Mi LinkedinMi TwiterMi FacebookRSS de las notas
Pablo Córdoba, tu amigo escritor.
Pablo Córdoba, tu amigo escritor.

Posts etiquetados con ‘me quiero separar’

 

El amor y la fe derrotan la separación
Alfonso y Betti cuentan la historia de una separación que se ha resuelto con una renovación de las promesas matrimoniales y de un amor todavía más grande

Por Antonio Gaspari

CIUDAD DEL VATICANO, 28 de mayo de 2013 (Zenit.org) – Durante la Vigilia de Pentecostés el 18 de mayo, antes del encuentro del papa Francisco con los movimientos, las nuevas comunidades, las asociaciones y las agregaciones laicales en peregrinación a la tumba del apóstol Pedro, hubo diversos testimonios.

Publicamos el de Alfonso y Betti Riccucci, una pareja que vive su espiritualidad en la Renovación Carismática Católica.

Betti: Alfonso y yo nos conocimos en 1983 y después de tres años de noviazgo decidimos casarnos. Único motivo: estábamos enamorados. La boda la celebramos en la iglesia, exclusivamente por el “lugar” y a ninguno de los dos se le ocurrió invitar a Jesús y a su Madre.

Ni siquiera el curso prematrimonial desarraigó nuestra convicción de que la elección de un matrimonio por la iglesia no tenía nada que ver con la fe.

Pronto llegó el feliz nacimiento de dos espléndidos hijos, un niño y una niña. Mientras tanto comenzaron los primeros síntomas de un gran inconveniente que estaba a punto de caer sobre nosotros, al que no sabíamos dar un nombre.

Eran agujeros en el alma que pueden ser rellenados sólo con el amor de Dios pero que cada uno de nosotros intenta llenar con otras cosas: el trabajo, el deporte, los encuentros con los amigos, el cuidado excesivo del cuerpo para combatir los signos del tiempo.

Yo me convencí de que la única solución a nuestro mal era tener más niños, pero con tan solo treinta años me encontré con un diagnóstico médico irreversible, no podía tener más hijos. Esto acentuó crisis posteriores. En enero del 2009 mi marido se fue de casa, después de haber escuchado una frase terrible por mi parte “ya no te quiero”.

En los meses de separación vivimos en ciudades diferentes y nos hicimos mucho daño en “palabras y obras”: ninguno podía perdonar al otro por todo el no amor recibido en 23 años.

Alfonso: Recuerdo la desilusión, el sufrimiento de esos días. El deseo de que mi vida acabase cuanto antes. Había perdido todo lo que más quería y no tenía ninguna esperanza de encontrar la paz.

Tuve la gracia de encontrarme con algunos amigos que habían decidido poner sus vidas en las manos de Jesús. Me acompañaron al encuentro con ese Dios que yo creía lejano, pero que sin embargo se estaba haciendo cercano.

Aprendí a perdonar y a rezar por mi familia perdida. Confié a la Virgen a Betti y a los niños y encontré la paz en la amistad con Jesús. Descubrí, aún en el sufrimiento, la fuerza y la belleza de la vida.

Betti: En octubre de ese mismo año nos encontramos en los tribunales para la sentencia definitiva. Mi marido, discutiendo con su abogado, dijo que no quería quedarse con nada, que me daría cada mes lo que yo pidiera, ofreciéndose a ayudarme en cualquier otra necesitad.

Pensé que era una estrategia para reconquistarme. Salí del tribunal, él me saludó y se fue sin pedir nada a cambio.

“Entonces es amor” pensé, “porque el amor es así, gratis”.

Lo paré y le invité a tomar un café para conocer a ese hombre que me parecía ver por primera vez. Entendí que estaba enamorado de Jesús y que Jesús le había dado la vida de nuevo.

Yo estaba sin palabras. Mientras tanto, yo también había comenzado un camino de fe. Después de haber hablado y habernos descubierto como personas nuevas decidimos recurrir a la atención de una sabia persona del movimiento al que hoy pertenecemos. Él nos ayudó a hacer luz sobre nosotros mismos y nos recordó que el matrimonio no es sólo una promesa que se hacen los novios delante de Dios, sino es Dios mismo que promete conceder la gracia de amar como Él.

