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Pablo Córdoba, tu amigo escritor.
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El amor y la fe derrotan la separación
Alfonso y Betti cuentan la historia de una separación que se ha resuelto con una renovación de las promesas matrimoniales y de un amor todavía más grande

Por Antonio Gaspari

CIUDAD DEL VATICANO, 28 de mayo de 2013 (Zenit.org) – Durante la Vigilia de Pentecostés el 18 de mayo, antes del encuentro del papa Francisco con los movimientos, las nuevas comunidades, las asociaciones y las agregaciones laicales en peregrinación a la tumba del apóstol Pedro, hubo diversos testimonios.

Publicamos el de Alfonso y Betti Riccucci, una pareja que vive su espiritualidad en la Renovación Carismática Católica.

Betti: Alfonso y yo nos conocimos en 1983 y después de tres años de noviazgo decidimos casarnos. Único motivo: estábamos enamorados. La boda la celebramos en la iglesia, exclusivamente por el “lugar” y a ninguno de los dos se le ocurrió invitar a Jesús y a su Madre.

Ni siquiera el curso prematrimonial desarraigó nuestra convicción de que la elección de un matrimonio por la iglesia no tenía nada que ver con la fe.

Pronto llegó el feliz nacimiento de dos espléndidos hijos, un niño y una niña. Mientras tanto comenzaron los primeros síntomas de un gran inconveniente que estaba a punto de caer sobre nosotros, al que no sabíamos dar un nombre.

Eran agujeros en el alma que pueden ser rellenados sólo con el amor de Dios pero que cada uno de nosotros intenta llenar con otras cosas: el trabajo, el deporte, los encuentros con los amigos, el cuidado excesivo del cuerpo para combatir los signos del tiempo.

Yo me convencí de que la única solución a nuestro mal era tener más niños, pero con tan solo treinta años me encontré con un diagnóstico médico irreversible, no podía tener más hijos. Esto acentuó crisis posteriores. En enero del 2009 mi marido se fue de casa, después de haber escuchado una frase terrible por mi parte “ya no te quiero”.

En los meses de separación vivimos en ciudades diferentes y nos hicimos mucho daño en “palabras y obras”: ninguno podía perdonar al otro por todo el no amor recibido en 23 años.

Alfonso: Recuerdo la desilusión, el sufrimiento de esos días. El deseo de que mi vida acabase cuanto antes. Había perdido todo lo que más quería y no tenía ninguna esperanza de encontrar la paz.

Tuve la gracia de encontrarme con algunos amigos que habían decidido poner sus vidas en las manos de Jesús. Me acompañaron al encuentro con ese Dios que yo creía lejano, pero que sin embargo se estaba haciendo cercano.

Aprendí a perdonar y a rezar por mi familia perdida. Confié a la Virgen a Betti y a los niños y encontré la paz en la amistad con Jesús. Descubrí, aún en el sufrimiento, la fuerza y la belleza de la vida.

Betti: En octubre de ese mismo año nos encontramos en los tribunales para la sentencia definitiva. Mi marido, discutiendo con su abogado, dijo que no quería quedarse con nada, que me daría cada mes lo que yo pidiera, ofreciéndose a ayudarme en cualquier otra necesitad.

Pensé que era una estrategia para reconquistarme. Salí del tribunal, él me saludó y se fue sin pedir nada a cambio.

“Entonces es amor” pensé, “porque el amor es así, gratis”.

Lo paré y le invité a tomar un café para conocer a ese hombre que me parecía ver por primera vez. Entendí que estaba enamorado de Jesús y que Jesús le había dado la vida de nuevo.

Yo estaba sin palabras. Mientras tanto, yo también había comenzado un camino de fe. Después de haber hablado y habernos descubierto como personas nuevas decidimos recurrir a la atención de una sabia persona del movimiento al que hoy pertenecemos. Él nos ayudó a hacer luz sobre nosotros mismos y nos recordó que el matrimonio no es sólo una promesa que se hacen los novios delante de Dios, sino es Dios mismo que promete conceder la gracia de amar como Él.

