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Pablo Córdoba, tu amigo escritor.
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Posts etiquetados con ‘reproducción artificial’

Son numerosas las consultas que recibo de personas que ante las dificultades para concebir un hijo, ven en la técnica in vitro una solución al problema.

Es por ello que subo esta informción que considero seria (según su fuente) y muy valiosa (por ser objetiva) y creo yo, muy ilustrativa a la hora de decir la verdad sobre un tema tan delicado.

Espero les ayude a tomar la decisión acertada,

Pablo Córdoba.
Tu amigo escritor

 
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El peligro de la fecundación in vitro

ROMA, domingo 6 de noviembre de 2011 (ZENIT.org). – A pesar de que cada vez más mujeres utilizan los tratamientos de fecundación in vitro, aumentan las evidencias que confirman las desventajas de su uso.

El médico canadiense John Barrett describía lo que denominaba una “epidemia de nacimientos múltiples, debidos en gran parte a la fecundación in vitro”, informaba el periódico National Post el 22 de septiembre.

“Lo que está haciendo la industria de la fecundación in vitro es crear una población de bebés enfermos… que está afectando a toda la sociedad”, afirmaba.

Según el artículo que citaba datos de Statistics Canada, el número de nacimientos múltiples en Canadá ha aumenta en un 45% hasta casi 12.000 al año en el periodo 1991 a 2008.

En otro artículo sobre la fecundación in vitro el 26 de septiembre, el National Post informaba de que se la ha vinculado a raros trastornos genéticos.

En una conferencia sobre fertilidad, la doctora Rosanna Weksberg decía que los bebés nacidos por fecundación in vitro tienen 10 veces más probabilidades de sufrir problemas genéticos. Aunque declaraba su apoyo a la utilización de la fecundación in vitro, Weksberg también decía que está viendo a muchos niños nacidos gracias a ella que sufren de raras enfermedades.

Añadía que hay evidencias de que los bebés nacidos por fecundación in vitro son más propensos a nacer con bajo peso.

La causa de este aumento del riesgo de problemas genéticos es desconocida, pero según Weksberg podría ser una combinación de los problemas de fertilidad de los padres y de los tratamientos de fertilidad mismos.

En los casos en los que se involucra a donantes externos, para los niños puede haber otros problemas debido a la falta de conocimiento de los problemas médicos de su padre biológico.

Enfermedad

En Australia, un canal de televisión hacía pública hace poco la historia de una mujer concebida con el semen de un donante, que ahora tiene cáncer de colon hereditario, algo que no viene de su madre.

Según un reportaje publicado el 5 de septiembre por el servicio British BioNews, la mujer no puede obtener información alguna sobre su padre, ni puede contactar con sus otros ocho medio hermanos, por el hecho de que en el momento de su concepción la identidad de los donantes se mantenía en secreto.

Algunos estados australianos han cambiado la ley que exige a los donantes que consientan que se divulgue información sobre ellos, pero el cambio no tiene carácter retroactivo.
 
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El 21 de julio la norteamericana ABC News informaba de un problema parecido. Rebecca Blackwell y su hijo de 15 años, Tyler, estaban intentando localizar al padre donante de semen y, aunque no ha respondido a sus solicitudes de información, la hermana de este hombre les comunicó que su hermano tenía una enfermedad hereditaria de la arteria aorta del corazón.

Descubrieron que Tyler había heredado esto, lo que podría matarlo sin previo aviso. Más tarde se sometió a una operación, pero será necesario que se someta a una vigilancia continua el resto de su vida.

El padre de Tyler donó su semen a tres clínicas, siendo padre de al menos 24 niños. No contó a ninguno de ellos sus problemas de salud, que también incluyen el síndrome de Marfan, una enfermedad de los tejidos.

Cuando el semen de un donante se utiliza con mucha frecuencia se presentan otras consecuencias negativas.
La preocupación es que alguno de los niños, al ignorar quién es su padre, puedan mantener una relación incestuosa.

