva familia.

La situación vista desde los esposos puede ser muy variada. Quizá uno de los dos (o los dos) sigue muy enganchado de sus propios padres, hasta el punto de insistir continuamente en comer o cenar con ellos, o en invitarlos a casa. En ocasiones la otra parte se siente molesta, desea más independencia, comienza a reprochar al cónyuge por seguir tan aferrado a su familia de origen y dañar así el camino de maduración de la pareja.

Otras veces uno de los esposos adquiere un papel dominante y exige a la otra parte un corte radical, incluso excesivo, hacia sus padres. En estos casos puede llegarse a imposiciones arbitrarias que hieren el corazón de la parte “sometida”: la esposa o el esposo dominado sigue siendo hijo y, seguramente, conservará el cariño hacia sus padres, aunque el cónyuge busque separarlo de ellos.

Como se intuye, las situaciones que pueden darse son muchas y complejas. Las que acabamos de esbozar son sólo algunos casos problemáticos. Lo cierto es que las parejas tienen con frecuencia serias dificultades en armonizar el cariño y el trato debido hacia sus propios padres, por un lado; y por otro, la autonomía adecuada que necesita la nueva familia para configurarse y recorrer su propio camino.

Por eso resulta de ayuda recordar dos ideas que tienen importantes aplicaciones. La primera es que un hijo es siempre un hijo, y unos padres son siempre padres, aunque el hijo contraiga un matrimonio y empiece a vivir en una casa propia.

Ello significa que el matrimonio no puede convertirse en una ruptura inhumana y dolorosa respecto del propio pasado. Cada hijo debe reconocer qué merecen sus padres, cómo mostrarles cariño, en qué asuntos (sobre todo si son mayores) habría que ayudarles.

La segunda idea es que la nueva familia, si no existen enfermedades de tipo psicológico o niveles de inmadurez graves, está llamada a configurarse desde la pareja, sin injerencias abusivas desde las familias políticas (sobre todo desde los padres) del esposo o de la esposa. Ello significa que el peso de la marcha del nuevo hogar recae de modo completo en la pareja, sin que esto sea obstáculo para mantener una sana relación con los propios padres o con los padres de la otra parte, y así lograr esa armonía que tanto ayuda a todos.

Una familia no puede madurar si gira continuamente en torno a sus orígenes. El centro de gravedad de la nueva pareja tiene que ser el amor mutuo, al que se añaden las obligaciones hacia los hijos que puedan nacer.

Son dos pistas importantes que pueden ayudar a todos, a los familiares políticos y a los esposos, para armonizar los deseos buenos y las aspiraciones legítimas de todos.

No faltarán, ciertamente, momentos de dificultad y diferencias de opiniones. Con un poco de paciencia y un mucho de sano respeto será posible afrontarlas de la mejor manera posible: para el bien de los esposos, y para la paz en los corazones de sus respectivas familias políticas.

El padre abad recibió con un abrazo muy fuerte a Juan y Laura. Apenas llevaban un mes de casados, y quería decirles tantas, tantas cosas… Fueron juntos al despacho de la parroquia. Hablaron sobre el viaje de bodas, los regalos, los planes para el futuro inmediato.

Al final, con un tono de voz lleno de cariño, el padre abad abrió su alma para darles un generoso paquete de consejos. «Supongo que ya les habrán dicho tantas cosas. Si me permiten, como les conozco desde niños, también quería decirles unas palabras ahora que inician una nueva etapa.

Los veo muy felices y muy enamorados. Agradezcan a Dios el don del cariño que se tienen, y cuídenlo mucho. No se acostumbren a vivir juntos: cada día debe ser algo nuevo, maravilloso, propio de verdaderos enamorados. No dejen de decirse una y otra vez que se aman.

No lo supongan: necesitan recordárselo con las palabras y con los gestos. Que el tiempo no ponga polvo de rutina entre ustedes. Admírense del amor que se tienen. Puede pasar la belleza del cuerpo, puede venir una enfermedad, puede llegar un momento en el que falte el dinero en casa.

Pase lo que pase, Juan y Laura, cada uno es un don maravilloso para el otro. Por eso, no dejen de tener detalles de cariño. Los tuvieron cuando eran novios y cada uno quería conquistar al otro. Ahora también tienen que “conquistarse”. Juan, ponte guapo, de verdad, cuando estés con Laura.

Laura, ya eres muy hermosa, pero no dejes de mantenerte bella para Juan. Tengan a Dios en el primer lugar dentro de la casa y fuera de ella. Dios nos ha creado, y quiso que el ser humano fuese varón y mujer. Son complementarios, están hechos el uno para el otro, y desde esa complementariedad son fecundos.

Reciban por eso como una enorme bendición de Dios cada hijo que empiece a vivir desde el amor que se tienen. Sí, ya sé que desean tener hijos. Ojalá vean a cada uno de ellos como un don de Dios. Lleguen como lleguen, lleguen en un buen momento o en un momento difícil, ámenlos y siéntalos siempre como una misión, como parte de ese amor que ahora les acaba de unir como esposos.

Si no llegan… dejen esto en manos de Dios. El hijo no es nunca un derecho: es un don. Esperarlo es correcto, pero no como una posesión. Amarlo es un deber dulce y agradable, si Dios lo envía, porque nace del amor y para el amor. No se ahoguen mutuamente: cada uno tiene su personalidad.

Pero ahora esa personalidad ha dado un sí al otro, a la otra, y ese sí hará posible el milagro de dejar los propios caprichos para contentar a quien tanto se ama. En ese contentar al otro hay que saber dejarle un cierto espacio de libertad, pero sin que se rompa la unidad que el matrimonio acaba de crear.