Volvimos a casa juntos y desde esa misma noche nuestro matrimonio volvió a vivir: hoy no dejamos de dar gracias a Jesús. Al que le debemos toda nuestra gratitud, nuestro amor, nuestra vida.

El 14 de septiembre del 2011 presentación de la Santa Cruz, celebramos lo 25 años de matrimonio con una ceremonia litúrgica en la que los invitados de honor eran precisamente Jesús y María.

 
 

Actualmente estoy ayudando a mejorar problemas de comunicación a varios matrimonios. Pensando en ellos y buscando una manera gráfica de ayudarles, he preparado esta corta historia. Espero te guste, te ayude y te anime a ser mejor.

Por el modo de golpear, no podría ser otra persona. Pero, ¿qué lo traería de visita un domingo a la hora del almuerzo? Algo andaría mal –pensó mientras fue en la búsqueda de las llaves.

“Se saludaron con un tímido abrazo. Nunca habían sido muy confidentes, pero desde el nacimiento de los nietos, la relación entre ellos había mejorado bastante.

–¿A qué se debe el honor? –le dijo con una corta carcajada que denotaba preocupación y alegría al mismo tiempo.

–¡Está loca! Ya me tiene harto con eso de que no la escucho –dijo el visitante con el brío de quien goza de buena salud después de los cuarenta. El mismo que, ocho años atrás, había prometido amor eterno.

–Debe ser verdad –le respondió el padre, mientras lo invitaba a pasar a la cocina para compartir un plato de sopa.

–Dice que no le prestó atención, que no valoro sus esfuerzos. Repite siempre el mismo versito:”me prestas las orejas, pero no me escuchas”

–¿Y tú la miras a los ojos unos instantes cuando te habla o sigues mirando televisión como si nada? –le dijo con una cómplice sonrisa, mientras encendió la hornalla y puso a calentar la sopa.

–Pareciera que no se da cuenta que vuelvo cansado; que salgo a las siete de la mañana y que no regreso hasta la cena. Te juro que no le falta nada ni a ella ni a los niños.

–¿Y no se te ha ocurrido pensar que ella también llega a la noche cansada? –le interrumpió, llevando una mano hasta el hombro de su hijo. ¿Nunca te has preguntado cómo se siente? –le dijo después de tomar asiento.

–Pero Papá… Si tiene todo lo que necesita…

–¿Te parece? –insistió el sexagenario, al tiempo que sirvió una cucharón de sopa y buscó en el cajón de los cubiertos una cuchara.

–Yo sé que eres un hombre trabajador, hijo mío. Y un buen padre para tus hijos, pero me parece que como esposo…
“El hijo se quedó en silencio. Jamás hubiera imaginado que, aquel hombre que había sido frío y distante con su esposa, le fuera a dar una respuesta como esa. Su padre continuó diciendo:

–Yo también creí que con aquel “te quiero” que le dije de novios y el “sí” que le di en la Iglesia era suficiente, que con traer dinero alcanzaba… Pero no.

“La sopa se estaba enfriando, aún sin ser probada. Cuantos momentos hermosos había vivido en aquella cocina que ya no olía a tostadas con manteca ni a pollo al horno con papas. Todo lucía tan diferente, tan triste, tan abandonado…

–Son los mismos reproches que me hacía tu madre. Pero no los supe ver. Raras vez la miraba. No me di cuenta de que mis faltas de cariño le habían resecado sus manos envejecidas y no el detergente, como ella decía.

No supe reconocer en cada mesa bien servida el amor a la familia -dijo con nostalgia. Ahora comprendo que, aquellas flores que solía poner sobre la mesa del comedor, eran por los aniversarios. Ahora que nadie riega las plantas ni me prepara el flan con caramelo para el día de mi cumpleaños… Ahora -dijo con los ojos mojados.

“Se levantó y sin que su hijo le alcanzara a ver los ojos humedecidos fue hasta la habitación. El hijo se quedó mirando la sala del comedor. La misma que ahora, su padre atravesaba para regresar con un cofre entre las manos.

Lo dejó sobre la mesa y con la euforia propia de quien va a revelar un secreto, lo abrió con cuidado. Con mano temblorosa sacó una bolsita de terciopelo azul atada con un tiento oscuro. Desató el nudo y sacó de adentro una joya que parecía haber permanecido dormida en el tiempo.