El Sunday Times de 18 de septiembre informaba de que un donante de semen británico engendró hijos para 17 familias.

Las directrices oficiales ponen un límite de 10, pero la Human Fertility and Embryology Authority (HFEA) ha admitido que se ha sobrepasado en ocasiones. Además, tampoco saben cuántas veces se han roto las reglas.

“Existe el peligro real, en un país pequeño como el Reino Unido, de que los niños concebidos por un donante se encuentren sin saber que son medio hermanos”, afirmaba Josephine Quintavalle, de la organización Comment on Reproductive Ethics.

En Estados Unidos, que es mucho más grande que Inglaterra, es significativo el problema de los múltiples descendientes de un mismo donante.

Un caso llamativo era el publicado el 5 de septiembre por el New York Times, que contaba que un hombre había sido padre de hasta 150 hijos. Aunque este es un caso extremo, el artículo decía que hay muchos otros casos de donantes que han sido padres de 50 o más hijos.

“Tenemos más normas que entran en juego al comprar un coche usado que al comprar semen”, decía Debora L. Spar, autora de The Baby Business: How Money, Science and Politics Drive the Commerce of Conception (El negocio de los bebés: cómo el dinero, la ciencia y la política dirigen el negocio de la concepción).

Según el New York Times, no hay datos ciertos sobre cuántos niños han nacido utilizando semen de donantes. Se han hecho varias estimaciones que van desde los 30.000 a los 60.000.

Complicaciones

No sólo los bebés corren riesgo. Un análisis de los estudios existentes mostraba que las mujeres que se someten a fecundación in vitro tienen un riesgo mayor, en algunos casos de hasta un 40% más, de complicaciones graves durante el embarazo, informaba el 20 de octubre el periódico Telegraph de Londres.

Se cree que el proceso de desarrollo inicial del embrión fuera del cuerpo de la madre lleva posteriormente a un mal desarrollo de la placenta. Otra causa es que la mujer tiende a ser más mayor y a tener problemas de salud.

Algunos tratamientos de fecundación in vitro implican la donación de óvulos de otra mujer. El Sunday Times informaba el 23 de octubre de que se ha suscitado preocupación por el gran número de óvulos que se toman de algunas donantes, lo que las pone en peligro.

Además de problemas como cambios de humor, dolores de cabeza y cansancio, las hormonas inyectadas en las donantes pueden llevarles a una situación conocida como síndrome de hiperestimulación ovárica, que causa coágulos de sangre y daño renal e incluso en algunos casos la muerte.

Los datos del HFEA muestran que en un caso se tomaron hasta 85 óvulos de una sola donante. A otras se les había retirado de 50 a 70.

Esto se ha conocido en un momento en el que las autoridades de fertilidad han aumentado –de 250 libras a 750 libras (de 400 dólares a 1.200 dólares)- la cantidad que se puede pagar a una donante de óvulos, informaba el 20 de octubre el periódico Independent.

La medida se ha adoptado porque las clínicas sufren escasez de donantes. Esto se debe en parte al haber sido suprimido en 2005 el anonimato de la donante.

“Esta es una decisión desgraciada que pone en peligro la salud de mujeres jóvenes”, declaraba David King, director de la organización Human Genetics Alert. El pago de 750 libras es un gran incentivo para las estudiantes universitarias, que luchan por pagar sus estudios, decía.

Aparte de los riesgos para la salud, las clínicas a veces cometen errores, algo que, según un artículo del Daily Mail de 13 de agosto, va en aumento en Gran Bretaña.

Las cifras de la HFEA revelan que en 2010 hubo 564 errores graves o cuasi accidentes en la clínicas de Gran Bretaña. Es una cifra tres veces superior a la de 2007.

Los errores incluyen inyectar espermatozoides incorrectos en un óvulo, destruir embriones por accidente, e implantar en mujeres embriones incorrectos.

Sólo ha habido un ligero aumento en el número de tratamientos de fecundación in vitro en los últimos años, por lo que el notable aumento de errores no se debe a que haya habido un mayor número de casos.