Volvimos a casa juntos y desde esa misma noche nuestro matrimonio volvió a vivir: hoy no dejamos de dar gracias a Jesús. Al que le debemos toda nuestra gratitud, nuestro amor, nuestra vida.

El 14 de septiembre del 2011 presentación de la Santa Cruz, celebramos lo 25 años de matrimonio con una ceremonia litúrgica en la que los invitados de honor eran precisamente Jesús y María.

 
 

Actualmente estoy ayudando a mejorar problemas de comunicación a varios matrimonios. Pensando en ellos y buscando una manera gráfica de ayudarles, he preparado esta corta historia. Espero te guste, te ayude y te anime a ser mejor.

Por el modo de golpear, no podría ser otra persona. Pero, ¿qué lo traería de visita un domingo a la hora del almuerzo? Algo andaría mal –pensó mientras fue en la búsqueda de las llaves.

“Se saludaron con un tímido abrazo. Nunca habían sido muy confidentes, pero desde el nacimiento de los nietos, la relación entre ellos había mejorado bastante.

–¿A qué se debe el honor? –le dijo con una corta carcajada que denotaba preocupación y alegría al mismo tiempo.

–¡Está loca! Ya me tiene harto con eso de que no la escucho –dijo el visitante con el brío de quien goza de buena salud después de los cuarenta. El mismo que, ocho años atrás, había prometido amor eterno.

–Debe ser verdad –le respondió el padre, mientras lo invitaba a pasar a la cocina para compartir un plato de sopa.

–Dice que no le prestó atención, que no valoro sus esfuerzos. Repite siempre el mismo versito:”me prestas las orejas, pero no me escuchas”

–¿Y tú la miras a los ojos unos instantes cuando te habla o sigues mirando televisión como si nada? –le dijo con una cómplice sonrisa, mientras encendió la hornalla y puso a calentar la sopa.

–Pareciera que no se da cuenta que vuelvo cansado; que salgo a las siete de la mañana y que no regreso hasta la cena. Te juro que no le falta nada ni a ella ni a los niños.

–¿Y no se te ha ocurrido pensar que ella también llega a la noche cansada? –le interrumpió, llevando una mano hasta el hombro de su hijo. ¿Nunca te has preguntado cómo se siente? –le dijo después de tomar asiento.

–Pero Papá… Si tiene todo lo que necesita…

–¿Te parece? –insistió el sexagenario, al tiempo que sirvió una cucharón de sopa y buscó en el cajón de los cubiertos una cuchara.

–Yo sé que eres un hombre trabajador, hijo mío. Y un buen padre para tus hijos, pero me parece que como esposo…
“El hijo se quedó en silencio. Jamás hubiera imaginado que, aquel hombre que había sido frío y distante con su esposa, le fuera a dar una respuesta como esa. Su padre continuó diciendo:

–Yo también creí que con aquel “te quiero” que le dije de novios y el “sí” que le di en la Iglesia era suficiente, que con traer dinero alcanzaba… Pero no.

“La sopa se estaba enfriando, aún sin ser probada. Cuantos momentos hermosos había vivido en aquella cocina que ya no olía a tostadas con manteca ni a pollo al horno con papas. Todo lucía tan diferente, tan triste, tan abandonado…

–Son los mismos reproches que me hacía tu madre. Pero no los supe ver. Raras vez la miraba. No me di cuenta de que mis faltas de cariño le habían resecado sus manos envejecidas y no el detergente, como ella decía.

No supe reconocer en cada mesa bien servida el amor a la familia -dijo con nostalgia. Ahora comprendo que, aquellas flores que solía poner sobre la mesa del comedor, eran por los aniversarios. Ahora que nadie riega las plantas ni me prepara el flan con caramelo para el día de mi cumpleaños… Ahora -dijo con los ojos mojados.

“Se levantó y sin que su hijo le alcanzara a ver los ojos humedecidos fue hasta la habitación. El hijo se quedó mirando la sala del comedor. La misma que ahora, su padre atravesaba para regresar con un cofre entre las manos.

