por Pablo Córdoba | 3 Comentario
Fuimos compañeros de la escuela primaria y, pese al tiempo transcurrido se mantiene una cariñosa amistad. Nos encontramos en la puerta de la entidad financiera. Hoy es el gerente de una de la áreas del banco.
-Llevo un tiempo separado de mi esposa -me dijo cuando le pregunté por su familia. Mis hijos están con ella. Los veo poco. “He cambiado calidad por cantidad”.
Yo no salía del asombro. Un hombre que lo tenía todo: esposa, hijos sanos, una bonita casa y un auto moderno… y ahora no tenía nada.
-No es por justificarme pero, a los profesionales de tiempo completo nos pasa lo mismo: nos quedamos sin familia.
-¿Pero estás loco? ¡Serás un profesional frustrado! -le dije con tono de preocupación.
-No puedo hacer otra cosa. Mi esposa me pidió que me fuera de casa. Asegura que no me quiere más… que me quiere, pero que no me ama… ¿Qué más puedo hacer?
-Puedes recuperar tu esposa, tu matrimonio, tus hijos… tu familia.
-Hice todo lo que pude. Hice terapia, voy a Yoga… Bajé quince kilos… pero ya estoy mejor. Rento un apartamento y llevo los niños a la escuela. ¡Ya estoy bien!
-Yo ayudo a otros esposo en situación similar a recuperar sus matrimonios. ¡Es posible! ¡Esas situaciones tienen solución! ¡Muchos lo han logrado!
-Es tarde -me dijo en tono de sentencia. Estoy por iniciar los trámites de divorcio…
-¿Por qué?
-Porque debo cambiar el automóvil -fue su respuesta-. Frente a esa “respuesta” yo me quedé sin palabras… ¿Romper el matrimonio, para vender el coche?
Pablo Córdoba.
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por Pablo Córdoba | 5 Comentario
Era un buen hombre. Serio, responsable y con ideales. Estaba casado, tenía dos hijos. Era ejecutivo en una importante empresa internacional, a la que había ingresado de joven como pasante.
Por su cargo no cumplía horario dentro de la empresa, pero por sus obligaciones solía estar siempre a primera hora y nunca llegaba a casa antes de la cena.
Después del trabajo seguían las actividades. Los lunes entrenaba en un gimnasio cerca de su casa. Los martes cursaba un postgrado en la Universidad de la ciudad.
Los jueves tenía una cita sagrada: se reunía a con sus amigos a comer, tomar unos vinos y conversar de manera distendida. Los viernes, solía volver a casa “temprano”.
No tenía tiempo para asistir a las reuniones de su hijos del colegio, mucho menos para llevarlos al médico o al dentista. Le resultaba imposible llevarlos a un cumpleaños o ayudarle con las tareas de la escuela.
El joven entusiasta que trece años atrás había dicho Sí en el Altar por que quería formar una familia, amar a su esposa, tener hijos y ser feliz… Se había convertido en el hombre sin tiempo.
Sin tiempo para la esposa, para los hijos… para la familia. Un buen díatambién se quedó sin trabajo.
Cuando quiso regresar a casa y encontrar consuelo descubrió que, además de quedarse sin tiempo, se había quedado sin esposa, sin hijos y sin familia.
Pablo Córdoba.
P.D. Si tienes alguna sugerencia para hacerle al hombre que se quedó sin tiempo, puedes dejarla en comentarios. Y si conoces algún hombre que esté en una situación similar, puedes regalarle el libro: Cómo darle Sentido a tu Vida que estoy seguro le ayudará a valorar su familia y a administrar mejor su tiempo.
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