Antes, en un artículo de 22 de julio, el Daily Mail informaba de que las clínicas desechan cientos de miles de embriones.

Según las cifras publicadas por el Departamento de Sanidad, por cada nacimiento con éxito por fecundación in vitro, se crean más de 30 embriones humanos.

La información revelaba que, desde 1991, para las técnicas de fecundación in vitro se han creado más de 3 millones de embriones, con menos de 100.000 nacimientos resultantes.

Según el Daily Mail cerca de 1,5 millones han sido desechados en el curso de los tratamientos y más de 100.000 fueron entregados para investigación en experimentos destructivos.

La oposición de la Iglesia católica a la utilización de la fecundación in vitro es bien conocida, pero no es necesario ser católico para abrigar preocupación por el inmenso coste humano que implican estos procedimientos.

Por el padre John Flynn, L.C.

 
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Tengo 9 años de casada, somos una pareja de 42 yo y mi esposo 44, teniamos varios años buscando BB, y pasamos por varios medicos, mi esposo 3 operaciones y yo problemas de hipoteroidismo y resistencia a la insulina, asi como 6 miomas en mi utero…

Ya para el año pasado habia conseguido el dinero atravez de una ayuda para el tratamiento de inseminacion y se cancelo en dicha clinida de fertilidad, pero cuando le hicieron un tefna a mi esposo para extraerle el esperma, solo habia 2 espermatozoide de los cuales estaban inmoviles y no permitia hacernos el tratamiento….

Q terrible momento vivimos de tension y nostalgia, todo eso paso en agosto, pero de nuevo mi esposo se dio otro chance y se opero de nuevo y mas tratamiento, resulta que estaba obstruidos sus conductos de una operacion de varicosele que ya habia tenido hace 4 años atras (q tal?)…

Bueno nos vino una esperanza, aunque yo estuve desanimada y nuestra relacion matrimonial critica… Ahora bien, tenia pensado tirar la toalla como quien dice… y para Noviembre un 24, en la plaza Bolivar me enconte con unas compañeras de trabajo y ella estaba embarazada y me pregunta que paso conmigo y que para cuando??…. y yo con aquel animo le dije .. nada amiga lo mio no es natural y necesitamos ayuda para proceder a la inseminacion.

Ella me dice, tranquila amiga TU CONOCES LA VIRGEN DE LA LECHE??? Y yo le dije NO AMIGA, Buena pidele a ella, busca la oracion en internet y ten fe.. Esa mismo dia 24 Nov al llegar a casa, me meto a Internet y ubique la informacion de LA VIRGEN DE LA LECHE, e imprimi mi oracion.



Para sorpresa me doy cuenta que su dia de beneracion son los 25 de cada mes,,,, bueno le he pedido con TANTA FE a ella y a su hijo amado jesus… Q en cuestion de un 30 dias, es decir para el mes de Diciembre YA ESTABA EMBARAZADA…claro que me di cuenta en Enero… jejjejjeje pues no lo podia creerrr MILAGROOO (del modo natural sin inseminacion)… con todos los problemas que genera los miomas en el utero, los problemas hormonales y los problemas de mi esposo…

DIOS UN MILAGRO DIVINO… gracias VIRGEN DE LA LECHE y NIÑO JESUS.. por este Milagro….. solo pido a DIOS, aunque me cuido mucho, mi embarazo llegue a Feliz Termino….. AMEN.. gracias… Espero que este Milagros los mantengan activos en la FE..>

 
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Fuente: www.catholic.net
Autor: Fernando Pascual

El médico explicaba a los esposos algunos detalles de la fecundación in vitro. Les decía que había que provocar a través de diversas hormonas la estimulación ovárica; que se extraerían varios óvulos; que luego se tomaría el semen del esposo obtenido a través de una masturbación; que luego se haría la fecundación in vitro de varios de esos óvulos…

Al llegar a este punto, quiso aclarar que los óvulos fecundados, eran, durante los primeros días, sólo un puñado de células. A ese “algo” muchos lo llaman con el nombre de “pre-embrión”, pues, dicen, todavía no sería ni embrión ni hijo.