Son el uno para el otro: esa es la mejor manera de armonizar la libertad que Dios les ha dado para amar. Por eso, no se “sofoquen”, no quieran ver al otro como una posesión, no busquen anularlo ni destruir las cualidades que Dios ha puesto en su corazón.

Muchos matrimonios se destruyen cuando uno pretende tener al otro siempre a sus pies, sometido en todo a sus gustos. Y también fracasan cuando los esposos viven en la actitud de quien espera conservar la propia “personalidad” y no quieren ceder nunca ni en nada lo que hasta ahora ha sido su estilo de vida.

Empezar así el matrimonio es lo mismo que comprar todos los boletos para el fracaso. El amor va hacia lo opuesto: si quieren triunfar como esposos, acepten el camino de la renuncia del propio gusto para contentar al otro, en todo lo que no ofende a Dios.

De verdad, es maravilloso encontrarse esposos de muchos años que todavía viven totalmente el uno para hacer feliz al otro. Así me gustaría verles siempre a ustedes. Hay que estar alerta ante el peso del egoísmo, o cuando uno se encierra dentro de sí mismo para defender “sus derechos”.

Ceder no es sinónimo de debilidad, si cedemos en cosas accesorias. Ceder es parte del amor que desea dar contento al amado. Así me gustaría verles siempre, felices porque buscan hacer feliz al otro. No olviden que no somos perfectos. Ni tú, Juan, ni tú, Laura. Por eso hay que tener una actitud continua de superación, para salir de los baches.

A la vez, hay que tener un gran espíritu de perdón, para que nunca el defecto que veas en el otro te lleve a empañar ese amor tan fresco que ahora se tienen. Comenten lo que sienten, lo que piensan, y tomen las decisiones en común. No quieran “triunfar” sobre el otro.

Tampoco se guarden dentro dudas o inquietudes que crecen hasta convertirse en auténticos enemigos del amor. Busquen tiempo para abrir eso que llevan dentro, con realismo y sencillez. Nunca acepten una suposición contra el otro, ni menos críticas que se escuchen desde fuera.

Trabajen por ser trasparentes y limpios, como el agua cristalina, pero sin durezas. Si hay que reprochar algo objetivo, díganlo con tanto cariño que hasta dé gusto el estirón de orejas… Dios les ha amado desde toda la eternidad, les ama ahora, les amará siempre.

Dejen a Dios el mejor lugar en la familia. Búsquenlo en la confesión si alguna vez el pecado ha llegado a la propia vida. Recíbanlo limpiamente, cada domingo, en la santa Misa, donde les espera como esposos. Busquen momentos como familia para rezar juntos, para leer la Biblia, para ayudar más a la parroquia y a tantas personas necesitadas.

En lo que esté de mi parte, cuenten conmigo. He visto matrimonios muy hermosos que han fracasado por una tontería. He visto matrimonios que han pasado por pruebas muy duras, pero han salido adelante. He visto matrimonios que “siguen” por inercia, pero aburridos, sin fuego, sin cariño, sin amor. ¡Cómo me gustaría que no pasase esto entre ustedes!

El mundo en el que vivimos no ayuda a vivir bien el matrimonio. Pero Dios es más fuerte que el mundo. Con Dios pueden ser una pareja santa y feliz. Así lo deseo de corazón. Quisiera verles siempre como ahora, como tórtolas enamoradas, o incluso cada día más y más tiernos y delicados. Ya ven, me salió un sermón de nuevo.

Es el vicio que tengo desde hace años. Pero no se pueden imaginar la alegría que siento al verles unidos en el matrimonio según Jesucristo. Que Él les acompañe siempre. Que el Espíritu Santo les bendiga en sus pensamientos, en sus palabras, en sus acciones.

Y que la Virgen María y san José les enseñen cómo se vive de verdad en una familia que busca en todo, siempre, hacer lo que agrada a Dios y lo que agrada al propio esposo, a la propia esposa, a los hijos. Que Dios les bendiga mucho. Y, si Él así lo dispone desde el amor que ya ha sido bendecido por el matrimonio, les espero pronto para el bautismo del primer hijo…».

El autor de esta historia, se llema Fernando Pascual. Yo solo se la tomé prestada para compartirla contigo. Si te ha hecho bien, reza pues, una breve oración por Fernando en acción de gracias por sus palabras.

Por mi parte un gran cariño y hasta nuestro próximo encuentro.

 

Pablo Córdoba

Tu amigo escritor

P.D.  Si sientes necesidad de contarme asuntos sobre tu matrimonio o quieres preguntarme algo en particular o pedir alguna pauta para resolver algún inconveniente conyugal, puedes hacerlo respondiendo a esta dirección de correo o a contacto@pablocordoba.com

Recuerda que siempre será un gusto escucharte.

 

 

 

 

 

 

Difruta de este video y luego, cuéntame por favor, cuál es la frase que más te impactó. Escríbela en comentarios, aunque no la recuerdes textualmente, dejala escrita con tus palabras.

Muy agradecido, Pablo Córdoba.

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Muy agradecido, Pablo Córdoba.

 

“Que la Iglesia no se meta en mi cama…”. “Que no me diga a mí lo que debo hacer con mi sexualidad…”. “Yo con mi sexualidad hago lo que quiero…”

Suele escucharse en alguna reunión familiar o en la calle. Y es verdad.

La Iglesia no puede prohibirnos… ni decirnos lo que debemos hacer o dejar de hacer en nuestra intimidad, pero de allí a que no tenga nada que decir sobre la sexualidad… ¿A ti qué te parece?

Un fuerte abrazo,

Pablo Córdoba

Tu amigo escritor

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