Lo dejó sobre la mesa y con la euforia propia de quien va a revelar un secreto, lo abrió con cuidado. Con mano temblorosa sacó una bolsita de terciopelo azul atada con un tiento oscuro. Desató el nudo y sacó de adentro una joya que parecía haber permanecido dormida en el tiempo.

–Era de tu madre. Se lo compré con el premio que recibí al jubilarme –dijo con el tono del guerrero que siente orgullo de sus hazañas.

–Creo no habérselo visto puesto –le respondió embelesado, como si estuviera viendo en la reliquia, la dulce sonrisa de su madre enferma.

–No tuvo tiempo. Por eso nunca se lo viste puesto. A mí me gustaría… –le estaba diciendo cuando un nudo en la garganta lo dejó en silencio.

El hijo interpretó que se lo quería entregar como regalo para su esposa. Vio en el gesto, la excusa perfecta para sanar la crisis por la que pasaba su matrimonio… Entonces, para evitarle el transe vergonzoso de hablar emocionado, le preguntó si quería que se lo regalara a su esposa.

–No. –sentenció el padre mirándole a los ojos. No quiero que cometas el mismo error que yo cometí durante mucho tiempo. Tu esposa no necesita de un reloj nuevo. Solo necesita un poco más de tu tiempo.

Pablo Córdoba.
 
 
P.D. Si quieres, puedo ayudarte a mejorar el diálogo en tu matrimonio y ayudarles a solucionar sus problemas. Pincha aquí y conoce mi Servicio de Consejería on-line.

 
 
 
 

 
 

LA VERDAD DEL MATRIMONIO, ALGO INEXPLICABLE

Lean hasta el final esta historia. Contiene un mensaje muy bello. Nunca pierdan la chispa que los unió ni pierdan esos pequeños detalles. Para todos los casados, solteros y próximos a casarse. Espero les agrade y lo tomen en cuenta

HISTORIA SOBRE DE UN MATRIMONIO

Cuando llegué a casa esa noche mientras mi esposa servía la cena, la tomé de la mano y le dije: tengo algo que decirte. Ella sólo se sentó a comer en silencio. Yo podía observar el dolor en sus ojos.
De pronto ya no sabía cómo abrir mi boca. Pero tenía que decirle lo que pensaba.

– Quiero el divorcio……le dije lo más suave que pude.
Mis palabras parecieron no molestarle. Al contrario, muy tranquilamente me preguntó:

– ¿Por qué?

Evité su pregunta con mi silencio, esto la hizo enfurecer. Tiró los utensilios y me gritó,

– ¡no pareces hombre!

Esa noche, ya no hablamos más. Ella lloraba en silencio. Yo sabía que quería saber qué le había pasado a nuestro matrimonio. Pero yo no hubiera podido darle una respuesta satisfactoria. Mi corazón ahora le pertenecía a Eloísa. Yo ya no la amaba, sólo me daba lástima.

Con un gran sentido de culpa, redacté un acuerdo de divorcio en el que le daba nuestra casa, nuestro auto y un 30% de las acciones de mi empresa.

Después de leerlo ella lo rompió en pedazos. La mujer que había estado tantos años de su vida conmigo ahora era una extraña. Me sentí mal por todo ese tiempo y energía que desperdició conmigo. Todo eso que yo nunca le podría reponer. Pero ahora ya no había marcha atrás, yo amaba a Eloísa.

Por fin mi esposa soltó el llanto frente a mí, eso era lo que yo esperaba desde el principio. Verla llorar me tranquilizaba un poco, ya que la idea del divorcio que me preocupaba tanto ahora era más clara que nunca.

Al día siguiente, llegué a casa muy tarde y ella estaba en la mesa escribiendo algo. Yo no había cenado, había pasado un día muy intenso con Eloísa y tenía más sueño que hambre y mejor me retiré a dormir.

Desperté en la madrugada, ella todavía estaba escribiendo. La verdad no me importó y sólo me acomodé de nuevo en cama y seguí durmiendo.

En la mañana me presentó sus condiciones para aceptar divorciarse: No quería nada de mí, pero necesitaba un mes antes de firmar el divorcio, me pidió que en ese mes tratáramos de vivir una vida lo más normal posible. Sus razones eran simples: nuestro hijo tenía unos exámenes muy importantes en este mes y no lo quería mortificar con la noticia del matrimonio frustrado de sus padres.