De este modo, el médico intentaba tranquilizar a los esposos: no “fabricaba” hijos en el laboratorio, sino pre-embriones. Quizá uno o dos de ellos serían transferidos a las trompas de falopio de la mujer, otros serían congelados, otros morirían o serían destruidos por ser de “baja calidad”.

Lo que acabamos de presentar, si bien con algunas diferencias, ha ocurrido y es posible que ocurra más frecuentemente de lo que pensamos. Hay laboratorios que hablan de pre-embriones, y que explican que esos organismos pequeñísimos son simplemente un puñado de células que no merece ser valorado como si fuese un ser humano.
 
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La realidad, sin embargo, no corresponde a lo que se dice en esos laboratorios. Nos bastaría con recordar lo que nos dice las ciencias biológicas: cuando un espermatozoide penetra en un óvulo, se desencadena toda una serie de reacciones y procesos que son señal del inicio de una nueva vida.

Una vida que es distinta tanto de la madre como del padre. Una vida pequeña, sí, formada al inicio por una célula, luego por dos, luego por cuatro, etc.; pero vida con un sistema genético diferente, con una cierta autonomía, con una orientación hacia nuevas etapas de crecimiento.

Decir que “eso” sería simplemente un puñado de células es un error desde muchos puntos de vista. Pensemos, por ejemplo, en nuestros propios cuerpos. Podemos decir, con verdad, que estamos hechos de miles y miles de millones de células.

A la vez, sabemos que nuestra unidad es algo más que la suma de todas esas células. Lo mismo ocurre tras la concepción: estamos ante un ser que tiene muy pocas células (al inicio solamente una). Su unidad y su identidad, sin embargo, no depende del número de células, sino de algo distinto que explica cómo esas células se relacionan entre sí y se orientan hacia el desarrollo.

Es cierto, hay que recordarlo, que en los laboratorios es posible hacer cultivos de células humanas sin que tales cultivos sean un ser humano. En esos casos, sí estamos ante un “puñado de células”, que muestran tener funciones y reacciones vitales pero no son individuos humanos, por la sencilla razón de que ni se estructuran ni se orientan hacia las estructuras y hacia el crecimiento que son propios de un individuo autónomo.

En cambio, los mal llamados pre-embriones son seres humanos porque tienen las señales propias de cualquier organismo viviente unitario: un código genético, unas reacciones químicas muy concretas, un desarrollo ordenado y por etapas, una interacción con el medio externo que explicará si puede sobrevivir o si morirá en pocos días.

Hemos de tener valor y mirar a esos embriones de laboratorio como lo que son: hijos. Merecen todo el amor y el respeto de sus padres, de los médicos, de la sociedad. Han sufrido una primera injusticia al ser concebidos en una probeta, fuera del lugar natural que merecen y que sería, para ellos, más seguro: el seno de sus madres. Pero a esa injusticia no podemos añadirle una nueva, más grave todavía: negarles su condición humana y tratarlos como si fuesen “un puñado de células”.

Sólo si los miramos con honestidad, si les damos el nombre que merecen, seremos capaces de reconocer toda la serie de peligros y de amenazas a la vida que se producen desde el momento en el que se promueve la fecundación in vitro, una técnica llena de errores éticos y a la que no debería recurrir ninguna pareja de esposos.

Ante los problemas reales de la esterilidad, hay que promover con urgencia una cultura de la fecundidad que enseñe a conservar y vivir esta maravillosa dimensión del amor humano. Pero cuando sea imposible conseguir una concepción de modo natural, en el respeto que merece la vida del hijo y la dignidad de sus padres, entonces habría que descubrir nuevas dimensiones para la vida matrimonial, quizá a través de la adopción de algún niño abandonado o de otras formas de servicio a tantos miles de personas que desean un poco de cariño y de ayuda.