–Era de tu madre. Se lo compré con el premio que recibí al jubilarme –dijo con el tono del guerrero que siente orgullo de sus hazañas.

–Creo no habérselo visto puesto –le respondió embelesado, como si estuviera viendo en la reliquia, la dulce sonrisa de su madre enferma.

–No tuvo tiempo. Por eso nunca se lo viste puesto. A mí me gustaría… –le estaba diciendo cuando un nudo en la garganta lo dejó en silencio.

El hijo interpretó que se lo quería entregar como regalo para su esposa. Vio en el gesto, la excusa perfecta para sanar la crisis por la que pasaba su matrimonio… Entonces, para evitarle el transe vergonzoso de hablar emocionado, le preguntó si quería que se lo regalara a su esposa.

–No. –sentenció el padre mirándole a los ojos. No quiero que cometas el mismo error que yo cometí durante mucho tiempo. Tu esposa no necesita de un reloj nuevo. Solo necesita un poco más de tu tiempo.

Pablo Córdoba.
 
 
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Por: María José Mancino

(AA) El amor, específicamente el amor conyugal, está amenazado por todos los sectores de la sociedad, los medios de comunicación, los espacios socioculturales, las políticas de estado y finalmente por nosotros mismos.
 

 
A nivel psicológico-emocional, la cultura del narcisismo y el “ombligismo” intenta convencernos acerca de la comodidad de quedarnos en la frontera del yo y no mantener vínculos comprometidos y estables.
 
¿Fidelidad y compromiso con mucho humor y alegría?
 
El amor conyugal es justamente eso, la alegría de ser exclusivo, fiel y feliz. Esto requiere de una buena dosis de voluntad, compromiso y de pensar un poco más en esa persona que se supo elegir. La identidad de la persona, que ha comenzado valientemente el camino del amor, se fortalece, desarrolla y madura más.
 
El miedo a perder ese terrible perímetro de hedonismo, desaparece. Es aquí donde se gana la primera lucha: trascender los límites de uno mismo para ser originales y creativos. Pongamos al amor de moda, sin miedo y sin tapujos, atrévete a decir: “Sí quiero”.
 

Dra. María José Mancino

Medica Psiquiatra
Master en Psiconeuroinmunoendocrinologia
 
 

 
 
Es probable que ya estés CANSADO de tu matrimonio y de que tengas la clara sensación de que lo mejor es la SEPARACIÓN.

Tal vez ya te hayas imaginado una vida “libre y feliz” sin tu cónyuge y crees que tus hijos lo superarán sin que esto deje secuelas en sus vidas…

Podrás decirme que ya no sientes nada por tu esposo/a, que lo “quieres” pero que no lo “amas”; que entre ustedes, no solo que ya no hay pasión ni sentimientos; sino que la distancia ha maracado un abismo.

Cuando todo te hace pensar que no hay otra opoción. Yo te digo:¡NO TE SEPARES!

¡¡Hay una opción!! ¡¡Hay una salida!!

No importa las veces que lo hayas intentado o que alguna de las partes no esté dispuesta a dialogar, que ya estén separados o tengan el marcha el divorcio. ¡No importa!

¡¡¡NUNCA ES TARDE PARA RECUPERAR TU MATRIMONIO!!!

Hay dos maneras en las que yo te puedo ayudar a evitar la separación o a recuperar tu matrimonio si ya están separados o divorciados.

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2. Si vives en cualquier otra cidudad del mundo, pincha aquí.

Infórmate, participa, aprende, descubre y antetodo NO PIERDAS LAS ESPERANZAS. Recuerda que para Dios no hay IMPOSIBLES.


Pablo Córdoba

 
 
 
 

 
 

Algunos matrimonios me han comentado en sus consultas que sienten una especie de bajón o desánimo, no sólo ante la vida, sino también en sus matrimonios. Algunos de ellos se lo atribuyen al hecho de que no han podido tener hijos. Pensé en ellos cuando leí este artículo donde se comentan algunas ideas del escritor Piero Ferruci.

