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Pablo Córdoba, tu amigo escritor.
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LA VERDAD DEL MATRIMONIO, ALGO INEXPLICABLE

Lean hasta el final esta historia. Contiene un mensaje muy bello. Nunca pierdan la chispa que los unió ni pierdan esos pequeños detalles. Para todos los casados, solteros y próximos a casarse. Espero les agrade y lo tomen en cuenta

HISTORIA SOBRE DE UN MATRIMONIO

Cuando llegué a casa esa noche mientras mi esposa servía la cena, la tomé de la mano y le dije: tengo algo que decirte. Ella sólo se sentó a comer en silencio. Yo podía observar el dolor en sus ojos.
De pronto ya no sabía cómo abrir mi boca. Pero tenía que decirle lo que pensaba.

– Quiero el divorcio……le dije lo más suave que pude.
Mis palabras parecieron no molestarle. Al contrario, muy tranquilamente me preguntó:

– ¿Por qué?

Evité su pregunta con mi silencio, esto la hizo enfurecer. Tiró los utensilios y me gritó,

– ¡no pareces hombre!

Esa noche, ya no hablamos más. Ella lloraba en silencio. Yo sabía que quería saber qué le había pasado a nuestro matrimonio. Pero yo no hubiera podido darle una respuesta satisfactoria. Mi corazón ahora le pertenecía a Eloísa. Yo ya no la amaba, sólo me daba lástima.

Con un gran sentido de culpa, redacté un acuerdo de divorcio en el que le daba nuestra casa, nuestro auto y un 30% de las acciones de mi empresa.

Después de leerlo ella lo rompió en pedazos. La mujer que había estado tantos años de su vida conmigo ahora era una extraña. Me sentí mal por todo ese tiempo y energía que desperdició conmigo. Todo eso que yo nunca le podría reponer. Pero ahora ya no había marcha atrás, yo amaba a Eloísa.

Por fin mi esposa soltó el llanto frente a mí, eso era lo que yo esperaba desde el principio. Verla llorar me tranquilizaba un poco, ya que la idea del divorcio que me preocupaba tanto ahora era más clara que nunca.

Al día siguiente, llegué a casa muy tarde y ella estaba en la mesa escribiendo algo. Yo no había cenado, había pasado un día muy intenso con Eloísa y tenía más sueño que hambre y mejor me retiré a dormir.

Desperté en la madrugada, ella todavía estaba escribiendo. La verdad no me importó y sólo me acomodé de nuevo en cama y seguí durmiendo.

En la mañana me presentó sus condiciones para aceptar divorciarse: No quería nada de mí, pero necesitaba un mes antes de firmar el divorcio, me pidió que en ese mes tratáramos de vivir una vida lo más normal posible. Sus razones eran simples: nuestro hijo tenía unos exámenes muy importantes en este mes y no lo quería mortificar con la noticia del matrimonio frustrado de sus padres.

Esto era algo en lo que yo también estaba de acuerdo. Pero había más, me pidió que me acordara como la cargué el día de nuestra boda.
Quería que cada día de este mes, la cargara de nuestro cuarto hasta la puerta de la casa……. pensé que se estaba volviendo loca. Pero decidí aceptar este raro requisito con tal de que este mes pasara sin más peleas o malos momentos.

Le comenté a Eloísa de las condiciones que puso mi esposa… se rió bastante y pensó que era muy absurdo. Dijo en tono burlón: no importa los trucos que se invente, tiene que aceptar la realidad: que se van a divorciar.

Desde que le expresé mis intenciones de divorcio mi esposa y yo no teníamos ningún contacto íntimo. El primer día que la cargué se me hizo un poco difícil. Nuestro hijo nos vio y aplaudió de felicidad al vernos y dijo, papá me da gusto que quieras mucho a mi mama. Sus palabras me causaron un poco de dolor. Desde nuestra habitación hasta la puerta de enfrente caminé como diez metros con ella en mis brazos. Ella cerró sus ojos y me dijo al oído que no le dijera al niño del divorcio. Me sentí muy incómodo, la bajé y ella caminó a tomar el autobús para ir a trabajar. Yo manejé solo a mi trabajo.

El segundo día fue un poco más fácil. Ella se recargó ligeramente en mi pecho. Podía oler la fragancia de su blusa. Me di cuenta que desde hace tiempo no le había puesto mucha atención a esta mujer. Me di cuenta que ya no era tan joven, había un poco de arrugas en su cara, su pelo ya mostraba canas. Ése era el precio de nuestro matrimonio. Por un minuto me pregunté que si yo era el responsable de esto.

Al cuarto día, cuando la cargué sentí que regresaba un poco de intimidad. Esta era la mujer que me había dado diez años de su vida.
El quinto y sexto día, me di cuenta de que el sentimiento crecía otra vez. No le platiqué nada de esto a Eloísa. Conforme los días pasaban se me hacía más fácil cargarla. Quizás el ejercicio de hacerlo me estaba haciendo más fuerte.

Una mañana la vi que estaba buscando un vestido para ponerse, pero no encontraba nada que le quedara bien. Sólo suspiró y dijo, todos mis vestidos me quedan grandes. Es ahí donde me di cuenta que por eso se me hacía muy fácil cargarla. Estaba perdiendo mucho peso, estaba muy pero muy delgada.

De repente entendí la razón……estaba sumergida en tanto dolor y amargura en su corazón. Inconscientemente le toqué la frente.
Nuestro hijo entró en ese momento y dijo, Papa es tiempo de que cargues a mama. El ver a su papa cargar a su mamá todos los días se le había hecho costumbre. Mi esposa le dio un fuerte abrazo. Yo mejor miré hacia otro lado por temor a que esta conmovedora imagen me hiciera cambiar de planes. Entonces la cargué, y empecé a caminar hacia la puerta, su mano acarició mi cuello, y yo la apreté fuerte con mis brazos, justo como el día que nos casamos.