Esto era algo en lo que yo también estaba de acuerdo. Pero había más, me pidió que me acordara como la cargué el día de nuestra boda.
Quería que cada día de este mes, la cargara de nuestro cuarto hasta la puerta de la casa……. pensé que se estaba volviendo loca. Pero decidí aceptar este raro requisito con tal de que este mes pasara sin más peleas o malos momentos.

Le comenté a Eloísa de las condiciones que puso mi esposa… se rió bastante y pensó que era muy absurdo. Dijo en tono burlón: no importa los trucos que se invente, tiene que aceptar la realidad: que se van a divorciar.

Desde que le expresé mis intenciones de divorcio mi esposa y yo no teníamos ningún contacto íntimo. El primer día que la cargué se me hizo un poco difícil. Nuestro hijo nos vio y aplaudió de felicidad al vernos y dijo, papá me da gusto que quieras mucho a mi mama. Sus palabras me causaron un poco de dolor. Desde nuestra habitación hasta la puerta de enfrente caminé como diez metros con ella en mis brazos. Ella cerró sus ojos y me dijo al oído que no le dijera al niño del divorcio. Me sentí muy incómodo, la bajé y ella caminó a tomar el autobús para ir a trabajar. Yo manejé solo a mi trabajo.

El segundo día fue un poco más fácil. Ella se recargó ligeramente en mi pecho. Podía oler la fragancia de su blusa. Me di cuenta que desde hace tiempo no le había puesto mucha atención a esta mujer. Me di cuenta que ya no era tan joven, había un poco de arrugas en su cara, su pelo ya mostraba canas. Ése era el precio de nuestro matrimonio. Por un minuto me pregunté que si yo era el responsable de esto.

Al cuarto día, cuando la cargué sentí que regresaba un poco de intimidad. Esta era la mujer que me había dado diez años de su vida.
El quinto y sexto día, me di cuenta de que el sentimiento crecía otra vez. No le platiqué nada de esto a Eloísa. Conforme los días pasaban se me hacía más fácil cargarla. Quizás el ejercicio de hacerlo me estaba haciendo más fuerte.

Una mañana la vi que estaba buscando un vestido para ponerse, pero no encontraba nada que le quedara bien. Sólo suspiró y dijo, todos mis vestidos me quedan grandes. Es ahí donde me di cuenta que por eso se me hacía muy fácil cargarla. Estaba perdiendo mucho peso, estaba muy pero muy delgada.

De repente entendí la razón……estaba sumergida en tanto dolor y amargura en su corazón. Inconscientemente le toqué la frente.
Nuestro hijo entró en ese momento y dijo, Papa es tiempo de que cargues a mama. El ver a su papa cargar a su mamá todos los días se le había hecho costumbre. Mi esposa le dio un fuerte abrazo. Yo mejor miré hacia otro lado por temor a que esta conmovedora imagen me hiciera cambiar de planes. Entonces la cargué, y empecé a caminar hacia la puerta, su mano acarició mi cuello, y yo la apreté fuerte con mis brazos, justo como el día que nos casamos.

Pero su estado físico me causó tristeza. En el último día, cuando la cargué sentí que no me podía ni mover. Nuestro hijo ya se había ido a la escuela. La abracé fuerte y le dije, nunca me di cuenta que a nuestra vida le hacía falta algo así.

Me fui a trabajar…..salté fuera de mi auto sin poner llave a la puerta. Temía que en cualquier momento pudiera cambiar de opinión… subí las escaleras. Eloísa abrió la puerta y le dije

– Lo siento mucho pero ya no me voy a divorciar.

No podía creer lo que le estaba diciendo, hasta me tocó la frente y me pregunto si tenía fiebre. Quité su mano de mi frente y le dije de nuevo:

Lo siento Eloísa, ya no me voy a divorciar. Mi matrimonio era muy aburrido porque ni ella ni yo supimos apreciar los pequeños detalles de nuestras vidas. No porque ya no nos amaramos. Ahora me doy cuenta que cuando nos casamos y la cargué por primera vez esa responsabilidad es mía hasta que la muerte nos separe.