Ningún embrión puede ser visto simplemente como un “puñado de células”. Cuando abramos los ojos a esta verdad, habremos dado un paso serio para promover una cultura de la verdad, que es el camino mejor para respetar y, sobre todo, para amar, a cada uno de nuestros hijos.

 

P.D. Espero que esta nota explicatoria, ayude a comprender a muchos esposos que me consultan, en la mayoría de las veces muy dolidos, que es en realidad aquello a que se les ofrece como la solución a sus problemas. Lo hago respetando ante todo la decisión de los esposos y con el único objetivo de ayudar a encontrar la verdad. Fuente de alegría y de paz.

Pablo Córdoba.

 
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Querido amigo:

Son numerosas las consultas que recibo preguntándome por qué la Iglesia no aconseja a acudir a las técnicas de procración artificial. Muchas de ellas, de esposos realmente dolidos y en algunos casos ofendidos. Dolor al que no puedo permanecer ajeno o indiferente, ¡todo lo contrario!

Dolor, que me ha llevado a buscar respuesta y en este caso el asesoramiento de una experta en cuestiones de bioética, ha quien aprecio y agradezco su colaboración.

Sin ánimo de juzgar ni condenar el comportamiento y respetando plenamente la libertad de quienes hayan optado o piensan acudir a ellas, pongo a consideración de todos, la respuesta de la especialista.

Autor: Dra Pilar Calva
Fuente: www.Catholicnet

Con gusto le oriento en este y otros temas de bioética.

La Iglesia Católica reconoce el sufrimiento para unos esposos que no pueden tener hijos. Pero también es consciente que el matrimonio nos confiere el derecho a usar el acto natural (relación sexual conyugal) del cual se puede derivar el don de la vida.

El poder ser padres es un don más no un derecho ya que si así fuera un hijo sería un medio y no un fin en sí mismo. Los esposos somos cocreadores con Dios, participamos con el aspecto biológico, el genoma que cada uno aporta a partir del cual se forma el cuerpo pero Dios participa infundiendo el alma.

Es correcto en los tratamientos de infertilidad todo aquello que asista el proceso natural de la fecundación pero que no supla la donación esponsal por un acto técnicodel cual derive la vida.

Por ejemplo es éticamente correcto que a una mujer que NO ovula se le de tratamiento para que ovule pues la función natural de los ovarios es producir óvulos, o que hagan una cirugía de trompas para quitar las adherencias que tapan la trompa pues lo natural es que las trompas estén permeables para permitir el paso de espermatozoides y del óvulo.

Como en todo acto humano, es necesario analizar su fin o intención y los medios que se utilicen para llegar a él. No basta que la intención de los esposos de tener un hijo sea legítima, sino que también los medios han de ser lícitos. La concepción es lícita cuando es el resultado del acto conyugal al que se ordena el matrimonio por su propia naturaleza.

La inseminación artificial consiste en:

Primer paso, es importante analizar, desde un punto de vista ético, la forma de obtener el semen y su procedencia. Todas las formas al margen de la relación sexual serían medios ilícitos pues no se está respetando la naturaleza del acto sexual; en estos casos el semen se obtiene a través de maniobras ajenas a la donación personal de los esposos, aunque el fin sea ayudar a que se logre el embarazo.

Las técnicas de obtención del semen mediante un acto extraconyugal como la masturbación son contra natura, por tanto es un acto intrínsecamente desordenado.

Una vez obtenido el semen se capacita en el laboratorio y se introduce al cuerpo de la mujer mediante una jeringa. Inseminar a una mujer no es correcto pues la entrada de los espermatozoides es mediante un acto técnico como en el ganado.

Sobre la fertilización in vitro:

La creación de una persona no puede ser nunca reducida un acto técnico como es el caso de las técnicas de reproducción artificial entre ellas la inseminación artificial y la fertilización in vitro.

Un hijo siempre es un don y nunca un derecho, pues lo estaríamos rebajando objeto. Por lo tanto no se puede fabricar como si fuera una cosa. Esta es la razón por lo cual la fertilización invitro es INCORRECTA.