Pero su estado físico me causó tristeza. En el último día, cuando la cargué sentí que no me podía ni mover. Nuestro hijo ya se había ido a la escuela. La abracé fuerte y le dije, nunca me di cuenta que a nuestra vida le hacía falta algo así.

Me fui a trabajar…..salté fuera de mi auto sin poner llave a la puerta. Temía que en cualquier momento pudiera cambiar de opinión… subí las escaleras. Eloísa abrió la puerta y le dije

– Lo siento mucho pero ya no me voy a divorciar.

No podía creer lo que le estaba diciendo, hasta me tocó la frente y me pregunto si tenía fiebre. Quité su mano de mi frente y le dije de nuevo:

Lo siento Eloísa, ya no me voy a divorciar. Mi matrimonio era muy aburrido porque ni ella ni yo supimos apreciar los pequeños detalles de nuestras vidas. No porque ya no nos amaramos. Ahora me doy cuenta que cuando nos casamos y la cargué por primera vez esa responsabilidad es mía hasta que la muerte nos separe.

Eloísa en este momento salió del shock y me dio una fuerte bofetada, y llorando cerró su puerta. Corriendo bajé las escaleras y me fui de ahí.
Paré en una florería, ordené un bonito ramo para mi esposa. La chica me preguntó qué le ponía a la tarjeta. Sonreí y escribí, “Siempre te llevaré en mis brazos hasta que la muerte nos separe”

Esa noche cuando llegué a casa, con las flores en mis manos y una sonrisa en mi cara, subí a nuestro cuarto… sólo para encontrar a mi esposa en su cama… estaba muerta.

Los pequeños detalles es lo que de verdad importa en una relación. No la mansión, el carro, propiedades o dinero en el banco. Estos crean un falso sentido de felicidad que no lo es todo. Mejor encuentra tiempo para ser el amigo de tu esposo o esposa, y tómense todo el tiempo necesario con esos pequeños detalles que hacen la diferencia. Que tengan un feliz matrimonio.

No soy el autor de esta historia, solo la corté y la pegué para compartirla contigo. No creo que sea cierta, pero si me parece muy cierto lo que dice.

Pablo Códoba
Tu amigo escritor

Un exitoso, frustrado

por Pablo Córdoba | 3 Comentario

Fuimos compañeros de la escuela primaria y, pese al tiempo transcurrido se mantiene una cariñosa amistad. Nos encontramos en la puerta de la entidad financiera. Hoy es el gerente de una de la áreas del banco.

-Llevo un tiempo separado de mi esposa -me dijo cuando le pregunté por su familia. Mis hijos están con ella. Los veo poco. “He cambiado calidad por cantidad”.

Yo no salía del asombro. Un hombre que lo tenía todo: esposa, hijos sanos, una bonita casa y un auto moderno… y ahora no tenía nada.


-No es por justificarme pero, a los profesionales de tiempo completo nos pasa lo mismo: nos quedamos sin familia.

-¿Pero estás loco? ¡Serás un profesional frustrado! -le dije con tono de preocupación.

-No puedo hacer otra cosa. Mi esposa me pidió que me fuera de casa. Asegura que no me quiere más… que me quiere, pero que no me ama… ¿Qué más puedo hacer?

Puedes recuperar tu esposa, tu matrimonio, tus hijos… tu familia.

-Hice todo lo que pude. Hice terapia, voy a Yoga… Bajé quince kilos… pero ya estoy mejor. Rento un apartamento y llevo los niños a la escuela. ¡Ya estoy bien!

-Yo ayudo a otros esposo en situación similar a recuperar sus matrimonios. ¡Es posible! ¡Esas situaciones tienen solución! ¡Muchos lo han logrado!

-Es tarde -me dijo en tono de sentencia. Estoy por iniciar los trámites de divorcio…

-¿Por qué?

-Porque debo cambiar el automóvil -fue su respuesta-. Frente a esa “respuesta” yo me quedé sin palabras… ¿Romper el matrimonio, para vender el coche?


Pablo Córdoba.

 
 

Era un buen hombre. Serio, responsable y con ideales. Estaba casado, tenía dos hijos. Era ejecutivo en una importante empresa internacional, a la que había ingresado de joven como pasante.

Por su cargo no cumplía horario dentro de la empresa, pero por sus obligaciones solía estar siempre a primera hora y nunca llegaba a casa antes de la cena.

Después del trabajo seguían las actividades. Los lunes entrenaba en un gimnasio cerca de su casa. Los martes cursaba un postgrado en la Universidad de la ciudad.

Los jueves tenía una cita sagrada: se reunía a con sus amigos a comer, tomar unos vinos y conversar de manera distendida. Los viernes, solía volver a casa “temprano”.

No tenía tiempo para asistir a las reuniones de su hijos del colegio, mucho menos para llevarlos al médico o al dentista. Le resultaba imposible llevarlos a un cumpleaños o ayudarle con las tareas de la escuela.

El joven entusiasta que trece años atrás había dicho Sí en el Altar por que quería formar una familia, amar a su esposa, tener hijos y ser feliz… Se había convertido en el hombre sin tiempo.

Sin tiempo para la esposa, para los hijos… para la familia. Un buen díatambién se quedó sin trabajo.

Cuando quiso regresar a casa y encontrar consuelo descubrió que, además de quedarse sin tiempo, se había quedado sin esposa, sin hijos y sin familia.

 

Pablo Córdoba.

P.D. Si conoces algún hombre que esté en una situación similar, puedes hacer click aquí y pensar en hacerle este excelente regalo.

 

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