Otros, han acudido a mí, con alguna de las partes ya convencida de que lo mejor para ambos y en especial para lo chicos, cuando existen, es acabar con ese matrimonio en crisis y probar con la separación, al menos por un tiempo -suele acotar el qeu lo propone.

Se los dejo porque lo veo claro, alentador y porque estoy seguro de que encontrarás en él alguna idea que te ayude a encontrar la solución a tus problemas,

A continuación el artículo.

El último libro de Piero Ferruci, “Nuestros maestros los niños” ya ha sido traducido a 11 idiomas. Allí él dice: “Ha hecho falta tiempo, pero al final me he dado cuenta: la relación con mis hijos pasa a través de la relación con mi mujer. No puedo tener con ellos una buena relación si mi relación con ella no es buena”.

La experiencia clínica de Ferruci le ha demostrado que “cada ser humano es el resultado de la relación entre dos individuos:su padre y su madre. Y esa relación sigue viviendo dentro de nosotros como una armonía bellísima o como una laceración dolorosa.

La relación entre nuestros progenitores -dice Ferruci- nos constituye en lo que somos. Y esto es verdad también en la época de la familia dormitorio, de los progenitores single, de la fecundación artificial, de la manipulación genética, de los vientres de alquiler, de los bancos de espematozoides… Un niño siente con todo su ser la relación entre sus progenitores, sea cual sea, la siente en sí mismo.

Si la relación está envenenada, el veneno circulará por su organismo. Si la atmósfera no es armoniosa, crecerá en la disonancia. Si está llena de ansias e inseguridades, también su futuro será incierto”.

La conclusión entonces parece clara: si quieres ser un buen padre, sé un gran marido. Si quieres ser una buena madre, sé una gran compañera para tu marido. Esto que parece simple, en la práctica no lo es. ¿Por qué? Ferruci responde en primera persona, con gran humildad:

A veces he olvidado esta realidad. He tenido demasiada confianza. Sabiendo que nuestra relación va bien, la he dejado allí”. Abandonada la relación a su propia suerte, pronto aparecen los disgustos, las recriminaciones. Cuando un matrimonio reacciona a tiempo y recupera lo bello de su amor, los primeros en darse cuenta son los hijos. Y cuenta su propia experiencia, después de una temporada en que, obsesionado por escribir sus libros, comenzó a levantarse a las 5 de la mañana y a pasar el día rabiando por el ruido y las interrupciones:

“Comencé a sentirme deprimido, algo no andaba bien. Al fin comprendí lo que sabía pero no quería admitir. El orden de mis prioridades estaba equivocado.

Decidí devolver a Vivien, mi mujer, un marido que no se cayera de sueño. Después ocurrió algo sutil y sorprendente. Mejoró la relación entre Emilio y Vivien. No es que fuese una relación mala, pero había algo que no me gustaba. A menudo Emilio era descortés con ella y hablaba conmigo como si Vivien no existiera, ignorándola como el machista más encallecido. Después lo he entendido: Emilio me mostraba cuál era mi actitud hacia Vivien… Era yo quien la transformaba en una sombra. Por fortuna me di cuenta a tiempo”.

¿Cómo mantener y mejorar constantemente la relación conyugal? Este autor italiano es un gran romántIco y cree que la fuente de amor para los esposos radica en el recuerdo de sus mejores momentos.

“Al contrario de lo que muchos piensan, yo creo que el hecho de enamorarse es el instante más auténtico de la relación entre dos personas; es cuando ellas ven que todas las posibilidades se abren ante ellas, cuando tocan la esencia y belleza del amor… Ante los ojos de mi mente desfilan nuestros momentos más luminosos: el primer paseo juntos, la decisión de casarnos una tarde de septiembre, Vivien que acude a recibirme al aeropuerto un día de lluvia, el concierto durante el embarazo de Emilio…

Todo eso es el origen, la fuente: el lugar en que todo va bien y es perfecto. Resulta positivo regresar de vez en cuando a los orígenes y beber de aquella fuente de agua pura”.


P.D.
Espero te ayude a comenzar a resolver tu situación y revertirla.

Pablo Córdoba
Tu amigo escritor

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