Además de esta razón de fondo te puedo decir que aunque sólo capturara y fecundara un sólo óvulo, la eficacia de estas técnicas es de 25% cuando se transfieren tres pequeños embriones (llamados óvulos fecundados o preembriones); quiere decir que por estadística morirán 11 hijos para que se logre uno!!

 

Saludos.
Dra Pilar Calva
Consultara para temas de Bioética – Catholic.net

Autor: Néstor Martínez
Fuente: www.catholic.net

En Uruguay, desgraciadamente, la Cámara de Senadores ha aprobado una ley que permite congelar embriones humanos para tenerlos disponibles para implantarlos en mujeres que por diversas razones no puedan dar a luz.Se puede también utilizar un óvulo de la mujer para fecundarlo extrauterinamente, con semen del esposo o de otro donante, y luego implantarlo en el útero. Asimismo, permite que obtenga semen de un varón, sea o no el esposo de la mujer en cuestión, para inyectarlo con medios técnicos en la vagina de la mujer y así lograr la concepción en casos de imposibilidad natural de la pareja.
El argumento es: poner los medios técnicos disponibles al servicio de las parejas que no pueden tener hijos.

Como es sabido, la Iglesia rechaza estos procedimientos y los declara moralmente ilícitos. Véase por ejemplo los pasajes correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica:

2275 Se deben considerar ‘lícitas las intervenciones sobre el embrión humano, siempre que respeten la vida y la integridad del embrión, que no lo expongan a riesgos desproporcionados, que tengan como fin su curación, la mejora de sus condiciones de salud o su supervivencia individual’ (CDF, instr. “Donum vitae” 1, 3).

‘Es inmoral producir embriones humanos destinados a ser explotados como «material biológico» disponible’ (CDF, instr. “Donum vitae” 1, 5).

En efecto, se parte aquí de que el embrión es, desde la concepción, un ser humano. Todo lo que le sucede después de la concepción no son más que transformaciones accidentales de algo que ya existe. Así como nadie pasa de no – hombre a hombre por el hecho de engordar, o de envejecer, o de aprender matemáticas, así tampoco nadie puede pasar de no – hombre a hombre por el hecho de irse desarrollando físicamente.

Es así que el fruto de la concepción es claramente “hombre” en el momento de nacer, y sin duda, mucho antes de ese momento. Luego, lo es desde la concepción. Ahora bien, al ser humano inocente no se lo puede matar, usar, mutilar, vender, comprar, guardar, manipular, etc., ni siquiera para un “buen fin”.

Pero el “almacenar embriones” congelados para su posterior uso (implantación) con fines reproductivos implica:

1) quitar al ser humano ya concebido de su ambiente natural que es el seno materno y convertirlo así en objeto de manipulación.

2) arriesgar la muerte de ese ser humano ya concebido sin causa justificatoria, puesto que no está enfermo ni se trata de hacer algo para procurar su salud.

3) prever de antemano la posible destrucción de los embriones “sobrantes”, lo que por lo arriba dicho constituye un homicidio. Más que “posible”, agreguemos, en realidad en estas técnicas se da por descontado que será necesario “gastar” una buena cantidad de “material” antes de obtener con éxito la fecundación. O sea, matar a muchos para que pueda nacer uno.

Continúa el Catecismo:

2373 La Sagrada Escritura y la práctica tradicional de la Iglesia ven en las familias numerosas como un signo de la bendición divina y de la generosidad de los padres (cf GS 50, 2).

2374 Grande es el sufrimiento de los esposos que se descubren estériles. Abraham pregunta a Dios: ‘¿Qué me vas a dar, si me voy sin hijos…?’ (Gn 15, 2). Y Raquel dice a su marido Jacob: ‘Dame hijos, o si no me muero’ (Gn 30, 1).

2375 Las investigaciones que intentan reducir la esterilidad humana deben alentarse, a condición de que se pongan ‘al servicio de la persona humana, de sus derechos inalienables, de su bien verdadero e integral, según el plan y la voluntad de Dios’ (CDF, instr. “Donum vitae” intr. 2).