Eloísa en este momento salió del shock y me dio una fuerte bofetada, y llorando cerró su puerta. Corriendo bajé las escaleras y me fui de ahí.
Paré en una florería, ordené un bonito ramo para mi esposa. La chica me preguntó qué le ponía a la tarjeta. Sonreí y escribí, “Siempre te llevaré en mis brazos hasta que la muerte nos separe”

Esa noche cuando llegué a casa, con las flores en mis manos y una sonrisa en mi cara, subí a nuestro cuarto… sólo para encontrar a mi esposa en su cama… estaba muerta.

Los pequeños detalles es lo que de verdad importa en una relación. No la mansión, el carro, propiedades o dinero en el banco. Estos crean un falso sentido de felicidad que no lo es todo. Mejor encuentra tiempo para ser el amigo de tu esposo o esposa, y tómense todo el tiempo necesario con esos pequeños detalles que hacen la diferencia. Que tengan un feliz matrimonio.

No soy el autor de esta historia, solo la corté y la pegué para compartirla contigo. No creo que sea cierta, pero si me parece muy cierto lo que dice.

Pablo Códoba
Tu amigo escritor

 
Por: María José Mancino

(AA) El amor, específicamente el amor conyugal, está amenazado por todos los sectores de la sociedad, los medios de comunicación, los espacios socioculturales, las políticas de estado y finalmente por nosotros mismos.
 

 
A nivel psicológico-emocional, la cultura del narcisismo y el “ombligismo” intenta convencernos acerca de la comodidad de quedarnos en la frontera del yo y no mantener vínculos comprometidos y estables.
 
¿Fidelidad y compromiso con mucho humor y alegría?
 
El amor conyugal es justamente eso, la alegría de ser exclusivo, fiel y feliz. Esto requiere de una buena dosis de voluntad, compromiso y de pensar un poco más en esa persona que se supo elegir. La identidad de la persona, que ha comenzado valientemente el camino del amor, se fortalece, desarrolla y madura más.
 
El miedo a perder ese terrible perímetro de hedonismo, desaparece. Es aquí donde se gana la primera lucha: trascender los límites de uno mismo para ser originales y creativos. Pongamos al amor de moda, sin miedo y sin tapujos, atrévete a decir: “Sí quiero”.
 

Dra. María José Mancino

Medica Psiquiatra
Master en Psiconeuroinmunoendocrinologia
 
 

 
 
Es probable que ya estés CANSADO de tu matrimonio y de que tengas la clara sensación de que lo mejor es la SEPARACIÓN.

Tal vez ya te hayas imaginado una vida “libre y feliz” sin tu cónyuge y crees que tus hijos lo superarán sin que esto deje secuelas en sus vidas…

Podrás decirme que ya no sientes nada por tu esposo/a, que lo “quieres” pero que no lo “amas”; que entre ustedes, no solo que ya no hay pasión ni sentimientos; sino que la distancia ha maracado un abismo.

Cuando todo te hace pensar que no hay otra opoción. Yo te digo:¡NO TE SEPARES!

¡¡Hay una opción!! ¡¡Hay una salida!!

No importa las veces que lo hayas intentado o que alguna de las partes no esté dispuesta a dialogar, que ya estén separados o tengan el marcha el divorcio. ¡No importa!

¡¡¡NUNCA ES TARDE PARA RECUPERAR TU MATRIMONIO!!!

Hay dos maneras en las que yo te puedo ayudar a evitar la separación o a recuperar tu matrimonio si ya están separados o divorciados.

1. Si vives en la la Ciudad de Córdoba, Argentina, pincha aquí.

2. Si vives en cualquier otra cidudad del mundo, pincha aquí.

Infórmate, participa, aprende, descubre y antetodo NO PIERDAS LAS ESPERANZAS. Recuerda que para Dios no hay IMPOSIBLES.


Pablo Córdoba

 
 
 
 

Página 1 de 212
 

Copyright © 2011 Pablo Córdoba - All Rights Reserved

Entradas (RSS) y Comentarios (RSS)

Theme desarrollado por Manifesto para WordPress.org