2376 Las técnicas que provocan una disociación de la paternidad por intervención de una persona extraña a los cónyuges (donación del esperma o del óvulo, préstamo de útero) son gravemente deshonestas. Estas técnicas (inseminación y fecundación artificiales heterólogas) lesionan el derecho del niño a nacer de un padre y una madre conocidos de él y ligados entre sí por el matrimonio. Quebrantan ‘su derecho a llegar a ser padre y madre exclusivamente el uno a través del otro’ (CDF, instr. “Donum vitae” 2, 4).

Aunque no medie la producción ni congelación ni utilización de embriones, por tanto, la fecundación artificial es inmoral, entonces, en la medida en que posibilita que el hijo de una pareja sea en realidad hijo de otra persona que no está unida en matrimonio con la madre o el padre de la criatura. Es decir, en el caso de una mujer que recurre al semen de otro hombre que no es su esposo, o de un hombre que “alquila” el vientre de otra mujer que no es su esposa.

Se puede objetar que en la adopción el hijo que el matrimonio adquiere no es tampoco hijo de ninguno de los dos. Pero precisamente, en la adopción no interviene para nada el potencial generador de ninguno de los esposos adoptantes. Se trata de algo totalmente distinto. En la fecundación artificial, por el contrario, se hace intervenir a un tercero en la actividad generativa misma de por lo menos uno de los cónyuges, cuando la esencia del matrimonio es el exclusivo derecho de cada cónyuge al poder generativo del otro.

Y ese derecho no es un derecho al que se pueda renunciar. De lo contrario, un cónyuge podría autorizar al otro a tener relaciones con un tercero, y ya no sería adulterio, lo cual obviamente no es el caso.

Los derechos del hijo

El hijo, por su parte, tiene derecho a nacer de un padre y una madre conocidos y unidos en matrimonio. En efecto, si sólo el matrimonio es la forma lícita de la reproducción humana, es lógico que el ser humano tenga derecho a venir al mundo de un modo moralmente lícito, en el cual además pueda llamar con propiedad “padre” y “madre” a los que hacen las veces de tales. Se puede objetar aquí que el que todavía no existe no puede ser sujeto de derecho.

Pero con esa mentalidad buena parte de la argumentación y la tarea ecológicas, por ejemplo, se vendría abajo. ¿No tenemos entonces una responsabilidad para con las generaciones futuras, que han de utilizar los menguados recursos naturales que les estamos dejando? En efecto, todavía no existen. Sin embargo, ¿cómo podemos tener deberes para con ellos, si ellos a su vez no tienen, ya ahora, derechos ante nosotros?

¿Quiere esto decir, entonces, que la fecundación artificial es legítima si los únicos que intervienen en el asunto son los mismos cónyuges?

Dice el Catecismo:

2377 Practicadas dentro de la pareja, estas técnicas [inseminación y fecundación artificiales homólogas] son quizá menos perjudiciales, pero no dejan de ser moralmente reprobables. Disocian el acto sexual del acto procreador. El acto fundador de la existencia del hijo ya no es un acto por el que dos personas se dan una a otra, sino que ‘confía la vida y la identidad del embrión al poder de los médicos y de los biólogos, e instaura un dominio de la técnica sobre el origen y sobre el destino de la persona humana. Una tal relación de dominio es en sí contraria a la dignidad e igualdad que debe ser común a padres e hijos’ (cf CDF, instr. “Donum vitae” 82). ‘La procreación queda privada de su perfección propia, desde el punto de vista moral, cuando no es querida como el fruto del acto conyugal, es decir, del gesto específico de la unión de los esposos… solamente el respeto de la conexión existente entre los significados del acto conyugal y el respeto de la unidad del ser humano, consiente una procreación conforme con la dignidad de la persona’ (CDF, instr. “Donum vitae” 2, 4).

Incluso cuando se trata de dos personas unidas en matrimonio, no cualquier medio es válido para traer un hijo al mundo. Se debe hacer del modo natural, no porque no hay más remedio, sino porque ése es el modo intrínsecamente bueno, querido por Dios, Creador de la naturaleza humana. Es decir, el acto sexual de los esposos no puede separarse de la dimensión personal y espiritual de los mismos. No es un simple medio extrínseco para traer un hijo al mundo, que puede suplantarse por otro si resulta que no funciona. Eso sería en el fondo una visión equivocadamente espiritualista, dualista, de la relación entre el ser humano y su propio cuerpo. No es casualidad que el ser humano venga a la existencia de la relación de amor, físico y espiritual, entre un hombre y una mujer. No es un subproducto accidental. Es la finalidad misma a la que se ordena dicho acto. Sólo ese origen interpersonal, y a la vez físico y espiritual, es acorde con la dignidad del ser humano, que es persona humana, cuerpo y espíritu.

Continúa el Catecismo:

2378 El hijo no es un derecho sino un don. El ‘don más excelente del matrimonio’ es una persona humana. El hijo no puede ser considerado como un objeto de propiedad, a lo que conduciría el reconocimiento de un pretendido ‘derecho al hijo’. A este respecto, sólo el hijo posee verdaderos derechos: el de ‘ser el fruto del acto específico del amor conyugal de sus padres, y tiene también el derecho a ser respetado como persona desde el momento de su concepción’ (CDF, instr. “Donum vitae” 2, 8).

2379 El Evangelio enseña que la esterilidad física no es un mal absoluto. Los esposos que, tras haber agotado los recursos legítimos de la medicina, sufren por la esterilidad, deben asociarse a la Cruz del Señor, fuente de toda fecundidad espiritual. Pueden manifestar su generosidad adoptando niños abandonados o realizando servicios abnegados en beneficio del prójimo.

Es importante subrayar esta última parte. ¡Cuántos niños y niñas crecen en internados y asilos por falta de padres adoptivos, mientras se gastan sumas cuantiosas en investigación y tratamientos que van contra la dignidad de la persona humana para dar hijos a las parejas que no pueden tenerlos!

Muy bien, se dirá, así será para los católicos, pero ellos no pueden pretender que su fe sea la norma para legislar en una sociedad pluralista.

Conclusiones

Ante todo, las cosas no son “para alguien”: son, o no son, en la realidad. Si son, son para todos, si no son, no son para ninguno. Cuando se va a practicar el aborto, por ejemplo, sobre un ser humano ya concebido, no se va a quitar la vida a una opinión, que para unos es una cosa y para otros otra, sino a un ser humano que existe en sí mismo y es en sí mismo lo que es, independientemente de lo que opine o deje de opinar el que le va a quitar la vida.

En segundo lugar, los católicos somos ciudadanos, como tales, tenemos derecho a participar en la forja de las leyes que nos rigen, y a hacerlo, obviamente, basados en lo que consideramos verdadero y bueno, no en lo que consideramos falso y malo. Por lo que entiendo, es lo que hacemos todos los uruguayos, católicos, protestantes, judíos, ateos, agnósticos, etc.

En tercer lugar, las verdades a que hace referencia aquí el Catecismo no son verdades de sola fe, como el dogma de la Santísima Trinidad, sino verdades que pueden ser alcanzadas por la sola razón natural y que por tanto pueden ser apreciadas como tales, en principio, por cualquier ser humano dotado de uso de razón.

Pero, y finalmente: si la ley humana es contraria a la ley de Dios, ya ni siquiera es ley. En esto podemos apoyarnos en la “Antígona” de Sófocles, donde ya se reconoce que la ley humana recibe su validez de la ley natural, a la cual no puede por tanto contrariar. Eso quiere decir, concretamente, que para un católico ( y como acabamos de decir, para cualquier ser humano que se guíe por la recta razón) la fecundación artificial no es más lícita ni menos ilícita el día después de ser aprobada por el Parlamento, que el día anterior.

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